La soledad de Nicolás en la guerra económica y el bienandro

Durante el año 2015 se hicieron tristemente comunes en las redes sociales y artículos de opinión los "llamados de atención", las "críticas" y "autocríticas" hacia el gobierno central y su política económica. Lamentablemente para todos muy pocas de esas palabras estuvieron acompañadas de acciones. No hubo boicot en el consumo de los productos ni protestas en frente de la Polar, los consejos comunales no entraron masivamente a los depósitos de los establecimientos que esconden los productos, sino que nos quedamos amodorrados esperando que Nicolás nos hiciera el mercado y nos lo llevara para la casa.

Esto pasó en el universo del internet y la ciudad, porque sé de casos de personas comprometidas que se lanzaron a fiscalizaciones populares de los comercios en el 23 de Enero, de campesinos chavistas en Lara, Yaracuy y Portuguesa que de forma independiente y sin arenga del Estado hicieron cientos de mercados populares a cielo abierto con los alimentos que produjeron ellos mismos, de personas que se dedicaron incansablemente a enseñar cómo se hace un jabón. También he sido testigo de que en la periferia rural de Barquisimeto cada vez más se puede ver a las personas caminando por la calle con una matica en la mano, un hijo de topocho, una moringa, un aguacate, unas semillas de habas.

Cada uno de esos pequeños gestos nos hablan de una potencia que está apenas germinando y que se constituye en oposición creativa ante esa actitud reaccionaria que se esconde detrás de la esperanza de volver a la Venezuela previa a la guerra. Si tú quieres que todo se consiga, que no haya colas, que sea barato y que además no tengas ninguna participación en la producción de esos bienes: eres escuálido, y así votes mil veces por el Gran Polo Patriótico estás minando los caminos a la otra cultura necesaria para la supervivencia de nuestra especie. ¿Oyó bien? Eres escuálido.

Lamentablemente y por diseño de los dueños del mundo nuestro país fue obligado desde principios del siglo 20 al triste papel de extractor de materias primas, importador de cachibaches y administrador de tecnologías foráneas. Eso se llama División Internacional del Trabajo, es la forma en que se manifiesta el internacionalismo propietario: cada país solo es un eslabón para que se enriquezcan más los que ya todo poseen. Desde nuestra educación hasta nuestras muertes están previamente diseñadas desde hace cientos de años en función de los intereses de los más ricos.

Antes de Chávez y Maduro, aquí el gobierno le cogía líneas a los organismos mafiosos como el FMI, el Banco Mundial y hasta al Club Bilderberg; afortunadamente hoy sólo los privados le hacen el coro.

No vamos a ganar la guerra comportándonos como un nido de pichones

Ese diseño hizo posible que en nuestro país hoy viva en entornos urbanos un 94.11% de la población según la FAO, cuyos empleos en su mayoría están relacionados a la minería petrolera en cualquiera de sus etapas, al comercio o a la administración pública. Es decir, no tenemos capacidad productiva y tenemos empleos viciados, donde aún trabajando la jornada completa y siendo gente honesta, no tenemos impacto real en la generación de los bienes que disfrutamos y la comida que nos comemos. Técnicamente somos parásitos, todo ese déficit de producción es causa y consecuencia del rentismo petrolero, que nos permite sacar dinero prácticamente gratis del subsuelo para satisfacer nuestras carencias.

Sabiendo que más del 94% vive en ciudad queda claro que, por más bolas que le echen los campesinos, no vamos a poder ganar la guerra económica teniendo una población que se comporta como un nido de pichones: pidiendo y pidiendo, piando y piando, tuiteando y tuiteando, aporreando y aporreando. Necesariamente debemos comenzar a tener actividades más productivas para poder ayudar a Nicolás en todo este peo, no importa si es en un nivel de microproducción. Incluso cultivar una parte de los alimentos que consumimos es un acto de resistencia a la guerra con un impacto pequeño, pero certero.

Los bienandros como propuesta

Chávez en este video convoca a los chamos que andan atracando, extorsionando y jodiendo a que se incorporen a la revolución. Yo hago extensiva esa invitación a los citadinos, incluyéndome: en vez de cambiar una bicha por una computadora, cambiemos el trabajo asalariado en las instituciones públicas y privadas por una vaina productiva.

Todos nosotros, como tuiteros profesionales, queremos es que Nicolás nos pare bolas y nos ponga todo papita. En vez de estar en nuestras comunidades o buscando hacer algo útil de nuestras vidas, nos sumimos en la pasividad de constituirnos como consejeros de la corte real, todos queremos ser el que le baja líneas a Nicolás y los ministros. ¿La calle, el caserío y el campo? Bien gracias (mandó a decir El Picure).

Desde hace más de una década tenemos pistas del desarrollo logístico y territorial que tienen los paramilitares colombianos en nuestro país, se han insertado efectivamente en las comunidades más alejadas y menos atendidas, justo donde se encuentra el chavismo más duro. El Picure, mencionado en el párrafo anterior, puede que sea la muestra "nacionalizada" más elaborada del despliegue de este fenómeno.

En estos territorios donde el chavismo manda, los paramilitares se han insertado en el tejido social y comercial, convirtiéndose en operadores comunitarios efectivos, solidarios, tienen un papel indispensable en algunos lugares. Ellos cuentan con mucha plata detrás, su organización les provee de los recursos para montar un negocito: un parley, una agencia de loterías, una panadería, una peluquería, una tienda de pantaletas, una banca de caballos, una línea de mototaxis, una casa de empeño, una iglesia cristiana evangélica. Y a través de esta infraestructura se convierten en concentradores de recursos y de información valiosa, un trabajo de inteligencia que va a servir en cualquier momento para una toma del territorio o para acciones de desestabilización.

Vayámonos a bienandrear ensayando cómo no ser parásitos en el campo

Los paracos nos llevan una morena, entre ellos podemos notar un sentido de organización y de responsabilidad que podemos tomar como ejemplo, salvando las distancias. Hay un paraco que fue detectado con señas muy específicas e interesantes: el tipo es ingeniero civil, habla inglés perfectamente, de nacionalidad colombiana, de conversación amena, y en vez de aspirar a dirigir obras de construcción, firmar proyectos o ser ministro de transporte de Colombia, el tipo asumió una tarea humilde como chofer en una línea de taxis que apareció repentinamente en el estado Lara.

Para los paracos hay una razón instrumental en estar dentro de las comunidades campesinas y en los barrios, para ellos es un medio, son hipócritas, pero muy buenos hipócritas. Para nosotros la organización popular como iguales no puede ser instrumentalizable, ese experimento es el camino mismo a otra sociedad. ¿Nos lo vamos a perder?

Ahora bien. No podemos ser todos caciques, Nicolás no tiene por qué someter las políticas económicas a las opiniones enfermas de nosotros, los parásitos estructurales, que jamás hemos sembrado ni gamelote.

Por un momento imagínate que dejas tu trabajo de oficina y decides irte a una comunidad campesina por un tiempo indefinido, quizás toda la vida, a hacer políticas codo a codo con todos los que ahí viven al calor del consejo comunal, te insertas con humildad como uno más en el trabajo, como uno más en la convivencia, discriminando bien cuáles podrían ser tus aportes y cuáles son tus malcriadeces de citadino, viendo cómo te transformas en otra cosa, en algo no parasitario, no prepotente, no tecnócrata, no conocido.

Sinceramente, tú, compañero chavista que vive en una ciudad, ¿te atreverías a hacer esa vaina o estás esperando que eso también lo haga Nicolás? Porque justo eso es lo que están haciendo nuestros enemigos, y se están haciendo muy buenos en ello.

Planifiquemos nuestra renuncia de las instituciones del Estado donde estamos es calentando una maldita silla y gastando electricidad revisando estupideces en una computadora y vayámonos a bienandrear ensayando cómo no ser parásitos en el campo. El 5% del país y Nicolás no podrán solos contra todos los ricos del mundo.

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