Perdón por esta tristeza

En una oportunidad posterior pero casi inmediata al Referéndum Revocatorio de 2004, en un acto realizado en el Poliedro de Caracas, Hugo me preguntó, en presencia de Aristóbulo, Alí Rodríguez y unos dirigentes del PPT que recordar no quiero, sobre ciertos detalles de la primera vez que hablamos con Alfredo Maneiro en Maracay. Le dije lo que él precisaba, con cierta prisa y esquivándolo, tratando de no hacerlo tan cerca de su cara, como acostumbraba él con sus amigos. La razón era que yo andaba ese día "oloroso" a caña y el tufito ya había sido percibido por el Negro Aristóbulo y otros compañeros.

"Coño, me jodí", le dije a una de las Medina, hermana de Pablo, que estaba a mi lado, cuando lo vi caminando hacia mí con su rostro sonriente y su aguda mirada clavada en mi rostro con cierta picardía. Eran las 11 de la mañana de un martes de octubre. Sabía por Adán que a Hugo no le gustaba eso de sentir el tufo a aguardiente de sus colaboradores, ministros. Y aunque yo era su amigo, su hermano, y muchas veces bebimos caña juntos y comimos chicharrón en las carreteras llaneras, esa vez sentí un pudor frente al Comandante, al Presidente, al jefe, al líder.

Tres horas después, al terminar el acto, en el mismo lugar y con la misma gente, pero rodeados de la seguridad de Casa Militar y con mi tufo todavía vivo pero disminuido, y él hablando sobre la estrategia de la batalla de Santa Inés, me lanzó una recta inesperada:

- "¿Y qué te pareció la vaina de Florentino y el Diablo?"
Yo, esta vez orgulloso de mi tufo y de él, le dije:

- "¡Hasta Ramos Allup y los adecos deben estar agradecidos de que los pusiste a leer a Alberto Arvelo Torrealba!"

Hoy, diez años y tanto después de ese suceso tan extraordinario que fue el Referéndum Revocatorio, pienso que si Hugo se hubiera formado en las fuentes del marxismo leninismo y en vez de ese referente tan nuestro que representa el duelo entre el Bien y el Mal, expresado en Florentino y el Diablo, hubiera apelado a Lenin, a Rosa Luxemburgo, a Trotsky o a Marx, la oposición nos habría derrotado.

Todavía para entonces no se había declarado marxista ni cristiano: lo que ideó fue una jugada maestra: Santa Inés, la batalla, Zamora, el Corrío, Alberto Arvelo Torrealba.

La noche que anunció el "Nos vemos en Santa Inés", la depresión colectiva se transformó en fuerza y en votos: ¡Casi el 60%!

¡Cómo te extrañamos!

 

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