Los perros de la MUD

No voy pa análisis, ni estar nombrando o calificando de éxito o no el encuentro con la oposición, cancilleres, curas y demás animales de esos con el gobierno y compas allí presentes. Solo comentaré desde los huesos. Y para eso hablaré de un tipo de perro.

Enfrentarse a un perro rabioso no es cualquier cosa. Imagínense no uno, imagínense estar frente a una jauría de estos animales que en algún momento perdieron todo contacto con la realidad y sensatez a su alrededor. Sus movimientos, su andar errático, sus miradas y su odio sólo van dirigidos a un objetivo: atacar, dentellear e infestar, contagiar todo lo que tienen al frente. Y cuando van en manada, aquello es un aquelarre de aullidos y mordisco entre ellos mismos mientras avanzan y retroceden, alcanzando presas.

El jueves pasado vimos, en cadena nacional de radio y televisión, cómo los perros rabiosos de la MUD, algunos más otros menos, pero todos, con espumita en la boca, lanzaban dentadas a su rival más inalcanzable dentro de su espiral de rabia después de Hugo Chávez: Nicolás Maduro.

Inalcanzable el tipo para la manada enferma. Cuando las circunstancias nos enfrentan en el camino, para estos animales infectados y violentos el primer impulso es la carrera, huir, ponerse a salvo: o enfrentarlos aunque eso represente un ataque seguro de ellos por su condición de irracionalidad ciega.

El ataque de la manada se dio, dejó un saldo de muertos, infectados y heridos que ya sabemos. Dejó destrucción y daños que aún se calculan. Infectando de su a odio a miles por el camino. Sólo los vacunados con el antídoto revolucionario firme lograron diluir su odio. Felizmente éramos y somos la mayoría.

Sólo dos veces, en revolución, esta manada de perros han entrado en Miraflores: durante un golpe de Estado, 12 de Abril del 2002 y 11 de Abril del 2014, durante otro golpe de Estado conjurado por pueblo y gobierno

El resultado de este llamado de Nicolás Maduro a enfrentar a la camada rabiosa a través de un cara a cara trasmitido públicamente tanto a nivel nacional como mundial, era predecible para el pueblo, que no se apartó del televisor hasta la última palabra dicha.

Cientos de peticiones imposibles de cumplir. Ellos lo saben y por eso fueron con ellas en el maletín de sus guarimbas. Desde la liberación de los asesinos del golpe, y desde la premisa de la calle como proclamar las barricadas y guarimbas como método de lucha heroico y justo. La locura rabiosa.

Sólo dos veces, en revolución, esta manada de perros han entrado en Miraflores: durante un golpe de Estado, 12 de Abril del 2002 y 11 de Abril del 2014, durante otro golpe de Estado conjurado por pueblo y gobierno. Las dos veces que se les ha permitido entrar ha sido para conjurar su odio de clase y poder. No entienden que ahora nosotros somos los que decimos "hasta aquí, no pasarán, no volverán".

Un verdadero diálogo comienza por que ellos acepten que sus pretensiones enfermas y rabiosas son las de acabar con el proceso revolucionario, con la voz de los que no la tenían y ahora gritan en las esquinas y plazas el terror y asco que nos tienen, lo insoportables que somos para ellos por haberlos, en segundo lugar -el primero es un peo de clases- desplazados del poder.

Que reconozcan que son culpables de las 40 muertes, de las universidades quemadas, de la angustia de miles de niños en urbanizaciones incendiadas y secuestradas, que reconozcan que sí trajeron paramilitares, que salvo una sola expresión, ninguno de ellos le tomó la palabra al Presidente y condenó la violencia. Que sí impulsaron una crisis alimentaria y quisieron sacar al pueblo a la calle con una guerra psicológica sostenida. Mientras no lo hagan, sus palabras sólo serán espuma de enfermo. ¿Que nos reconozcan a nosotros? Esa vaina ni falta nos hace, nosotros los reconocemos a ellos: son perros rabiosos de la MUD, de la burguesía, del imperio, del odio.

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