El amor a Chávez versus lo más enfermo del fascismo

Desde hoy, lo más enfermo del fascismo venezolano nos insultará como sociedad, como pueblo y como corriente histórica. En realidad esa pretendida vejación no ha parado desde que el comandante Hugo Chávez anunció que estaba afectado por una enfermedad mortal. Pero en las fechas cercanas, anteriores y posteriores al 5 de marzo, la proliferación de chistes, insultos y ataques contra el chavismo y los chavistas alcanza picos insólitos de putrefacción.
 
Cuando ese acto de escupir sobre el cadáver y sobre la memoria del querido camarada Hugo Chávez es estimulado desde un grupo político, como propaganda conciente de lo que se está buscando (una confrontación irracional donde impere el descuartizamiento callejero) la enfermedad deja de ser un episodio individual y pasa a convertirse en tendencia, corriente; es el impulso criminal elevado a la categoría de propuesta política. El odio personal es el germen; la movilización masiva de ese odio se llama fascismo.
 
Natural y lamentablemente, nos estamos acostumbrando a "eso". Lo cual significa que pudiéramos estarnos acostumbrando también al objetivo último de los promotores de ese odio: los que quieren una matanza probablemente terminarán lamentando que esa matanza los alcance. La tarea de quienes militamos en el profundo amor a Chávez es evitar que ese sueño grotesco de la secta proempresarial se produzca. Y lo intentaremos hasta que la marejada de la historia del pueblo decida otra cosa.
 
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Insultar a alguien que murió es algo más degradante y revelador de profundas neurosis que el mismo acto de matar. Cuando usted insulta la memoria de alguien adorado por millones de personas, con el solo fin de herir o mancillar, no está disminuyendo al insultado: se está insultando usted. Porque su desnudamiento como sujeto perverso hasta la enfermedad lo está dejando en evidencia. Usted le está diciendo al mundo (porque este es el tiempo de la proyección de la palabra y el sentir desde su deteriorada psique hacia todas partes, vía redes sociales) la clase de infección masiva que lo carcome por dentro.
 
Esto, en lo que respecta a las actitudes individuales y más o menos anónimas, esas que así se difundan por internet aceptan y promueven la máscara del anonimato. Pero, hay que insistir, cuando un partido o tendencia política toma la bandera del insulto y la burla al caído y la convierte en proclama permanente ya no se trata de una dolencia individual sino de una posición colectiva ante la historia. Cuando los propagandistas de Capriles acuñaron el término "enchufados" hicieron referencia al estado en que se encontraba el paciente Chávez sus últimas semanas de vida, cuando según el imaginario antichavista fue "desenchufado" de los aparatos. "Desenchúfalos", fue el lema original; lo de enchufados vino por asociación posterior.
 
Del lado de acá, aquel 5 de marzo y días posteriores nos dedicamos a expresar nuestro dolor como sabemos hacerlo los venezolanos humildes, en un sepelio que parecía una fiesta popular. Porque hay un punto del amor humano en que la lágrima se confunde con la risa y la hermandad. El camarada comandante Hugo Chávez fue despedido también con alegría porque, como en todas las familias, la muerte del que nos unió sirvió para aglutinarnos todavía más.
 
A continuación, cortos videos y varias fotografías inéditas de aquel 6 de marzo, cuando Chávez fue llevado por el pueblo a la Academia Militar.
 

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