¿Y cómo coño comen los pobres?

Yo no entiendo un coño de esa verga de economía o economistas, que si índice no sé qué vaina, canasta alimentaria, promedio, variación, per cápita; de hecho pa poder escribir todos esos términos tuve que meterlos a google para busca algunas referencias entre uno y otros.

Pero como tengo días sin escribir un coño pa Misión Verdad y me da ladilla por ahora el temita de las guarimbas, conferencias de paz y la fulana amnistía para los defendidos de los ricos y escuálidos –que no va, por cierto; somos mayoría y la mayoría decide que no–, me puse a pensar en una vaina arrecha: ¿Cómo es posible que una familia pobre venezolana se meta cuatros papas diarias en un país que según los medios de alienación, empresarios y poderosos está en quiebra y desabastecido?

Y son cuatro papas diarias, hermano, eso sin contar la picadera a cada rato de lo que hay en la nevera, las cervezas con los panas en el dominó, remate de caballos o la habladerita de paja los fines de semana en el callejón entre guarapitas y rones. También se me escapa la celebradera de cumpleaños a los chamos, los abuelos, las mamás y en un país que todo lo celebra, las rumbitas del día de las madres, el padre, el niño, el niño Jesús de diciembre; hasta a la vecina le celebramos su día si nos dejan. Ah, ¿y la playita?

En estos días vi a uno de los familiones más grandes del barrio llegándose a casita después de un playazo. Venían así –además de bonceaitos los coños–: mamá con su toalla enrollada y los cachetes rojos, sandalias, con una mano a la carajita y de la otra un bolso; hijo mayor, en franelilla, enchancletao, bermudas, y arrastrando la cava que parecía más bien un remolque y empujando a uno de los hermanitos pa que no se quedara; papá, con otro muchacho insolado y durmiendo en los brazos y otro a rastras y sendo morral a la espalda; y senda muchacha que como que se había agarrado todo el sol pa ella, agarraita de la mano del novio, carcajeándose de no sé qué la hija, con su bolso e playa lleno de crema hidratante, protector solar, bloqueador. No le revisé el bolso, pero hermano, en el barrio no vamos pa la playa sin ninguno de esos aparaticos.

Pero lo más arrecho –el barrio es una vaina– es que como a la media hora estaban en el balcón de su casa prendiéndole candela a la parrillera pa seguir la rumba entra carne asada, cervezas y vallenatos.

Allí no había ingenieros, ni doctores; tampoco académicos o abogados. Hasta donde los conozco, el pure es avance en una de las rutas Catia-Chacaíto y la doña costurera en su misma casa; y el noviecito del mujeron de la hija es moto taxi.

Bueno, me estoy saliendo un poco de a dónde iba. La papa, la comida diaria. Pero pa mí todo eso hay que incluirlo porque si el mercadito de fin de semana está tan duro pa los pobres, como dicen los economistas, ¿cómo es que nos alcanza la plata pa todo ese desorden de vida?

Y no es paja. Miren, así mismo les podría echa el cuento de Alexandra, que vive en Barrio Nuevo de Petare y trabaja limpiando casas, o el de Mao que ha levantado a su familia a punta de recorrer las calles empujando su carretilla vendiendo golfeaos con queso e mano, hallaquita de chicharrón también con sus respectiva tajada de queso si usted la pide así, y que ahora su hijo montó una mini panadería en las afueras el barrio por que no se cala la del viejo pues.

Lo mas arrecho es que los sesudos esos, que se la pasan sacando los índices de pobreza, hambre y cesta básica pa trata de convencernos de que estamos pasando hambre en revolución, echan sus números y sacan sus cuentas en la mesa de los mejores restauranes del este, entre wiskisitos, filetes término medio, ensaladas César y postrecitos europeos.

Hablando de pasa hambre, hasta yo coño. Esta mañana mi desayuno fue par de arepas asadas rellenas de caraotas negras refritas, queso blanco rayao, café y jugo de parchita. Y ahora en el almuerzo antes de finalizar esta nota me zampé sendo plato de arvejas verdes con huesitos ahumados, arroz blanco, carne guisada con papa y pimentón, pan y jugo de parchita… y de postre, porque los pobres también comemos postres, un arroz con coco y canelita que me trajo mi nuera Alexandra que había hecho su abuela… 

Rescaten ahí.


 

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