La estrategia de la negación y la política exterior antichavista

La guerra económica según la retórica negacionista del antichavismo, es una especie de "coco", algo que no existe. Y aunque es un hecho que nadie tiene evidencias del fulano en cuestión, a la guerra económica, esa variante económica de la guerra no convencional contra Venezuela y contra el chavismo, sí se le puede apreciar en todos los espacios de la vida donde son palpables las expresiones de caotización de los sistemas y subsistemas de abastecimiento y precios. Al día de hoy las placas tectónicas de la política venezolana se mueven de manera tal, que la conectan a agendas extranjeras, que como la guerra económica también son negadas por la dirigencia antichavista.

En política los beneficiarios usuales de las crisis económicas (sea ésta por razones sobrevenidas o inducidas) son las fuerzas de oposición política. Eso en Venezuela es evidentemente palpable. Dicho así, la conjugación de los actores de la caotización se perfila en un discurso de la negación perenne, para saber endosar al chavismo y su conducción económica absolutamente todos los males palpables por la población venezolana que ya tiene sus bolsillos bastante rotos.

La negación económico-política

No hay un economista, ni siquiera de la derecha recalcitrante, que se atreva a hablar de la transparencia matemática del dólar paralelo. En lo que coinciden todos los análisis es que no hay transparencia en ese juego especulativo. Luego de esa afirmación, las explicaciones derivadas del economicismo escuálido apuntan siempre a la política económica como la causa fundamental de que una partida de ladrones saboteen la economía aguas abajo, donde ocurre el desmadre en los sistemas de precios y la inflación galopa aupada por la especulación, o lo que es de facto, la referenciación de todos los precios a los aumentos del dólar paralelo.

La inteligente retórica escuálida impone la creencia (lamentablemente aceptada por muchos) de que en el actual desmadre económico donde los pobres se empobrecen más, los ricos, la élite, los especuladores de todos los tamaños, no tienen nada que ver. Es una paradoja del discurso que contrasta con los hechos. La mejor conquista en el hecho económico que el antichavismo ha consolidado es la de segmentos empobrecidos de la población que no se atreven a señalar a los amos beneficiarios del desastre.

Por otro lado han logrado parcialmente disfrazar la coyuntura económica actual como una cuestión desligada del hecho político, en su bemol de que, la economía venezolana, regida por castas empresariales abiertamente opositoras al chavismo, simplemente sufre los embates de la política económica chavista y que los desmanes contra la población que apreciamos a diario desde empresas a comercios, no tiene el móvil político de liquidar el apoyo al chavismo. Esto pese a que siempre la labia política de la MUD centralice todas las culpas al chavismo, en una evidente retórica pendenciera y politiquera. Entendamos esas negaciones para interpretar lo que sigue.

La negación de la agenda extranjera

Sobre el discurso de la economía absolutamente avasallada por la crisis, la dirigencia antichavista ha emprendido un efectivo discurso a lo interno que bien les ha servido para ampliar su base de apoyo político, pues este se ha fundamentado permanentemente en la cuestión del descontento, no en una postura de alternativa real y creíble para las aspiraciones de las grandes mayorías. No tienen proyecto.

Ahora bien, es un hecho que intermitentemente han intentado trasladar la retórica de la crisis al extranjero para aupar con ello el rol de países-agentes e instancias como la OEA, en una situación más activa frente a Venezuela. Intentan producir un cerco, amalgamando el tema económico a los desgastados argumentos de "la dictadura", "la represión", "los presos políticos", "la violación al Estado de derecho", etcétera. Recordemos la cacareada "crisis humanitaria" que durante 2016 emplearon como vehículo del injerencismo y la manipulación desde el exterior de la vida política venezolana.

No dicen que su estrategia incluye la caotización económica y la injerencia extranjera

El argumento, entonces, está siendo reutilizado en estos momentos en el frente externo antichavista. La caotización económica inducida por la élite empresarial venezolana y sus vasallos políticos está siendo denunciada por el antichavismo en el extranjero como fórmula argumental para acelerar y promover acciones contundentes contra Venezuela.

Jugándose la carta de promover el intervencionismo, Julio Borges se fue de gira hace poco para interactuar con lobbys del poder fáctico internacional y trajo consigo esta frase: "Lo importante es que se cree un bloque unánime de todos los países donde Venezuela quede aislada, contra la pared". A lo que además agregó: el país "se convirtió en una especie de enfermedad contagiosa en toda la región", donde la capacidad de los países de recibir venezolanos que huyen de la crisis "se ha sobrepasado".

Solicitando la aplicación de la Carta Democrática Interamericana contra Venezuela, Borges remata con una mixtura donde coloca todos los elementos discursivos en el asador y en una sola frase: "La sensación que hay en todas partes del mundo es que en Venezuela hay un problema democrático grave, de derechos humanos (...) Este modelo fracasó, los niños mueren de hambre".

La postura de Borges no está aislada y en efecto no es nada inocente, pues en simultáneo el Senado de los Estados Unidos emitió una resolución refiriéndose a Venezuela en temas claves posicionados, a saber: crisis humanitaria, crisis económica, presos políticos, derechos humanos, corrupción, criminalidad, los procesos democráticos, la crisis constitucional, etcétera. La resolución además se inscribe en la resurrección de la opción de la aplicación de la Carta Democrática contra nuestro país. Almagro respondió con algarabía la reacción del Senado norteamericano, al mismo estilo del peón que aplaude al patrón por hacer la labor que él no pudo. Parece que la continuidad de la política de Obama contra Venezuela se consuma, protagonizada por la burocracia de primer nivel en Washington.

Al menos cuatro presidentes latinoamericanos anotados en la línea de la derecha política continental se han reunido hasta el momento o han conversado vía telefónica con Donald Trump, siendo el tema segundario la cuestión venezolana y las "preocupaciones" con respecto a nuestro país. Dicho de otra manera, Venezuela marca la agenda norteamericana para América Latina, pues este subcontinente es todo -excepto Venezuela- como un "perro simpático que no da problemas", dicho así por Pedro Pablo Kuczynski, presidente del Perú, quien desde EEUU se refirió también a Venezuela.

La componenda de la política interamericana se mueve en la dirección en que se aproxima una nueva arremetida de injerencismo político institucional contra Venezuela en el frente OEA y en las propias instituciones norteamericanas como sus dos cámaras del parlamento y el Departamento de Estado norteamericano. Todo esto, luego del fabuloso lobby que el senador gringo Marco Rubio le hiciera a Lilian Tintori frente al primer presidente anaranjado de Imperiolandia. Nada está desconectado.

Pero paradójicamente la abierta agenda que la derecha venezolana reperfila en el extranjero es negada por sus voceros y caras visibles. Aunque lo que está a la vista no necesita anteojos, lo niegan, pues hasta el mismo Julio Borges niega que sus giras tengan algún propósito relacionado con la solicitud de intervención a nuestro país y a nuestras instituciones, tal cosa las califica de "ridiculez". Lo mismo aplica para Lilian Tintori y aplicó en su momento para Ramos Allup.

Han negado los actos claros de traición a la patria que constituye ir a países o instancias internacionales a solicitar una intervención a las instituciones nacionales. Niegan que su agenda afecta al país, pues defienden que con estas acciones sólo se quiere afectar a personas específicas del chavismo en el gobierno. Con ello barren bajo la alfombra eludiendo los efectos subsecuentes que tendría la aplicación de la famosa Carta, en la facultad venezolana de implementar tratados comerciales vigentes y que necesariamente dependen del aval político del llamado "sistema interamericano". Obvian que tal cuestión profundizaría la asfixia económica del pueblo que tanto dicen defender.

El "yo no fuiísmo" no dejará de sorprender

Quizás la razón de la negación de las agendas extranjeras de la derecha venezolana apunte a un rasgo sustantivo del imaginario político venezolano y que nos involucra a todos sin separaciones políticas: según Hinterlaces más del 75% de la población venezolana rechaza cualquier acción de intervención extranjera para propiciar un desplazamiento del poder político en nuestro país. La cuestión del no injerencismo ha calado de manera transversal en el devenir nacional y, por razones obvias, las inmensas mayorías nacionales no avalan, no quieren, que EEUU tenga demasiado sus narices metidas en los asuntos venezolanos. Más allá de las distinciones políticas internas, los venezolanos entendemos el significado de tal cuestión y la traducción en los hechos que ha tenido el injerencismo norteamericano en otros países petroleros del mundo.

De hecho, en un pasado no tan distante, cuando la gestión en la Casa Blanca solía ser más "elegante" y menos rudimentaria de lo que hoy es, el mismo gobierno norteamericano se abstuvo en ocasiones de actuar abiertamente contra Venezuela, pues tal cuestión pudo generar un efecto desfavorable a sus serviles políticos en la MUD de cara al proceso electoral de 2015. La gestión de Obama fue cauta en no generar condiciones que detonaran el rechazo automático a la MUD por venir apadrinados desde afuera a patotear la vida política venezolana.

La derecha venezolana, tal como niega su rol en el desmadre económico nacional, niega y seguirá negando su lobby externo, sus alianzas y sus conchupancias. Tanto es así, que prefieren la intermediación de actores externos (como Almagro) para que hagan las diligencias y ellos no enlodarse tanto solicitando los buenos oficios de Gringolandia y sus países vasallos. Se ve mal, se percibe mal, es en esencia políticamente contraproducente. Y he ahí que el relato de las nuevas arremetidas que vendrán dirá textualmente que "los países preocupados por Venezuela, son los que asumen" poner en el carril a Maduro, bla bla bla. Es decir, ellos no tendrían nada que ver.

Otro argumento falaz que vendrá será el de que (tal como dicen que sucede con la economía) la política bolivariana "será la responsable y causante" de la acción extranjera en nuestro país. No es menor esa afirmación, ya el Senado norteamericano en su resolución ha señalado que "Mientras más persista el presidente Maduro y su gobierno en posiciones intransigentes, retrógradas y transgresoras de la ley, más será el tiempo que los ciudadanos venezolanos sufrirán".

La sociedad de cómplices del "yo no fuiísmo" no va a dejar de sorprendernos. Contemos con eso. La conjura de poderes fácticos e intereses concretos sobre Venezuela va a continuar.

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