Lo que revela la pelea televisada entre Jaime Bayly y Rafael Poleo

Detrás de los golpes de pecho del presentador peruano y la destemplanza del periodista venezolano, existe una crisis profunda de los opinadores de oficio y los usos discursivos del antichavismo 2.0

Jaime Bayly suele presentarse como un personaje incómodo, tanto para quien le intente perturbar su catequismo yuppie como ante personas que piensen distinto a la visión ya clásica neoliberal de la democracia. En el escritorio donde se sienta la mayoría de sus tardes para hablar porquerías sobre Venezuela y el chavismo, Bayly consiguió a alguien que, pensó, podía defenestrar y así resolver el programa de ese día lunes 29 de enero de 2018, un día menos para que la dictadura caiga, según sus deseos.

Como vimos, Rafael Poleo se salió del guión y el presentador peruano lo censuró, en vivo y directo desde Miami. Esta foto en la que aparecen el editor de Zeta y Bayly gritándose y mandándose a callar, en plena exaltación del momento, sirve para enmarcar el paisaje de la oposición venezolana en este viacrucis hacia las mesas de negociación en República Dominicana y las venideras elecciones presidenciales. Por culpa del chavismo.

Allí, en esa escena de poco más de 12 minutos, no sólo se notó el dejo irracional contra todo lo que signifique, huela o apenas remita a chavismo; también se reventó la burbuja que intentan vender los propagandistas de NTN24 y demás séquitos de Miami en torno a la visión del conflicto venezolano.

Porque Bayly recibió un baño de real politik por parte de Poleo. Fíjense que el momento en que Bayly corta el segmento definitivamente, Poleo pretendía seguir hablando de Rex Tillerson y los planes de ExxonMobil por apropiarse del petróleo del Esequibo. 

Eso que el periodista venezolano llama "el mayor negocio en la historia de la humanidad: el gas y el petróleo en el Esequibo", enunciarlo así y desde una televisora que tiene por héroe a Marco Rubio, colmó el desengaño del presentador con su peluca, pues como bien dijo Poleo, a expensas de la aguda voz de Bayly, "los negocios determinan la política".

El hecho de que Estados Unidos tiene la mira en Venezuela desde hace tiempo no es un descubrimiento reciente, ni una noticia, ni mucho menos una suerte de teoría de la conspiración. Pero para la fiel audiencia de ese programa esto forma parte de una relato ficcional que sólo creen los comunistas y los paranoicos de oficio, no la gente "decente y pensante". Personas que responden a los parámetros mercantiles de una clase media cada vez más pauperizada (e idiotizada) a nivel mundial, aquí, en Miami y en Suecia.

Poleo también sufre del síndrome adeco del siglo XXI, tendencia Ramos Allup, y cree sin mediaciones que de esta "narcodictadura" se puede salir de una forma también adeca, porque business son business. Sin embargo, es un outsider de su propio mundo construido de la especulación mobiliaria en ese trozo de Caribe nombrado Florida.

No es que el mencionado neoadeco sea una luminaria en materia geopolítica, pero sabe leer los momentos políticos, conoce la historia de Venezuela y se distancia de las figuras como el mismo Bayly o Capriles Radonski, tan denostado en sus columnas para El Nuevo País.

Al escribir esto no se intenta ponerse al lado de Poleo, muy lejos estamos de coincidir en postura política. Más bien se trata de poner en el centro lo que dice el venezolano y que tanto molesta al peruano: una verdad que insoportable para él, al otro lado de la acera, pues ambos discursos se contradicen porque responden a diferentes tipos de audiencia e intereses, aun siendo los dos antichavistas de lleno.

Bayly le dijo a Poleo que "tu discurso calza a la perfección con el de Maduro" y que "tú te has puesto chavista", argumentos que repiten constantemente los que piensan que está bien apuñalear, linchar y quemar gente viva, como Orlando Figuera en la plaza Altamira en mayo de 2017. Ese mercado se caracteriza por basarse en un puñado de gente que ve en la plutocracia financiera-militar estadounidense un modelo de mímesis social e intelectual, pues su discurso se acerca a las propuestas de quienes baten las banderas de las luces y la civilización contra la oscuridad chavista.

En el supuesto de que el periodismo profesional pudiera tener alguna capacidad de enunciar discursos audaces en el campo de la investigación y la información, Bayly y Poleo terminaron de enterrar cualquier tipo de duda con gritos incluidos. Pues ni siquiera entre ellos pueden coordinar un simple acto de propaganda en torno a una posible invasión militar sobre Venezuela.

Esos dos personajes sentados en el estudio de Bayly, amenazados de faringitis por tanto aire acondicionado y recriminándose mutuamente, conforman una foto (una más entre el ancho álbum que producen diariamente) de una época para el antichavismo claramente mediocre, que también muestra el tamaño del cisma que atraviesa a la urbanización intelectual opositora y devela una pesada frustración en hombros que tiene como consecuencia estas rabietas espontáneas entre quienes se dicen los adalides de la verdad y la justicia liberales. Otra vez, por culpa de Maduro, y claro: de Chávez.

Hay que estar pendiente del próximo editorial de Poleo ("no hay mal que por bien no venga"), probablemente incomodará a los Jaime Bayly de la región en más de un sentido.

Notas relacionadas