"Seguiré haciendo tortas para celebrar el cumpleaños del Comandante"

El 60 cumpleaños en el Cuartel de la Montaña: crónica instantánea

Eran casi las 9 de la mañana y el sol ardiente nos recibía en las adyacencias del Cuartel de la Montaña. Subiendo por la entrada nos encontramos con paso firme y alegre a Grecia Romero, militante bolivariana con una torta entre ambas manos decorada con una foto del cumpleañero. Vive actualmente en El Junquito y tiene cinco años preparando tortas los 28 de julio.

Dadas las actividades del Presidente, Grecia nunca pudo darle a probar el dulce oriundo de sus manos. Sin que esto la detuviera, ha llevado rutinariamente la ofrenda al Cuartel para que los soldados, esos mismos que se joden trabajando como lo dijo ella mientras palpitaba acelerada su respiración por lo inclinada de la subida, le entromparan a la elaboración dulcera: "Hasta que Dios me de vida y salud seguiré haciendo tortas para celebrar el cumpleaños del Comandante".

Al llegar a la cola, los recuerdos y la echadera de vaina de la gente hacían digerible lo extenso de la fila. Hombres y mujeres que venían de Mérida, Barinas, Trujillo rememoraban la cara del Nosotros Presidente con chistes que homenajean la actitud sincera del cumpleañero: "Una vez le dijeron que se quitara la verruga, pero nada que ver, natural como él era es mejor", exclamó Feliciano. Más adelante repicaba alegre una doña burlándose de la oposición que intentó a como diera lugar imitar a Chávez, "pero nada que ver, único en la historia".

Hasta que Dios me de vida y salud seguiré haciendo tortas para celebrar el cumpleaños del Comandante

Luego del recibimiento que hiciera el oficial Castro de la Milicia, el cambote cimarrón se posó en las inmediaciones del cañón que aturde el cielo cada día. Sandra Luque, acompañada de su chamito, afirmaba, mientras continuaba el recorrido, que la celebración es fundamental para mantener el legado del Comandante: vive en Catia, se despertó bien temprano, vistió a su chamito y salió a rendirle homenaje a aquél "que como nadie quiso al pueblo y tanto amor con amor se paga", dijo.

Ya adentrados en la Plaza del Cuartel podían observarse actividades recreativas para los chamitos. Los guías portaban trompos, gurrufíos y cuerdas para brincar. Oswaldo, señor ejerciciendo su derecho a un espíritu infantil, esos que nunca envejecen por más que pasen las décadas, rescató un trompo para nunca más soltarlo: los niños, atrapados por la habilidad del viajero guanareño, replicaban la vuelta que el compadre realizaba con suma facilidad.

Oswaldo se encargó, hasta el momento de nuestra partida, de rememorar al Comandante estilo llanero: echando cuentos, riéndose que jode y enseñando juegos tradicionales. Los mismos juegos del cumpleañero durante su niñez en las sabanas del campo barinés. Los guías, por su lado, volvieron a su actividad originaria: estar pendientes del agua para sobrellevar la sed que potenciaba el sol centelleante del mediodía.

Cada casa puso un huevo, una harina, un azúcar, esfuerzo de todas y todos para honrar la celebración de sus 60 años

El canto pa'l cumpleañero comenzaba a agarrar forma a lo largo de la mañana. Alrededor de la torta de Grecia Romero se aglomeraron los viejitos, mujeres, niños y no quedó otra que entre todos juntos comenzarle a cantar al compadre en su día. Cumpleaños acompañado con unas maracas hechas a mano por las mujeres de la Mesa de Guanipa, del estado Anzoátegui: "Estas maracas están hechas con retamas del estado Amazonas, bendecidas por los chamanes de oriente para darle buenas energías al hijo de Chávez, que con toda esta conspiración ha aguantado como todo un varón".

Gente de todos lados seguía entrando al Cuartel. Salimos brevemente a buscar unos pastelitos cerca de la parada de las camioneticas y vimos una torta colosal, no en tamaño, sino en el esfuerzo que el gentío le imprimió a esa ofrenda para el cumpleañero. La elaboración estuvo a cargo de las mujeres organizadas del municipio Zamora, estado Miranda. "Cada casa puso un huevo, una harina, un azúcar, esfuerzo de todas y todos para honrar la celebración de sus 60 años". La torta estaba decorada con fotos del compadre y consignas que evocan el legado de lucha y resistencia que se celebraba en aquella tarde ardiente.

Volvimos a ingresar y Laura atrapó nuestra atención con una cartelera ambulante hecha de anime. Contenía fotos de su chamita recibiendo besos del Comandante. Sin darnos chance de preguntar comenzó a echar el cuento, ofrenda verbal pa'l cumpleañero. "Yo lo conocí en Yare porque uno de mis hijos estaba preso ahí. Su mirada me parecía penetrante y directa, lo cual daba un poco de miedo, pero con el tiempo terminó ganando la ternura de aquel hombre. Recuerdo que en el 2002, yo preñada de siete meses con aquel barrigón, me llegué para el Palacio, a reclamar al tipo que nos había liberado. Fue el Presidente de todos nosotros los pobres, y si murió por esta Revolución lo menos que podemos hacer por él es poner la vida para defenderla". Nos dejó el pelero luego de la fotografía, adentrándose en los cánticos abundantes que se situaban a lo ancho de toda la plaza.

Las tortas, los cantos, los chistes poblaron el Cuartel de la Montaña. Y aunque el guayabo lo tenemos aún vivito en la piel, celebrarle los 60 años al Comandante es momento oportuno para encontrarnos y recordarlo en lo junto, en el mismo sitio donde, una madrugada infernal, decidió poner su pellejo a la disposición de este peo sin importar la factibilidad estadística de la jugada cuatriboliada.

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