El sacudón y el nuevo experimento revolucionario

La lectura política del "sacudón” por parte de los medios privados sigue su acostumbrado destino: movilizar los símbolos del “totalitarismo” en permanente consolidación, reforzando la tesis sobre la militarización del aparato económico. Más allá de los nuevos rostros que aparecen en funciones de gobierno, es importante señalar qué dijo y qué dejó pasar el presidente Maduro: allí lo importante del terremoto político y discursivo en proceso.

El sacudón comienza por la palabra

Los estados tienen sus propios ritos ceremoniales para legitimarse ante la sociedad que representan. Sacudirse la rutina charlatana que se expresa en invenciones, imaginarios, conceptos y fábulas es casi imposible: la figura mágica del solucionador eficiente, aquel que todo lo puede, confecciona la mecánica discursiva de ese aparato deforme llamado Estado. Para decirlo más fácil: gobierno que no promete, que no oferta, que no da garantía de progreso y prosperidad pierde su valor operativo dentro del capitalismo: la esperanza es entonces el modo de manipulación más preciso de la representatividad burguesa.

Este "sacudón" que comienza hoy arroja un dato semántico que no se puede perder de vista: quebrantar la lógica y los modos históricos del Estado burgués. Esos retazos del viejo Estado parasitan aún en la palabra gubernamental: prometer es un bueno negocio cuando se intenta estafar con la “eficacia administrativa”: chantaje político puro que se difumina con la falsa certidumbre.

Cobra fuerza el sujeto político popular, el nosotros colectivo que intenta parir un nuevo modelo económico por fuera de las oficinas , sus perfumes y aires acondicionados

El presidente Maduro no mencionó en ningún momento la palabra gestión o gerencia. La desaparición radical de estos conceptos dice mucho de la puntería estratégica del hombre: el proyecto de la Patria es el bosquejo originario del país colectivo, del pensar colectivo y del experimento permanente, y demuestra que la intención del Gobierno Bolivariano no es administrar eficientemente el capitalismo, como piden a gritos analistas por izquierda y por derecha. Por tal motivo, los instrumentos semánticos y operacionales (gestión/gerencia) democráticos liberales pensados para convencer y arrastrar apoyos (de los volteados y enemigos históricos) son, en el sismo actual, harina de otro costal: el mismo que por tránsito histórico comienza a ubicarse lejos del discurso revolucionario, pudriéndose cual resabio capitalista.

El "sacudón" fortalece así una nueva semántica que busca redimensionar la actividad del Estado: como la línea política tiene el horizonte de fortalecer el poder del pueblo, pierden validez el buen burócrata, el administrador eficiente y el gerente que nunca presenta gráficos venidos a menos. Cobra fuerza el sujeto político popular, el nosotros colectivo que intenta parir un nuevo modelo económico por fuera de las oficinas, sus perfumes y aires acondicionados.

Los acomodados de siempre seguirán esperando en los anuncios de Maduro, ministros y gerentes que se reúnan con los empresarios para que así el país “salga adelante”. El "sacudón", desde su inauguración, cumple el objetivo histórico y discursivo que pone al Presidente a tono con la historia: dilapidar con la palabra cualquier intención de volver al pasado, el mismo que a punta de eficacia y buena administración produjo miseria y desigualdad.

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