¿Y a dónde quedan Chávez y Maduro?

Hablar del "uso racional del medicamento" desenfoca el verdadero meollo del asunto: en la guerra asimétrica no es tema "la racionalidad del uso" sino acceso a lo público. Pero resulta que las medidas que está tomando la élite en posiciones de poder en el sector salud son para otro contexto: un país con acceso asegurado pero con uso irracional. Es decir, para otro país, un país con montones de medicamentos pero que se automedica, con consumo desmedido, sin guerra económica, entre otros. No es con este país, ni con este pueblo, ni con el día de hoy. Es la visión elitista: indiferente a la realidad de las mayorías. ¿Eso se parece al Chávez y a su preocupación por el tema integral de la salud, al justificado reclamo que en días pasados disparó el presidente Nicolás Maduro y aturdió a la Venezuela desesperada y desprotegida, enferma, que deambula buscando soluciones?

Desde esa lógica, la gente para acceder a un medicamento debe contar con unos requisitos que llaman de "prescripción" en donde subyace la posición política. A través de ese artificio aparentemente "técnico" -en el marco de la guerra económica que ataca la salud del venezolano de a pie, porque ciertamente hay un grupo de venezolanos que no va a pie y su afectación no es igual- se fortalece la privatización de la salud. Hacia allí se está avanzando.

El 0800 o el tesoro escondido

Hay que ir ahora al Sefar, llamar o acudir al 0800 porque ahora los centros de distribución son centros de expendio. Porque ahora, Sefar en Las Adjuntas -una zona de difícil acceso para el propio habitante de Caracas- se convirtió en centro de expendio, o hacer fila india en Sabana Grande donde está el 0800, que también es un expendio por cierto un tanto misterioso.

Ahí el paciente acude con un récipe, las indicaciones, un informe médico y la copia de la cédula de identidad y atienden varias personas para revisar los documentos, objetar que el sello del médico solamente demostraba que era médico cirujano (a pesar de ser legal, legítimo y tenía nombre, cédula, número de registro del MPPS y número de dos colegios médicos), negar el expendio del medicamento y "orientar" que el medicamento debe contar con un informe médico suscrito por un especialista: un neurólogo. A un señor que llegó buscando un antihipertensivo le dijeron que debía estar indicado por un cardiólogo con su respectivo informe y su cédula de identidad full color.

Es decir: 1) la nueva escuela de medicina que acredita o desacredita el ejercicio en Venezuela es un funcionariado que decide cuál médico está autorizado para expedir tal o cual medicamento. 2) para que el centro público que paga el Gobierno expenda un medicamento el paciente no debe ir a Barrio Adentro porque ahí no hay neurólogo (y si lo hay no ejerce porque le está prohibido) y el que está en el CDI es cubano, y por lo tanto no tiene sello y no lo reconocen como tal. 3) para acceder al medicamento que compra el Estado venezolano y todos los funcionarios que paga el supuesto sistema 0-800, y Sefar (y el montón de viceministerios y funcionarios del MPPS y los guardaespaldas y los porteros y todo eso) está al servicio privado, es decir, de un médico que cobre la consulta y que a partir de su récipe de acceso al medicamento. 4) El país es concebido como una aldea y, por lo tanto, los centros de distribución son además centros expendedores, actuando como barreras al acceso. Insólito.

La distribución es de las cadenas privadas

El paciente va a la red de farmacias al detal. No hay. Acuden a ella ciudadanos que no pueden tener uso irracional, porque simplemente no tienen acceso al medicamento esencial. Las farmacias detallistas tampoco tienen acceso. El mandado está hecho. Resulta que los desconstructores del Sistema Público Nacional de Salud están comprometidos en construir el sistema privado, monopólico y exclusivo. La distribución es de las cadenas.

Hay instituciones corrompidas que tienden a la privatización de la medicina

Explico: se compra con dinero público los medicamentos e insumos que requieren la llamada red comunal, es decir, la de Barrio Adentro. La red comunal sirve para plantear la compra pero luego no recibe ese insumo en cantidades y oportunidad y distribución que permita un expendio dirigido a quien las necesita. Las élites con sus monóculos bien puestos deciden que lo que sobre después de que el venezolano haga sus largas colas a pleno sol buscando medicamentos en estos sitios que son para la distribución y quieren ser ahora boticas para todo el país concentrados en Las Adjuntas o en Sabana Grande, se distribuirá y expenderá a través de las grandes cadenas de distribución farmacéutica y punto.

Aún con los anaqueles de los consultorios vacíos de Barrio Adentro, o los de Farmapatria o los de las farmacias en las gobernaciones o los de las farmacias del pueblo, o las boticas. Se compra con excusa en lo público y se distribuye y expende en las cadenas privadas, en lo oligopólico y monopólico. Hay que ir a Farmatodo o a Locatel, que dice que le llegará el martes y la farmacia de la esquina no. ¡Así sí se entiende! En los años 80 pasó algo parecido, aparecieron las grandes cadenas y desaparecieron las llamadas boticas, una sabia medida del FMI ahora cristalizada y peligrosamente sacralizada por estos funcionarios (no servidores públicos sino operarios de las redes monopólicas y oligopólicas). Piden a nombre del pueblo, es decir, lo compran a nombre de la red comunal y supuestamente para que a través de la red comunal le llegue al pueblo, pero no es así, sino que lo distribuyen y expenden a través de las grandes cadenas de distribución privada, goteándole desespero e incertidumbre al pueblo y al pequeño comerciante. Increíble.

Hay que hacer otra medicina, con otra mirada

En efecto, el sector privado debe tener medicamentos, la salud debe ser universal, nadie lo duda, pero lo que sí parece estar en duda es que proteja a los más necesitados y es eso lo que está en peligro. Tomar medidas al respecto es impostergable. ¿Por qué? Porque el sector privado tiene garantizado el acceso. Porque no es verdad que da igual que un médico esté en Alto Barinas o en La Trinidad que en una base de misiones. No es igual. No es igual que la clase llamada media, que es media clase (Mario Benedetti dixit) tenga un consultorio popular al que asistirá si le da la gana, porque tiene otras opciones dado el poder adquisitivo que le permite ir al privado. El otro no, el otro es visible porque lo tenemos que exigir así, hacer así, pensar así, a juro. El otro, el que está desigualmente ubicado ante el acceso a la salud, debe y tiene derechos que consagraron Chávez, Fidel y el pueblo venezolano hecho poder popular, cuando no solamente construyeron el Barrio Adentro originario, sino que orientaron que hay que hacer otra medicina, con otra mirada, con otros médicos: el ejército de batas blancas. Los médicos de Chávez, a los que ahora el 0800 niega, y el Sefar niega el ejercicio cuando dice que el récipe no puede ser sino de un médico privado. Porque el 0800 exige qué tipo de médico prescribe y cuál no. El tipo de paciente que acude a cuál médico puede tener acceso al medicamento que compra el Estado y cuál no. No va dirigido al que justamente no tiene opción de comprarlo, o de encargarlo al exterior o llamar a un amigo.

Hay que hacer otra medicina, con otra mirada, con otros médicos

En sociedades desiguales hay que ser revolucionarios

La política de universalidad no puede estar por encima de la equidad. Es decir, en sociedades desiguales no se puede pretender aplicar la misma política para toda la población porque esto no disminuye las brechas sociales, sino que las profundiza. En sociedades desiguales hay que ser revolucionarios: darle más al que más necesita, garantizar el acceso al que no tiene opciones por otras vías o por otros mecanismos.

Por eso se crearon las Misiones. Por eso escuchar los testimonios de personas que estudiaron en la Misión Sucre y luego en la Misión Alma Mater no es un ejercicio de diezmo, sino una política de Estado. Es la respuesta contrahegemónica de un modelo bizarro que cree y subsidia al que ya tiene garantías de acceso. Es decir, desperdicia recursos que en otros espacios, en otros territorios, en otra población, es vital y no opcional. No es lo mismo un equipo de salud en la Sierra de Perijá que en zonas urbanizadas estables de Maracaibo. Y el Estado no puede y no debe desperdiciar recursos. No puede y no debe por más burgués que sea el pensamiento de algunos dirigentes.

La soberanía en el abastecimiento es vital, y debe hacerse con equidad, es decir, garantizando que llegue al que más necesita, el que más necesita es aquel que no tiene opciones al acceso, el que se levanta en la mañana no a discernir: a) si asistirá a la clínica privada, b) llamará a un amigo, c) pedirá un comodín y asistirá a Barrio Adentro.

Aplicar la equidad significa que Barrio Adentro es el centro, que las llamadas ASIC son el núcleo del Sistema Público Nacional de Salud y no un subterfugio para que un gris viceministerio y una gris funcionalista viceministra que allí pasta como una vaca y ahorra dólares de viajes a Ginebra o a cualquier parte del mundo, crea entender señalando que el SPNS se puede hacer en cualquier contexto, o dicho en sus propias palabras: "Con los rojos, con los azules o con los blancos. La salud es para todos" (con razón rueda por ahí que la entonces protectora Carmen Meléndez reclamó la "neutra" postura de la gris funcionaria que pretendió entregar el sistema a los "progresistas" de Lara aduciendo pretenciosas e inconsistentes posturas técnicas).

No, es hora de definiciones y el que se sienta que está en transición que lo diga. O que se vaya a Margarita. El Sistema Público Nacional de Salud en Socialismo tiene un significado, un sentido, un color, un sabor y un actor: Barrio Adentro. El Barrio Adentro con que se fajó Cuba y los cubanos rodilla en tierra con ese pueblo al que ahora se pretende excluir nuevamente. Con razón -dicen- se molestó la protectora.

¿Qué de racional tiene que un paciente hospitalizado tenga en su mesa de noche un "hemoderivado" que el familiar tuvo que buscar en un lugar remoto? De racional nada. El hospital debe tener el insumo, almacenarlo, distribuirlo y colocar el tratamiento a sus pacientes, no es racional que el paciente se someta a la incertidumbre. La incertidumbre es un infierno aquí en la Tierra. De hecho, el medicamento sin el sistema de conservación adecuado cumple muchos propósitos perversos: a) desmiente la capacidad y responsabilidad del Estado, del hospital y del fulano sistema público nacional de salud exponiendo el producto a fallas técnicas que no tiene por qué achacarse al familiar que, angustiado, manosea el producto y lo desnaturaliza al no mantener el frío que garantice la vigencia del material activo (en una clínica no pasa eso: una clínica factura un banco de sangre que asegura que el paciente reciba ese insumo en la temperatura y cuidado respectivo y lo paga igual el Estado a precio de usura, porque ese paciente segurito tiene un HCM que negoció un sindicato y le cuesta al Ministerio o al Instituto público equis, pero esa es otra historia); b) desampara al paciente que acude al sector público quien a la propia tragedia de tener que estar cautivo del sistema sanitario, debe agregarle habilidades de gestoría como si estuviera jugando a "la oca loca" y adivinar y hacerse experto en conseguir tal o cual producto; c) fortalece las élites que hacen de la salud un negocio, a los grupos privados, a las roscas de diverso cuño.

El presidente Maduro nos dice que debemos defender los logros alcanzados en Revolución. El acceso a la salud es uno de los principales: No podemos permitir que se tergiverse esa política con subterfugios. No podemos permitir que sigilosamente nos lleven a la privatización del sistema. ¿Y Barrio Adentro? ¿Quién se ocupa de su destino?

Chávez vive en las calles y con el pueblo y en el corazón de esta guerra que pasa por la identificación plena del enemigo interno.

Presidente Maduro: ponga el ojo donde haya que ponerlo. Ponga el ojo donde ponga la bala. El pueblo lo espera. No hay tiempo que perder.

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