Maduro es Maduro

Voy a escribir cosas sobre Maduro. Para algunos les resultan duras, para otros y otras, antipáticas. Veremos qué pasa.

Maduro, qué vaina Maduro. Este men, nuestro presidente, el que elegimos porque el Hombre nos lo pidió. No pasa un solo día o noche en que nuestras conversas no estén llenas de análisis sobre Nicolás Maduro. Creo que es una vaina general. Después de Chávez ninguna otra persona había ocupado tanto tiempo nuestra cotorra diaria. He escuchado de todo, he dicho de todo, desde el análisis más ligero, otros que pasan por el absurdo, hasta el que se hace con profundidad. Lo voy hacer porque lo considero un acto de sinceridad y lealtad con nosotros mismos. Este men, desde que asumió el peo despierta todo tipo de emociones, sensaciones, críticas -algunas muy duras, por cierto-, aplausos, decepciones. En oportunidades quedamos enganchados en su discurso directo, franco, firme y patriota; en otras nos miramos a los ojos y torcemos la boca, aunque no nos estemos viendo pero es un gesto casi general. Sencillamente buscamos al Hombre en él. "Chávez hubiese hecho esto", "Chávez hubiese dicho esto", Chávez, Chávez, Chávez...

Por siempre Chávez. Nuestro Comandante Eterno. Hasta no hace mucho me preguntaba a cada rato por qué el Comandante designó a Maduro, por qué nos pidió que lo eligiéramos. Dejé de hacerlo. Simplemente porque conseguí la respuesta. En su designación como nuevo conductor del proceso revolucionario, ratificado por nosotros el 14 de Abril, Maduro recibió una misión inhumana, casi imposible de lograr, de sostener, de soportar. Era casi un suicidio personal además de político, considerando lo bestial de la guerra contra el Comandante, su pueblo y el proceso desde hace casi 20 años, y cómo arreció después de su muerte. ¿Cómo pudo Maduro aceptar algo así? He allí el primer punto a su favor. ¡El men aceptó! Aún con el fracaso de la campaña electoral, porque no fue por esa campaña mal dirigida que ganamos, aún así, la respuesta que se le dio a los sucesos después del 14 mostraron en el men carácter de líder y estratega. Vencimos. Vencimos en las urnas y defendimos en la calle. Mantuvimos la historia invicta para nuestro Comandante. Ese fue un segundo punto a su favor.

El avance tanto nacional como internacional del fascismo sobre nosotros y la respuesta de Maduro fue un tercer punto a su favor. Al sacar al gobierno a la calle desmovilizó el avance interno de la contrarrevolución. ¿En qué parte del mundo coño se despliega todo un estado en la calle, los barrios, las aldeas y pueblos? ¿Que no nos gustan los ministros? Mala leche. Pero lo están haciendo. A veces escucho a camaradas decir que Maduro está desmontando la Revolución. ¿Acaso Maduro solo es la Revolución? Cuando tú dices eso, estás desmontado más el proceso que el mismo Maduro al cual señalas, porque es una muestra de que no estás dispuesto a seguir luchando por este peo. Otro punto a favor de Maduro es cómo corrige sus errores sobre la marcha. Se revisa. Se desmonta él mismo y vuelve a la carga con los aciertos que ya conocemos: el peo del desabastecimiento, el de la seguridad, el de la vivienda, el internacional, los medios privados. Y así va, con el país a cuestas, con la revolución tranformándolo.

En las facciones de Maduro, con sólo tres meses frenteando la vaina ya se observan rasgos de liderazgo propio, como si llevara años. La Revolución enseña, rudo, pero enseña. Maduro forma parte de esta historia. Ya veremos. Maduro no es Chávez. Pero seguimos buscando al Comandante en él. Se entiende. Pero es un error. Maduro es Maduro.

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