Quien hurgue en lo que somos encontrará un 1989

Esta reflexión sobre el 27F es un extracto del libro editado por El Cayapo: “1989: lumbre de las mayorías”. Está conformada por una serie de conversaciones, debates e investigaciones en torno a la participación protagónica y el desarrollo del pensamiento en el seno de la clase y el chavismo para la gestación de un nuevo modo de producción y su intrínseca cultura. Esta discusión sigue abierta.

En Venezuela han ocurrido dos fracturas culturales: la llegada de los europeos en 1492, signada en primera instancia por el vil asesinato de los que aquí habitaban y el despojo de su existencia material y espiritual, es decir, de su cultura; la instauración y práctica de la cultura guerrera europea con todas sus consecuencias esclavistas, que dura alrededor de trescientos años, matizada por una guerra de independencia que si bien regó la tierra con sangre propia y de extraños, no es menos cierto que aquella prestó un gran servicio a Europa y a sus dueños, que les permitió librarse y aclarar el panorama. En un segundo momento de esa primera fractura en el siglo XIX, se pusieron en práctica las nuevas ideas liberales y humanistas que impusieron en el mundo, inventando al esclavo moderno sustentado en el eufemismo de la libre venta de la mano de obra.

En un tercer momento, que inicia en 1908, se lleva a cabo toda la imposición cultural de Estados Unidos sustentado en la fuerza militar, buscando expandirse en todo el territorio, copando todo, basándose en la explotación del petróleo y otros minerales estratégicos. Esta tercera fase dura hasta 1989, cuando irrumpimos como posibles protagonistas de la historia, aún sin saberlo.

La segunda fractura ocurre en 1989, punto de quiebre profundo en la sociedad venezolana, pero también para el mundo capitalista humanista, porque es la llave, la grieta profunda por donde hace aguas el sistema y que poco a poco va influyendo en todos los pobres del planeta, como un producto más de las contradicciones propias del capitalismo.

Creación de una mina

Venezuela hasta 1989 fue la historia de Europa y Estados Unidos; una mina, y nosotros mineros que ocupamos diversos sitios dentro del esquema mundial del capitalismo; somos indios, negros, añil, cuero, caña, cacao, café, oro, diamante, caucho, petróleo, coltán; inclúyanse los contrabandos de toda la vida, los empréstitos o endeudamientos, todas las guerras y guerritas ocurridas en el territorio, sean civiles o militares, largas o cortas, ficticias o reales. Todo eso obedeció a la historia del pensamiento, diseño, construcción, desarrollo y declive del capitalismo, que es la historia de Europa y Estados Unidos en estas tierras.

A partir de 1989 podemos decir que empieza nuestra real historia (la de los pobres), porque la historia de los pueblos es la que los pueblos deciden, no la que otros obligan.

Pero la teoría que se nos impone es que hay historias particulares de los pueblos, como si el capitalismo permitiera que cada pueblo conservara particularidades de sus culturas y no una sola cultura que se nos impone a todos, que absorbe todo, como si Venezuela tuviera su propia historia, el otro tiene otra. ¡No! Colombia tiene la misma historia, con sus características, pero es la misma historia, con la diferencia de que no todos jugamos el mismo papel en este teatro de dueños y esclavos. El humanismo, el capitalismo, tienen la misma historia en todos lados, lo único diferente son sus particularidades y características geográficas, climáticas, de tiempo, espacio, materia prima y dueños que procesan la materia prima y se apropian del producto, de esclavos así o asao. Pero el plan del humanismo en todo este planeta obedece a lo mismo: sometimiento y saqueo para acumular la riqueza que les permita evitar el hambre, el miedo y la ignorancia que tanto temen; justificándose en grandes fines y bolserías ideológicas, desde las religiosas, las artes y las ciencias humanas, sociales, filantrópicas.

Aprender de la historia

Hacia 1970 el movimiento de izquierda internacional, pro socialista, comunista, sufrió una derrota terrible: la de la idea del socialismo, del comunismo. La URSS se enmarcó en un viraje pleno al capitalismo. Ese proceso de derrota, cansancio y agotamiento de un tiempo histórico, que es la confrontación entre comunismo ideológico y capitalismo real (e ideológico), es sólo un ajuste de cuentas que termina ganando el capitalismo. Recordemos que el comunismo, el anarquismo, el utopismo, el capitalismo, vienen de la misma raíz, que es el humanismo. Todos buscan salvar, todos buscan el progreso, todos buscan la civilización, el desarrollo, el crecimiento económico, todos buscan lo mismo.

No hay una diferenciación radical entre comunismo y capitalismo porque parten de una misma raíz. Bajo la razón de Marx es que los comunistas tienen más claridad de que el mundo está jodido y que el capitalismo es un monstruo que les estaba cagando la vida. Esa es la única diferencia. Todos esos países: Rusia, China, Cuba, Vietnam, todos terminaron bajo la égida del capitalismo. Pero aunque sea así, tienen estos pueblos un dato ético: practicaron la solidaridad, el internacionalismo proletario, peleando por la revolución mundial, dejándonos muchos datos desde su experiencia para el análisis de lo que debemos hacer. El aporte de millones de pobres a la lucha por salir del capitalismo es invaluable, la lucha de estos pueblos nos dejó claves que aún están por estudiarse. Por tanto, no es una condena a esos países, ni a sus pueblos, ni a sus líderes; de lo que se trata es de comprender los tiempos históricos por los que se da o se deja de dar una revolución, y las raíces conceptuales en que hemos estado enmarcados siempre y que no hemos podido trascender.

En 1989 el capitalismo ya era dueño del mercado ruso y luego del chino. Entonces, se cumplió la máxima de Sun Tzu: tomadas todas las fronteras, el imperio empieza su declive, el imperio es su propio enemigo, todos estamos dentro.

El Estado: una molestia para los dueños

Mucho antes de eso comienzan los planes para eliminar los Estados, quedándose con lo imprescindible para los dueños (los ejércitos), pero no ya como defensores de patrias y naciones sino como aparato de seguridad y represión y como mecanismos de representación diplomática. El Estado que ellos mismos crearon siempre fue una espina en el zapato del capitalismo, porque la añoranza de todo humanista dueño es disfrutar de la libertad absoluta, cosa que el Estado le limita con sus leyes, le pone trabas para la acumulación de monopolios. Por eso necesitan deshacerse del Estado. Los dueños hicieron un ensayo en 1973 en Chile, con Pinochet. Y lograron privatizarlo. ¿Qué les costó a los chilenos? Una dictadura terrible. No se han podido recuperar. El miedo, el terror es arrecho. Lograr eso en los pueblos es un gran objetivo de toda su jugada.

No es casualidad la masacre que siguió a nuestra acción en 1989, una voluntad por restaurar el respeto a la propiedad privada se hizo metralla constante y sonante. Todo como parte de un plan para avergonzar, aterrorizar la legítima arrechera y que generara, a su vez, la sensación en todos nosotros de que el Gobierno es el coño e madre, la Guardia Nacional, el ministro tal, el funcionario aquel, desdibujando a los responsables del circo (los dueños), y hundiendo aún más la figura del Estado.

Por eso, cuando piensan eliminar los Estados piensan desaparecer también un peligro latente, porque cualquier pueblo desprendido del miedo y, además, que busque tomar las riendas del Gobierno, puede convertirse en un monstruo para ellos y sus planes.

La intención era y es generar un quiebre de los resortes éticos dentro de la sociedad, minando y mermando en la sociedad la credibilidad en el Estado. Pero una cosa es lo que piensa el burro y otra el que arriba lo arrea. El capitalismo pensaba que eso de eliminar los Estados era fácil.

El humanismo, ese cadáver insepulto

1989 no es la toma de La Bastilla, ni el alzamiento en 1905 en San Petersburgo. 1989 no es ese cinemascope, esa magnificencia, que termina por justificar que sí, que el pueblo está ahí para la puesta en escena, como un extra más.

Ahí estábamos como pueblo, riendo, arrechos, en Guarenas, en Caracas, en Valencia, en Guatire, en La Vega, en Maracay, ahí estuvimos, rasgando el pesado velo de la historia, descubriendo la gran tragedia que habíamos sido, inaugurando un hecho colectivo (haciendo la historia, como dice Alí), que veintiséis años después todavía estamos procesando sus claves. Los saqueos sólo fueron hechos secundarios con respecto a lo que realmente sucedió. Que nuestra historia se encargue honestamente de escribirla. Hablan de crímenes, robos, violencia, muertos, todo ello aderezo del morbo periodístico que aumentó las ganancias de los dueños durante esos días. Pero es que la historia de nosotros los pobres no es una historia rosa.

1989 es la purulencia que, al estallar el enorme quiste humanista, mancha las pulidas vidrieras y hace que todo el mundo se percate de que el enfermo ya va para cadáver.

El humanismo, ese compendio de tragedias, está enfermo y no quiere ser curado, teme ser tocado, desnudado, teme que se sepa que sólo fue una ilusión de circo para las grandes mayorías esclavizadas, cree que su única salvación es el control absoluto de lo existente y todo el que toque su propiedad o la cuestione es hombre muerto.

Pero sobre qué lo genera y sus consecuencias, lo verdaderamente importante de esos hechos, a nadie importa más que a nosotros mismos como pueblo y gobierno en el marco de una revolución. Los fósiles analistas no se dan cuenta de que ya el saqueo es una vaina sin importancia, las anécdotas de los saqueos y los muertos y los materiales audiovisuales, pura estadística. Qué trae esa vaina como consecuencia es lo que hay que ver. El Chávez con su 4F y su “por ahora”. Y una ristra más de hechos históricos que cada día agrandan la grieta del sistema por morir.

Nuestro momento

Ya en 16 años han ocurrido 19 elecciones. Cada elección significa un botín menos que tiene la burguesía, no es cualquier vaina. Antes ya todo estaba repartido y controlado. Hoy no, y por eso estamos en medio de una guerra. Era de esperarse.

El gobierno, en plena guerra incluso, nos permite pensar y planificar. Entre pedigüeñar y pensar debemos, como clase, escoger pensar. Ni Maduro ni sus ministros han dado una sola declaración que nos haga sospechar que van a cambiar el rumbo de este proceso. Por el contrario, están profundizándolo, porque tiene que ocurrir el siguiente plano de la revolución. Éste tiene que cambiar. Porque si no involuciona.

1989 es un quiebre entre una vieja manera de hacer política, de practicar la economía, de invisibilizar a un pueblo, y el nacimiento posible de otra sociedad, de otra cultura, que puede durar siglos. Tienen que desaparecer maneras, usos y costumbres que se siguen practicando.

Generar nuestro propio pensamiento

Lo significativo de estas conversas está en que buscamos teorizar y colocar la acción de 1989 en su exacta dimensión histórica porque hay una intencionalidad de cierta intelectualidad de hacer desaparecer su importancia.

Ya sabemos definitivamente que los intelectuales de la clase media no van a dar ese salto. No tienen capacidad, están esperando que aparezca un predestinado en Europa que les diga qué coño hay que hacer, eso es lo que están esperando. Lo que no saben es que ahí ya hace mucho murió el pensamiento.

No vemos a ningún ilustrado izquierdista de la culturosa santísima intelectualidad de las bellas artes produciendo ni un solo concepto filosófico. No vemos a los tipos tratando de diseñar política. Todas sus columnas son para criticar o ensalzar al Gobierno, o reflejando los miedos propios de la clase media. Que si “cuidado, nos van a coger por aquí”. “Cuidado, que por allá vienen los burgueses”. “Cuidado, mira lo que dijo Maduro”. “Exigimos esto”. “La vaina es por aquí, Nicolás”.

No pueden producir pensamiento. A pesar de su mucha sabiduría, o por ella misma, están incapacitados, porque ellos aprendieron a funcionar según la intelectualidad europea que era la que dictaba pauta. Todo dirigente de izquierda esperaba que hablaran en Europa para hablar ellos. Lo que escribió Teodoro son copias de libros que se escribieron en Europa. Iban todos pallá a buscar líneas. ¿Cuál es su problema con esta revolución? Que los tipos no entienden. Y en Europa no hay quién diga, ni quién plantee algo genuino.

Los intelectuales honestos, en cambio, siempre han esgrimido que son los pueblos quienes hacemos la historia. Y la historia no es una vaina bonita. Tumultos, masacres, degollaos, fusilamientos, ahorcamientos, sangre, vómito, llanto, moco, mierda. Es terrible cómo se hace la historia hasta este momento. Son los dueños arreando esclavos-soldados, para mantenerse por encima de otros dueños y de vez en cuando las insurrecciones de esclavos, muchas veces azuzadas por los dueños, para apropiarse de la hacienda-fábrica de otros dueños. Por eso, a la hora de sus resultados, la historia oficial tiene quien la dirige, seres inmaculados, bien vestidos, con lenguaje floripondiado, no a pie, siempre a caballos o en carros o aviones o barcos, con conocimientos fuera de serie. Dioses. Hasta que los pueblos se desdibujan y nos devuelven a la esclavitud de siempre. Si los pueblos nos damos cuenta de la importancia de la fuerza que somos y nos organizamos como colectivo, eso prendería un mariquerón que no se sabría hasta dónde podría llegar.

Dato de 1989: individualmente no somos nada

Como lo han dicho muchas veces Chávez, Maduro, Diosdado y todo el directorio revolucionario: individualmente somos nada. Esa es la importancia de validar 1989 como un punto de quiebre histórico de la sociedad y del papel de los pueblos.

Se presenta entonces la posibilidad histórica de que los pobres podamos dar al traste con todo ese pasado de sometimiento, robo y crimen que ha sido la historia hasta este momento, eso pasa por comprender que no sólo basta luchar por eliminar las condiciones de explotación sino que también pasa por crear las bases materiales de la otra cultura, desde su pensamiento, su diseño y su plan político.

Todos los políticos honestos han dicho bien de la acción de sus pueblos. Lenin, Mao, Fidel. Si queremos conocer un planteamiento serio sobre 1989, leamos lo que dijo Chávez sobre eso. Incluso a Maduro: le da la importancia que tenemos como pueblo. Es más, dicen que sin 1989 no hay manera de cambiar la historia de este pueblo. Quien hurgue en lo que somos se va a dar cuenta de la importancia de esa vaina.

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