La gira de Maduro: Globalización y nuevo orden político

Hay juegos superiores en la política y en la economía global, que están marcando el destino del reacomodo del poder a escala planetaria. Hoy la palabra “crisis” marca la agenda de los países. Al parecer, las crisis también son teledirigidas.

En un marco de viejas economías desarrolladas con destinos inciertos, otras economías se alzan como nuevas hegemonías. El ajedrez planetario reescribe la vieja historia de bloques hegemónicos contrapuestos y guerra a fuego lento en sus llamadas “áreas de influencia”. El viejo mundo quiere matar al nuevo que está naciendo. Los flancos militares, políticos y económicos guardan un claro dinamismo; hay una pugna visible para definir los destinos del mundo; hay potencias en crisis que desean implosionar a otras y llevarlas a un punto de crisis. Hay países con recursos sometidos a crisis por guerras y ataques económicos para deponer a sus líderes. Sucedió en Irak y Libia, y ahora en Venezuela mediante la modalidad económica. 

Justo esta semana Nicolás Maduro realiza una gira presidencial que comenzó con su visita a Rusia y a China. Estos países representan un nuevo liderazgo que marca la pauta; son parte de las nuevas hegemonías en consolidación. Debajo de su brazo, Maduro lleva consigo la agenda energética, la petrodiplomacia ideada por Chávez, que no es otra cosa que nuestra búsqueda de un lugar en el mundo, teniendo bajo nuestros pies la reserva petrolera más grande del planeta, y la garantía del equilibrio, de la continuidad de las economías desarrolladas como hoy las conocemos. No es poca cosa esto.

En Viena los lobbys de la OPEP se debaten entre superar o no una herida de muerte, de la mano de miembros de la misma organización aupados por poderes superiores, militares, que sostienen las cabezas coronadas en el Oriente Medio. La redefinición del mapa petrolero global pasa por un ataque financiero al Rublo. La sobreproducción petrolera de Arabia Saudita y la caída provocada por factores financieros en el mercado petrolero, ciertamente destruyen la quimera aquella que Adan Smith llamaba “mano invisible” del mercado. No hay manos libres, ni blancas, en lo que es el empleo de los vínculos gestados a la sombra de la globalización, como formidable arma económica.

Estados Unidos y la Unión Europea emplean los vínculos que dentro del capitalismo han creado con una Rusia, que les ha proveído petróleo y gas. Hoy el objetivo táctico es generar las condiciones para que a mediano plazo se produzca una debacle financiera que permita la ruptura del liderazgo del binomio Putin-Medvédev, timoneles de la Federación. Si para ello tienen que apuñalar a su capitalismo que tan alegremente forjaron luego de la caída de la URSS, lo harán, lo están haciendo. Las sanciones contra Rusia están afectando a Europa, y proyectos energéticos como el South Stream (que garantizaría energía a Europa Occidental) han cesado. Estados Unidos y la vieja Europa juegan con un arma sin el seguro puesto.

De la mano de Rusia se encuentran, nos encontramos, los países emergentes y los que dependemos de los precios del petróleo para sostener nuestras economías. Irán, Venezuela, Ecuador, Bolivia, y también Nigeria, Brasil, Argentina y Argelia, todos, algunos más que otros, piedritas en el zapato del juego imperial global. Todas estas naciones, algunas más que otras, insubordinadas a la dictadura global del Tío Sam. De la mano de las economías petroleras, ansiosas de invertir en energía pero sometidas a la incertidumbre de los actuales precios, hay otras economías industriales vinculadas financieramente a las anteriores. En la globalización, ideada como guión del orden planetario unipolar, no hay ala de mariposa que se mueva en Sudáfrica que no afecte la bolsa en Inglaterra. A algunos, como a China e India, les benefician los actuales precios del petróleo, pero sus economías no están desvinculadas de lo que sucede en los países que poseen la energía. Pese al festín de los bajos precios, un mercado petrolero a los niveles actuales es insostenible y todos lo sabemos.

Las economías de los BRICS, las cuales en 2015 desacelerarán su crecimiento, todavía están a expensas de la incertidumbre de una Europa virtualmente quebrada, en el preámbulo de otra tormenta bancaria. Japón, la potencia que brilló en los años 80, tiene hoy una deuda del 250% de su Producto Interno Bruto. China y Rusia acumulan oro a niveles insospechados, y pese a la gran noticia de que estos países negocian ahora con sus monedas, prescindiendo del Dólar, no todo está definido. Ambas naciones están bajo ataque, por abrirle paso a un mundo sin el dólar como moneda de intercambio.

Rusia abre el 2015 de la mano de Bielorusia y Kazajistán en la conformación de la Zona Económica Euroasiática. Consolida sus áreas de influencia, tanto en lo territorial, para lo cual Bielorusia juega un rol importante, como en lo energético, pues Kazajistán posee una importante parte de la floreciente cuenca petrolera y gasífera del Mar Caspio, donde las transnacionales occidentales entraron con fuerza en años recientes. Por si lo que sucede en el mundo no fuera más fascinante, apenas semanas atrás los presidentes del Mercosur firmaron una carta de intención para iniciar vínculos inmediatos con la naciente alianza Euroasiática, a la cual se van a unir más países de Asia y Europa del Este.

Dicha alianza Euroasiática tiene un claro componente militar, reedita el no tan viejo acuerdo de los países del Mar Caspio, quienes desde el año 2007 decretaron que ninguno de sus miembros prestaría su territorio o colaboraría en la incursión militar de alguna potencia extraterritorial, como en lo relacionado con las reservas del Mar Caspio, compartido por Rusia, Azerbaiyán, Kazajistán e Irán. Con la guerra en Ucrania y con la OTAN respirando en la nuca de Moscú, la conjugación de lo económico y lo militar es vital. Quienes llaman a esto una “reedición de la guerra fría” no escatiman en el uso del verbo adecuado. La guerra ya inició.

Maduro visita a una China que con sólo el Banco de Desarrollo Chino ya tiene más recursos disponibles que el Fondo Monetario Internacional para nuestra región, el África y Asia. Dicho banco tiene hoy más financiamiento circulando en América Latina que los viejos bancos (FMI, BM y BID) combinados. A los gringos no les place que ese gran ente financiador llamado China posea la mayor parte de su deuda, la cual supera en un 100% su PIB. Nunca los gringos debieron tanto a alguien, y se lo deben precisamente a China, un país declarado literalmente como “amenaza potencial”. Estados Unidos intentó teledirigir la “revolución de los paraguas” en la excolonia británica Hong-Kong. Fracasaron estrepitosamente.

No hay marines chinos deponiendo gobiernos, hay más bien una China usando las armas de la globalización para redefinir el balance del poder a su favor y al de sus socios del BRICS

China y Rusia son los artífices del Banco del BRICS, son los que más han construido un respaldo a sus monedas, en oro, pero también en sus asociaciones económicas, que son de carácter estratégico para reescribir el orden planetario. El Banco del BRICS, el cual tendrá profundos vínculos con el Banco del Sur, tendrá mucho que ver en el cambio de situación global, en el tema del financiamiento y en la configuración de los sistemas financieros inter-países, e inter-bancas.

Mientras Europa somete a sus ancianos a la miseria con recortes del presupuesto público, Paul Graig Roberts, quien alguna vez fuera el segundo al mando en la Secretaría del Tesoro en Estados Unidos declara un dato importante sobre las reservas de oro en ese país: “Estados Unidos no tiene el oro (Alemán) y no puede suministrarlo, por eso ha obligado a Alemania a ponerse de acuerdo con eso, y dejar de pedir por su oro, ya que no puede entregárselo. Ellos (EEUU) han ordenado a su estado títere (Alemania) que se calle y emita una declaración diferente”. Y agrega: “Nadie va a recuperarlo (el oro). Hace mucho tiempo los expertos del mercado del oro sospechaban que la Reserva Federal ya ha agotado todo el oro de EEUU tratando de suprimir el precio del oro en los últimos años. Y luego, después de que se quedaron sin el oro estadounidense, comenzaron a usar todo el oro dejado (por otros países) en la Reserva Federal en depósitos”.

Estamos ante la paradoja planetaria. La vinculación Ruso-China dista mucho de la de una Alemania (la locomotora industrial de Europa Occidental) pidiéndole a su banquero que le devuelva un oro que ya gastó hace años. A la sombra de economías y hegemonías decadentes están las economías y hegemonías emergentes. Este mundo no es para ingenuidades, pero China se erige a escala planetaria sin Guantánamos, Panamás, Iraks, Libias y similares a cuestas. No hay marines chinos deponiendo gobiernos, hay más bien una China usando las armas de la globalización para redefinir el balance del poder a su favor y al de sus socios del BRICS.

La nueva hegemonía, también es ávida de recursos naturales, y está sujeta a las contradicciones gestadas en nuestro mundo de bancos y mercancías. El mundo multipolar es una realidad que adquiere forma y fuerza, adquiere cuerpo y sus cualidades son inéditas. Apenas hace 20 años todas las decisiones del mundo se tomaban en las mesas de algún país que se jactaba de poseer colonias. Hoy, las decisiones globales se están comenzando a tomar en países que alguna vez fueron colonias.

Ante este escenario imposible de ilustrar a fidelidad por completo, vale la pena preguntarnos: ¿Qué papel tiene un pequeño país del Caribe, donde yacen las reservas certificadas de petróleo más grandes del planeta? ¿Qué papel tendríamos en el gran tablero global, si sólo en el bloque Junín de la Faja Petrolífera del Orinoco hay más petróleo que en toda Norteamérica combinada? La pregunta se responde por sí sola.

La economía venezolana sufre el más formidable ataque económico que desde el Chile de Allende se haya implementado contra un país. El bloqueo contra Cuba, atroz, no conoció los sutiles y profundamente dañinos métodos de la guerra en Venezuela. El dólar paralelo, la implosión de los precios mundiales del crudo, las guerras por petróleo en Oriente Medio, los esfuerzos gringos por retomar su agotada hegemonía en su antiguo “patrio trasero”, tienen mucho que ver con Venezuela.

El imperio Romano construyó caminos y así pudieron decir: “Todos los caminos conducen a Roma”. El orden imperial capitalista, de la mano de Estados Unidos y Europa, construyeron la globalización, y así pudieron decir: “Todos los caminos conducen a Washington y a Londres”. ¿Adónde conducen los caminos del nuevo poder global que se reescribe en la globalización?

Los caminos a la sombra de la globalización están marcados por autopistas financieras, capitales que marcan destinos como golondrinas, mercancías y materias primas. El Canal de Panamá y el Golfo Pérsico son las nuevas “Rutas de la seda” en el siglo XXI. Claro que los países con recursos naturales tenemos un rol definitivo en esta encrucijada planetaria. Retomando la idea sobre los ataques a la economía venezolana y tantos factores transnacionales inmiscuidos en este complot cuando, por otro lado, Venezuela es referencia de un nuevo paradigma político de liderazgo regional, es preciso decir: “Todos los caminos conducen a Venezuela”. El petróleo venezolano es el pivote de nuestra situación política, pero también del destino del mundo en vías de desarrollo.

Los BRICS, América Latina y el Caribe tienen hoy fuertes vínculos con el rol que Venezuela se ha forjado como expresión de equilibrio en el acceso al petróleo. Ese es el asunto. He ahí por qué “todos los caminos conducen a Venezuela”. Es un rol que hemos forjado de manera conjunta, países y líderes emergentes. Nicolás Maduro, Presidente de un país bajo ataque, visita a otros líderes de otros países bajo ataque. Nuestro denominador común es que apostamos a agendas de nuevo tipo en el relacionamiento internacional.  

Pero Maduro también va tras el rastro de unas muy sólidas asociaciones que Chávez forjó durante años. Va tras el rastro de un mundo naciente, de un nuevo orden global en el que Venezuela está inscrita, como madre del ALBA, Petrocaribe, Unasur y la Celac. Venezuela es hoy un “socio clave” de Rusia en América Latina, y es el cuarto socio comercial de China en nuestra región. Ambos países definen su relación con Venezuela como “estratégica” y “prioritaria”. Y eso no es de desestimar.

La cuestión global sobre Venezuela es: si Estados Unidos controla las reservas petrolíferas de las monarquías del Golfo Pérsico, si sus socios europeos controlan las reservas del Mar del Norte, si ya controlan las reservas de Irak, si invadieron Libia por petróleo, si tienen cautivo el crudo mexicano y canadiense, ¿qué reserva energética de gran volumen quedará disponible para el acceso en condiciones de equilibrio para las economías industrializadas que se proyectan hacia el futuro? En sólo 30 años habrá sólo tres lugares del mundo adonde acudir por petróleo, por tratarse de reservorios importantes de crudo: el Golfo Pérsico (con un puñado de monarquías e Irán administrándolo), el Mar Caspio (con 4 países administrándolo) y Venezuela (con 300 mil millones de barriles en su subsuelo). ¿Cuáles serán los países con posición de ventaja en el juego energético global en 30 años?

La situación de Venezuela es la de un país en medio de una tormenta de hegemonías chocando entre sí. Es nuestro destino. Chávez lo entendió así. Nuestro liderazgo regional, de cara a un mundo interconectado y de la mano de nuevos factores del poder multinacional-planetario, signa el destino de nuestra agenda exterior. Maduro conoce muy bien esto, vivió de cerca, como canciller, el parto de una Venezuela vinculada con el mundo.

Aquellos tiempos de ser un actor de tercer orden en la geopolítica global, terminaron para Venezuela. Es por eso que las distancias se alargaron para acercarnos a los que debemos acercarnos. Hoy Maduro viaja muchas horas, distancias muy largas a Moscú y a Shangai, pero cierto es hoy que Washington queda mucho más que lejos. El nuevo orden multipolar y pluricéntrico debe nacer de la mano de los que estamos destinados a construirlo.

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