Más intento de intimidación y deslegitimación de la FANB

De la Casa Blanca a Perú: datos sobre la gira de Julio Borges

Julio Borges culminó una gira en la que se paseó por los pasillos de Washington, allí donde los lobbies y el poder gringo deciden políticas institucionales para los Estados Unidos y el mundo. Incluso llegó a reunirse con el asesor de seguridad nacional del presidente Donald Trump, H.R. McMaster, comentado por Misión Verdad.

Antes de regresar a Venezuela, tuvo un breve paso por Perú para reunirse con los máximos representantes del congreso peruano y el presidente Pedro Pablo Kuczynski (PPK). En ese país el dirigente de Primero Justicia (PJ) declaró que en Venezuela no existe democracia, ensanchando la misma narrativa que, aplicada en otros escenarios globales (Siria, Libia, Ucrania, etc.), posibilite una intervención contra Venezuela.

Todo en vías de coordinar una alineación de países para intentar cercar a Venezuela diplomáticamente, en la que Perú toma un protagonismo creciente desde la asunción de Kuczynski a la presidencia de ese país. El paso anterior de visitar EEUU era clave en este sentido.

Nuevo llamado a la FANB

Posterior a esta visita, el domingo 14 de mayo, Julio Borges declaró que el presidente venezolano Nicolás Maduro socava la institucionalidad militar, en un llamado a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) a plegarse a la agenda de la MUD. Al parecer esa fue la línea política negociada tras su última gira. 

Puntualizó varias cuestiones con respecto a la FANB, que parecen constituir la nueva línea de la oposición para convocar a militares a la agenda golpista que intenta llevar a cabo, a pesar de que lo niegue rotundamente.

Afirmó que el uso de "colectivos paramilitares", tribunales militares para juzgar a civiles (que han cometido delitos militares, cosa que omite el de PJ) y la orden de "reprimir" a los grupos violentos de oposición forman parte de la "destrucción institucional de la Fuerza Armada". Además llamó a Vladimir Padrino López, ministro del Poder Popular para la Defensa, "para que abra las puertas a un debate sincero en la Fuerza Armada".

Este discurso de demonizar a la FANB por un lado y llamar a una especie de diálogo con militares en el otro para, así, convocar a un golpe de Estado es nuevo en el contexto en que ocurren estas declaraciones de Borges, luego de pasar por el país que financia la violencia desde el exterior, y después de visitar Perú, cuyo presidente es el nuevo lugarteniente del Comando Sur, cuadro gerencial relacionado con Exxon Mobil (petrolera protagonista de agudizar el conflicto territorial entre Venezuela y Guyana) y principal portavoz del antichavismo regional desde 2016.

PPK el pasado 7 de mayo conversó vía telefónica con el presidente Trump para "hacer frente" a la situación de Venezuela, recalcando que el gobierno peruano sería un aliado sustancial en esta estrategia. Cuatro días antes, un nuevo proyecto de sanciones abanderado por John McCain y Marco Rubio, se presentaba ante el Senado de EEUU para ampliar la presión económica y política sobre el país. Las coordenadas de esta maniobra internacional que tiene en la visita de Borges un punto de cierre, apuntan como eje al país más subordinado (en lo militar y económico) del continente, colocándolo como ariete para distintos objetivos.

Perú como uno de los frentes militares de EEUU

Varios datos clarifican por qué Perú y no otro país del sur viene a cumplir un papel fundamental en el marco de estas maniobras antes mencionadas.

Perú vino a suplantar el papel de la desmantelada base militar en Manta, Ecuador, como corazón militar de EEUU en la región latinoamericana. En esta nación se encuentran instaladas nueve bases militares estadounidenses, a las cuales se une una nueva en construcción. Es la mayor cantidad de bases en cualquier país latinoamericano.

Según reportes de 2015, Perú tenía un contingente de 125 militares estadounidenses. Ese mismo año, 3 mil 200 soldados de EEUU arribaron al país para supuestamente combatir grupos terroristas y el narcotráfico.

El contingente militar estadounidense instalado en Perú está autorizado tanto por el congreso peruano como por la presidencia de realizar maniobras en conjunto, con una profundización de las relaciones bajo las órdenes (gringas) del Comando de Inteligencia y Operaciones Especiales Conjuntas y del Comando Especial del Valle de los ríos Apurímac, Ene y Mantaro en este 2017.

Documentos confirman que el papel del Comando Sur en Perú tiene que ver con la influencia militar de EEUU en la región. Es una estrategia que busca expandirse militarmente tomando a ese país de punta de lanza, con el provecho de la ubicación geográfica y los actores que manejan la política de Perú alineados totalmente a la égida estadounidense.

Kurt Tidd, actual jefe del Comando Sur, por otro lado afirmó en abril que sobre Venezuela "podría exigir una respuesta regional", por lo que la agenda de ambos países coluden en un mismo sentido con respecto a nuestro país.

Cabe acotar que EEUU ha realizado junto con el ejército peruano diversos ejercicios militares desde 2009, con un portaaviones nuclear incluido en 2015 en el mismo momento en que declara a Venezuela como "una amenaza inusual y extraordinaria" para su "seguridad nacional".

¿Por qué es importante recalcar la inserción militar estadounidense en Perú?

Julio Borges, luego de reunirse con McMaster -quien es conocido por ser un conocedor de tácticas y estrategias para fabricar una guerra-, dio pasos en la coordinación  del cerco diplomático con las máximas autoridades políticas de Perú para después hablar en Venezuela bajo una línea discursiva de intimidación y degradación moral de los militares venezolanos en favor de la agenda golpista que encarna el dirigente de PJ.

Con ello viene un desconocimiento de la institución castrense venezolana que sugiere la intención -bajo esa presión psicológica- de tutelarla o en su curso intimidarla desde el extranjero con base a lo planteado por el Comando Sur. Tanto Julio Borges, como el Senado de EEUU, el Comando Sur y la última conversación entre PPK y Donald Trump, convergen en un criterio unificado de que Venezuela debe permitir un "canal humanitario" para vulnerar su soberanía. 

Este agresivo tono de Julio Borges debe ser entendido en el marco de una narrativa que intenta dibujar a Venezuela como un "Estado fallido", el cual se daría sensiblemente a partir de una supusta Fuerza Armada que actúa fuera de la ley y comete crímienes contra la población civil. Este argumento (adaptado a cada escenario y a sus condiciones propias), en términos generales ha sido utilizado para agredir (por la vía financiera, diplomática y hasta militar) a otros países asediados por EEUU. Es el piso de toda operación de intervención humanitaria o, en una fase menos grave, de los amagues para condicionar la postural del gobierno que es víctima. 

Todo ello con un dato que no resulta menor ante las palabras de Julio Borges: EEUU celebrará un ejercicio militar en noviembre de este año en la triple frontera de Brasil, Colombia y Perú. Tres países tutelados por EEUU cuyos mandatarios han declarado que en Venezuela debe haber un "cambio de régimen". Dos de ellos comparten fronteras con el territorio venezolano.

Este frente militar de EEUU, con Julio Borges de principal legitimador, busca afianzarse en la región mientras sigue hilando las acciones de intervención contra Venezuela. Nada más en este año el Gobierno de Donald Trump ha ejercido más de 105 acciones y declaraciones hostiles en vía de intentar torcer el brazo al país. El tono en el lenguaje del dirigente de PJ después de la gira sugiere la ruta a tomar y enaltece a los actores internacionales que habrán de activarse tras la necesidad de agudizar el cuadro de asedio contra el país, con base en el pretexto de la "ayuda humanitaria" como maniobra militar preventiva ya planteada desde hace años por el Comando Sur como posibilidad real de intervención en Venezuela. 

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