La "burocracia necesaria": ese rancio constructo puntofijista

"Nuestra prioridad no es un cargo, sino hacer irreversible la revolución".

Robert Serra


Hugo Chávez fue muy injusto consigo mismo. En varias oportunidades Fidel Castro le reclamó con fraternal firmeza ese afán penitente de adjudicarse culpas únicamente atribuibles a individuos(as) de fehaciente discrecionalidad corrupta. Luis Miquilena forjó sin ningún esfuerzo intelectual su propio paradigma de corrupto traidor, el molde no se ha roto y anda suelto por ahí buscando a quien calzarle, muchos aplican pocos son los designados.

La autocrítica no es cuestión de mea culpa y menos cuando de corrupción se trata. El delito administrativo es cuestión de hechos, evidencias, pruebas; juicio y proceso con las respectivas sanciones notorias, públicas, y comunicacionales, incluidas las penas de ley. Y no es crítica ni autocrítica la opinión personal fundada en chismes y corrillos, en la "muy buena fuente" del primo, del primo palaciego; eso es vilipendio, difamación. Existen leyes y reglamentos, todo un ordenamiento penal para aplicar de inmediato aunque la corrupción no prescriba como delito.

La burocracia alimentada durante casi 70 años de consolidado rentismo petrolero, engendra y reproduce corrupción pública -privada también, pero ésta es cómodamente determinable y no debilita gobiernos-, porque el burocratismo, esa aberración adeco-burguesa, permea hasta el último rincón de la estructura liberal parasitaria que aún patalea, se niega a morir y la combatimos piadosamente, con lástima, con tolerante nostalgia puntofijista. La dejamos pasar dejándola hacer. 

Un dirigente que afirme que cierta burocracia es necesaria se delata a sí mismo, es un burócrata en ejercicio, su prioridad es el cargo. La burocracia no es requisito sine qua non para dinamizar un proyecto socialista, todo lo contrario, remitámonos a la experiencia histórica, a lo probado y comprobado en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, incluyendo Guerra Fría, fortalecimiento del Imperio USA y la unipolaridad bélica como daño colateral sobrellevado hasta ahora por el mundo entero.

Es de insensatos concederle a la burocracia estatus de aparato gubernamental, es incongruente organizarse en torno a burós y atender a cúpulas, a los "de arriba", al alto gobierno, por su elemental adscripción a algún buró y no por su liderazgo ganado a pulso batallando contra el enemigo, dando ejemplo a imagen y semejanza chavista, comprometido cada minuto de su vida con la revolución bolivariana, cual Robert Serra.

Además de arbitrariedad semántica, es un lugar común de izquierdas y craso error político connotar buró como instancia organizativa fundamental, particularmente cuando partimos de propuestas organizativas revolucionarias, transformadoras, liberadoras; buró es una simple palabra -del francés bureau: escritorio u oficina-, referente a un contexto específico de participación popular constreñida por alguna razón circunstancial, en la Europa de los siglos diecinueve y veinte.

Nada que ver con nosotros: la palabreja buró nos la impusieron por un lado el populismo oportunista de Betancourt, y por el otro el centralismo disciplinario acrítico de euro-partido- comunista, contrariando ambos bandos nuestra indomable identidad caribe.

Nada que ver con la vertiginosa historia nuestra de todos los días, sacudida cada 24 horas por un nuevo asalto fascista cobrado en vidas, en pérdidas materiales irreparables, en caos social, en insumos para la mediática terrorista internacional, en angustia y zozobra para el pueblo en inédita resistencia de vencedores.

Aquí no hay nada que reclamarle al pueblo en resistencia

Tenemos que redimensionar el costo de las vacilaciones tácticas, el costo profundo de las heridas de vida, muerte y amor que laceran a la Revolución Bolivariana luego de cualquier traspié estratégico; luego de la partida de Chávez.

Es tarea de todos, no sólo de Maduro, evaluar, diagnosticar y voltear la tortilla de una sola e inmediata vuelta de sartén, antes de que se queme; para eso es que sirven la crítica y la autocrítica del proceso en su devenir; de los funcionarios y el poder que detentan; del partido y su dinámica orgánica; de las políticas y sus resultados concretos; y por qué no, de todas y cada una de las individualidades mediáticas y personalidades públicas que influyen culturalmente en esta etapa de construcción "modélica" de la revolución chavista.

Con frecuencia se cae en la tentación de diagramar crucigramas sociologéticos porque el entorno convulso apremia veleidades didácticas, pero está suficientemente comprobado que todas las academias y sus respectivos académicos balbucean cuando se trata de desmontar el modelo civilizatorio capitalista burgués.

La burocracia es hija legítima de la lumpen-burguesía, en septiembre de 1985, Federico Brito Figueroa publicó en Últimas Noticias: "En el cuadro de la vida pública venezolana, en la década 1948-1958, se constata el influjo de una masa de capital caracterizado en la mayoría de nuestros textos fundamentales como un singular fenómeno de acumulación originaria de capital, y que ahora proponemos llamar directamente acumulación delictiva de capital, porque es el resultado del robo con el apoyo de las instituciones estatales, la influencia de los más calificados representantes del poder político y el tráfico de comisiones y recomendaciones. Ese fenómeno cada vez más significativo en la Venezuela actual, constituye la base material para el desarrollo de un nuevo y poderoso sector en la estructura social de las clases poseyentes nativas, que venimos denominando, ya desde los años sesenta, burguesía burocrática y peculadora o simplemente lumpen-burguesía".

En estos días, un señor cuya trayectoria poco dice de su origen, molesto porque lo sacaron "ilegalmente" según sus propias palabras, de la UBV donde daba clases de economía política, drenó su desilusión de remunerado académico "marxista" -según él-, en una larga disertación preñada de justificaciones retóricas. ¿Por qué reseñarlo en este momento? Porque a su imagen y semejanza abundan los parlanchines que se las saben todas a la hora de exhibir sin recato, contra Maduro y la revolución bolivariana, sus frustres outsider de burócratas resentidos.

Esos académicos opinantes no llegan ni a enterarse que ellos son lo más escogido de la burocracia burguesa, porque burguesa es y en corrupta se convertirá.

La única manera de combatir la corrupción es desnudando a la burocracia, despojando a los nueve-nueve de poder, dejándolos sin los privilegios abusivos que confiere la administración. Mientras los Poderes Públicos sean sinónimo de funcionariato, de cargos, de aparato, de vanguardia política, los partidos crecerán en cantidad y los imaginarios reproducirán la vieja meritocracia puntofijista y el nuevo rentismo clasemedia progresista.

El pensamiento burócrata es hegemónico, es uno solo y no hay otro distinto -no hay pensamiento hegemónico alguno por inventar ni descubrir-, toda hegemonía es contrarrevolucionaria, y la de pensamiento es sinónimo de ideología, e ideología es: falsa conciencia.

Pretender hegemonizar el pensamiento es una trampa vaticana -el Estado burócrata por la gracia de Dios-, del siglo veintiuno, un absurdo histórico. El pensamiento hegemónico legitima la espada y la cruz con la que fueron cercenadas las culturas y masacrados los pueblos originarios de Nuestra América, eso sin relatar la silenciada y secular épica de resistencia asiática y africana contra la civilizada hegemonía occidental. 

Aquí no hay nada que reclamarle al pueblo en resistencia. El 6-D se tongonea con su bojote progresista.

El pueblo no es burócrata, trabaja muy duro siendo explotado por la burguesía apátrida. Nuestro pueblo está indicando el camino de la revolución proletaria desde 1989 cuando se alzó -nada más y nada menos- contra el Fondo Monetario Internacional y lo pagó con creces. Así lo entendió con su agudo intelecto y su profunda sensibilidad, Hugo Chávez, por eso encaró la responsabilidad de asumir su ruta interpretando las señales corajudas del pueblo venezolano que son las mismas de los pueblos nuestroamericanos y más allá; hasta donde Chávez llegó, vio y amó.

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