"Rondón no ha peleado todavía"

En el momento en que se publicó esta nota la Pequeña Venecia guarimbera mantenía la tensión local mientras en Ucrania los hijos y nietos del nazi Stepan Bandera asediaban el Palacio Mariyinsky. Dos caras de una misma moneda global en pleno 2014. La tensión actual es distinta, por lo menos en Venezuela, pero no escapa a un dilema que se plantea aquí en torno a la figura histórica del negro Juan José, y de ñapa a la de nosotros como Rondones de esta historia. Todo a partir de la popular frase que contiene en sí lo que somos y lo que podríamos ser.

Localidad: Municipio de Paipa, Colombia (antigua Nueva Granada). Específicamente el Pantano de Vargas. Fecha: 25 de julio de 1819, es decir un día luego del cumpleaños número 36 de Simón Bolívar.

Situación: El Libertador había recién instalado el Congreso de Angostura, lo nombrarían presidente y jefe de campaña para la liberación del territorio neogranadino. Luego de la victoria en Las Queseras del Medio, estado Apure (cerca del río Arauca), avanzaría junto a su ejército acompañado de la conocida Legión Británica de James Rooke hacia los llanos colombianos y se toparía, por el camino de Salitre de Paipa junto a las frías cordilleras andinas, con las tropas realistas de José María Barreiro mientras atravesaban el río Sogamoso. El ejército español tendría ventaja de terreno, pero los patriotas contaban con un as bajo la manga de Bolívar.

La batalla no se decidía. Desde las once de la mañana se había encarnado la propia matanza entre ambos ejércitos, el combate no tenía dueño. A eso de las cuatro de la tarde, los realistas se sentían vencedores porque toda su caballería y artillería conjuntas estaban dando la ñapa a los patriotas y a la avanzada británica de Rooke. Bolívar dijo con pesadumbre: "¡Se nos vino la caballería y esto se perdió!". Aquí es donde comienza la leyenda.

La versión descrita en el parte de guerra de El Libertador dice que él mismo volteó hacia el negro Juan José y le dijo: "¡Coronel, salve Ud. la patria!", a lo que le respondió: "Es que Rondón no ha peleado todavía" (inserte aquí acento escarranchao con chimó sembrado en el suelo); otra versión dice que el breve diálogo fue a la inversa: Bolívar menta madre, dice que todo está perdido cuando el negro, comandante de lanceros, le responde casi con tono de reproche:

-Pero General, ¡si Rondón no ha peleado todavía!

-¡Entonces salve Ud. la patria, Coronel!

La otra dice que Bolívar exclamó, y luego de la mentada desesperación, el negro Juan José, pendiente de la jugada, dice: "¡Aún no hemos perdido, porque Rondón no ha peleado todavía!".

Lo cierto es que, al recibir la orden, Juan José Rondón pegó el grito de "¡Que los valientes me sigan!", y con furia arrasó, junto a su escuadra de lanceros (14 tipos, dice la leyenda), con los focos determinantes del ejército de Barreiro, lo que obligó al enemigo a ceder terreno hasta la derrota. La hazaña abrió la brecha para que, trece días después, los realistas fuesen derrotados y se rindieran casi en su totalidad a las tropas independentistas en la famosa batalla de Boyacá. El Libertador nunca olvidaría la decisiva participación de Rondón en la batalla, y un año después, en víspera del aniversario de la batalla, escribía en carta a Santander: "No hemos necesitado de Nonato ni de Piar, pero sin Rondón, que vale más que aquéllos, yo no sé lo que hubiera sido en Vargas"; y, cada 24 de julio, en lugar de recordar su cumpleaños, solía decir: "Mañana es San Rondón".

Desde entonces la frase "Rondón no ha peleado todavía" es de uso popular en Venezuela, sobre todo en los llanos y zonas andinas, territorios donde se vivió intensamente las guerras de independencia, y se usa familiarmente cuando alguien se encuentra en una situación difícil, en apuros, y quiere expresar que de igual forma puede salir victorioso bajo recurso de un esfuerzo resguardado pero decisivo. Cuenta el venezolano Augusto Mijares, ensayista de fuelle y hombre cabal de su época, que hasta en los juegos de bolos, dominó o cartas, era frecuente oír la frase en cuestión.

Así se baten los hijos del Alto Llano

Una breve síntesis biográfica de Juan José Rondón Delgadillo nos haría poner en perspectiva su condición de clase. Fue hijo de esclavos manumisos, Bernardo Rondón y Lucía Delgadillo, que llegaron a ser libertos, y en 1790, no se sabe con exactitud el día y mes, nació en el Alto Llano, es decir, en el estado Guárico. Dos pueblos se disputan su cuna: Espino y Santa Rita de Manapire. De Armas Chitty fundamenta la versión manapirense con datos suministrados por José Giacopini Zárraga, quien afirma que el apellido Delgadillo es común en Santa Rita, y no existe en el otro pueblo.

Se cuenta que Juan José fue peón del hato La Barrosa, cerca de Espino, propiedad de unos españoles. En 1812 llegó, a donde residían los propietarios (Ocumare), un batallón comandado por Francisco Rosete, quien estaba unido por viejos lazos de amistad con los propietarios del hato. Supo el caudillo realista que Rondón era un buen domador de caballos y sus condiciones para hacerse fiero soldado eran notables; Rosete lo invitó a ingresar en sus filas. Con 22 años aceptó la invitación y, por sus habilidades, fue nombrado Capitán de un escuadrón de caballería. En febrero de 1814 ingresó directamente en las filas de José Tomás Boves, llamado por El Libertador "El Azote de Dios".

En tiempos de guerra social, cuyo pico fue el llamado Año Terrible (1814), un negro hijo de esclavos libertos como lo fue Juan José lo que significaba tener lo que nunca le perteneció era luchar, fundirse en pleno con las hordas de Boves. La oficialidad mantuana, forjadora de las Primera y Segunda Repúblicas venezolanas, mantenían la ilustrada herencia colonial y esclavos con buena cuota de latifundio en sus manos. Con un Bolívar que aún no había pasado por la influencia de Pètion y el exilio antillano, la lucha de emancipación refería a un cambio de dueños, y no a una vuelta de tuerca estructural: el esclavo, en tierra republicana o no, seguiría siendo esclavo. Y Juan José, como toda la negramenta insurrecta al lado del asturiano, peleó por querer dejar de ser esclavo, y cómo no: por hacerse de las tierras y tesoros confiscados al blanco criollo.

Combatió incluso contra Bolívar en San Mateo. Muerto Boves en diciembre de 1814 en la batalla de Urica, las hordas que buscaban la rabiosa emancipación clasista dejó de tener cauce. La mayoría de las tropas se dispersaron, sobre todo por el critinismo de Morales de mirar de reojo, como mal necesario, a los negros que habían peleado al lado del asturiano. Esta condición histórica, más el agregado de que varios comandantes querían pasar por las armas al capitán Rondón y a tantos otros hizo reflexionar al negro Juan José, y pasó al bando patriota en agosto de 1817, como hicieron muchísimos de sus compañeros de la guerra y la clase.

Fue perdonado, lobby que le hizo el mismo Pedro Zaraza, debido a las habilidades de caballería mencionadas: rescataba ejemplares de remonte de la llanura adentro, reemplazaba enormes madrinas necesarias para el trajín de la campaña guerrera, con el ir y venir, la marcha y contramarcha tan forzada y necesaria. El ejército llanero de Bolívar, comandado por el "Catire" Páez, lo tomó como hijo insurrecto para la causa republicana no sin cierto recelo, ya que provenía de las alas fúricas y fantasmales (porque el recuerdo no piraba) de Boves. Formó parte del ejército que derrotó al general Morillo en Las Cocuizas el 1 de abril de 1819; asimismo, fue uno de los 153 héroes de Las Queseras del Medio (comandó una de las siete columnas de los lanceros de Paéz), por lo que recibió la Orden de los Libertadores. El mismo "Catire" relata en su Autobiografía:

Cuando vi a Rondón recoger tantos laureles en el campo de batalla, no pude menos de exclamar: ―¡Bravo, bravísimo, comandante! ―General, me contestó él, aludiendo a una reprensión que yo le había dado después de la carga que dieron a López pocos días antes; general, ¡así se baten los hijos del Alto Llano!

Rondón continuó la marcha con Bolívar en la campaña por la liberación de Nueva Granada, y viendo que el negro era duro guácimo, lo ascendió a Coronel. La gloria alcanzó a Juan José con la Batalla de Pantano de Vargas, y fue determinante en la victoria en Boyacá. Con la campaña a favor de la República, El Libertador mandó a Rondón a residenciarse un tiempo en Bogotá, donde le asignó la misión de conformar y entrenar a la denominada Caballería de la Guardia. Tras cumplir aquella misión, cerca del año nuevo de 1820, parte hacia los valles de Cúcuta para ponerse de nuevo a las órdenes de Simón.

Cuenta el escritor colombiano Rafael Baena que reaparece el 24 de julio de 1821 en la Batalla de Carabobo, "donde se encarga de cargar contra el centro de la formidable infantería española y luego de perseguirla hasta los extramuros de Puerto Cabello". Bien sabemos que por esta gesta se selló la independencia del territorio venezolano.

El 11 de agosto de 1822, en el campo de Naguanagua, donde los lanceros de Páez triunfaron sobre las tropas españolas, Rondón recibió una herida en uno de sus pies que, aunque leve, se infectó, le causó gangrena y la muerte en algún patio de Valencia, doce días después. De Armas Chitty compara al negro Juan José, atrevidamente aunque no concuerdo, con el aristocrático Aquiles (el mítico héroe griego murió de un flechazo en su talón, su único punto vulnerable según el poema homérico) y lo llama "el máximo héroe que ha dado la llanura a Venezuela, después de Páez". Sus restos reposan en el Panteón Nacional desde 1896.

Por muchos años una de las principales calles de Valle de la Pascua se llamó Juan José Rondón, pero a un Concejo Municipal se le ocurrió la brillante idea de quitarle el nombre del tipo y le pusieron Schettino en honor a un mecánico de la década de 1930. Pero en Colombia le han hecho numerosos homenajes a Rondón. Existe un municipio que lleva su nombre en Arauca, un colegio militar del cual es epónimo, barrios en diferentes ciudades llevan su nombre, un monumento de 33 metros en el lugar de la batalla de Pantano de Vargas y hasta un himno le han hecho en su honor. Las pinturas que nos recuerdan el rostro de Juan José son obras de Constancio Franco y José María Espinoza, ambos colombianos.

Nariz minada

Existe la certeza histórica de que Juan José Rondón era de raza negra, mas el retrato que se le atribuye a Constancio Franco lo muestra con rasgos de blanco (nariz perfilada, labios finos, pelo casi liso) y color trigueño debido a la tendencia de los pintores de la godarria a suprimir los rasgos negroides como el cabello crespo y abundante, los labios gruesos, la nariz ancha, además que se empeñaban en atenuar el color de piel.

No parecería extraño que quisieran, también, cambiarle los nombres populachos y rudimentarios como lo son Juan y José al negro Rondón, sólo para escribir otra historia, una que no signifique como colectividad en emancipación, sino como la de héroes principescos para que nuestra historia como clase se mantenga minada: nosotros la hacemos mientras otros, en específico aquel puñito de cobardes y sus historiadores jalabolas) la escriben, la significan según sus necesidades de clase.

La historia según ellos se muestra, diciéndolo con Rodolfo Walsh, "como propiedad privada, cuyos dueños son los dueños de todas las otras cosas".

Quién es Juan José Rondón

Mijares convierte a Rondón en "imagen del doliente pueblo de Venezuela", porque "fue ingenuo y desinteresado, entusiasta y sufrido, sencillo y heroico", pero sobre todo por dos pormenores de acertada minuciosidad metafórica en cuanto historia: su muerte, devenida de una "simple herida en un pie, que se le infectó y convirtió en tétanos"; y Páez, en su Autobiografía, al narrar aquel hecho le da el "título de Comandante, y no el de Coronel que le correspondía", en señal de que el olvido del poder oligárquico confirma su influjo en la redacción del Gran Libro de la Historia.

Asimismo, el ensayista aragüeño favorece a Rondón en detrimento de Boves y Fermín Toro como "tipo representativo del pueblo venezolano". Bien es sabido que el feroz asturiano fue nombrado por Juan Vicente González como "el primer jefe de la democracia venezolana", y que el escritor caraqueño fue uno de los primeros manifestantes, con la pluma, a favor de llo que llaman justicia e igualdad sociales. Pero es Rondón, según Mijares, quien pasaría a ser el nombrado de los sin nombres. Y tomando en cuenta la vida y muerte del negro guariqueño, podríamos estar de acuerdo en que el tipo es imagen, no la única pero sí demostrativa y dimensionada, del típico pelabola de la Venezuela adentro.

Tal vez porque la primera referencia de nuestra historia comienza, chavistamente, con las montoneras.

Sepultureros

Rondón no ha peleado todavía porque apenas estamos comenzando a crear y escribir nuestra historia haciéndola. No la del puñito de cobardes, muy a contrapelo de lo que hace el fascismo tanto en la Pequeña Venecia guarimbera como en la Ucrania tomada por el nazismo recientePorque lo que sucede acá repercute en las distintas dimensiones del globo, y vicerversa.

Luego de echarle el cuento que precedió estas páginas, Kiko, un compadre rapero y conuquero de Tinaquillo, comentaba que, hoy, "somos los Rondones de esta historia". Acertada la expresión, porque Rondón no ha terminado de lanzar la última bola al mingo de la historia.

¿No suena acaso a la sepultura del capitalismo, tal como lo anunciaron Marx y Engels? ¿No es acaso el escenario propicio para esa, la última gesta?

Una coordenada para nuestra historia

Un uso de Rondón, más como vocablo que como nombre, es la famosa frase, más usada en España, que dice, "entrar de rondón", que de acuerdo con la colonialista Real Academia de la Lengua es igual a "entrar de rendón", y significa: "Entrar de repente y con familiaridad, sin llamar a la puerta, dar aviso, tener licencia ni esperar a ser llamado".

De ahí también podemos afirmar que de la anonimia y de zopetón los Rondones podemos irrumpir nuevamente en la historia, esta vez para dejarle una insólita herida que no podrá curar jamás.

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