El barco negrero deportivo del siglo XXI

Que un pelotero cubano debute en las Grandes Ligas representa un gran atractivo para la sociedad norteamericana: satura, mediáticamente, la insaciable hambre de hurgar en la roncha castrista que vive el pueblo cubano, llaga cotidiana que expresa la "equivocación" de haber decidido un camino histórico distinto al capitalismo gringo.

Otorgarle un contrato milmillonario funciona, por un lado, como profilaxis individual a cuentagotas del régimen cubano (lo salvamos del hambre y la miseria de la isla) y, por otro, como encubrimiento de mafias, mercados negros y tratas inhumanas hacia los menores que, convocados por sus compatriotas de otrora (el plastimusculoso de José Canseco, por dar un sólo ejemplo), buscan el éxito en las jaulas estalladas de luz, propaganda y obesidad mórbida que proporcionan látigo con elevadas dosis de expectativas.

Así funciona la trata peloteril

Los peloteros cubanos para tener un chance de llegar a las Grandes Ligas tienen que cumplir primero con la máxima gusanera: pirarse de la isla a como dé lugar. Así funciona el bloqueo y el mastique chimbo después de la filtración.

Las mafias y los agentes de los equipos de las Grandes Ligas actúan de la mano

Las mafias centrocaribeñas y mexicanas (aquí entran desde carteles de la droga como Los Zetas hasta carapachos purulentos de ong) se encargan del transporte negrero previo escauteo: los infiltrados de los equipos de las mayores pillan a los jugadores que más se destacan y dan luz verde para su extracción con destino directo a las plantaciones de la satisfacción norteamericana.

Los montan en una lancha (caso reciente Yasel Puig, campesino millonario bien vestido sobre grama sintética) apilados llevando coñazo contra la marea y los llevan a países como México o República Dominicana.

Les pagan un motel y las comidas que le dan en los campos de entrenamiento: cual régimen carcelario, uniformados y la hora exacta parado firme. Si no se apela a la trata, los jugadores tienen que pasar por el draft legalito, lo cual aumenta su precio. La MLB es una empresa como cualquier otra, mientras mejor rentabilidad tenga con mucho más estilo es la jugada en primera. Por esta razón los depositan en otros países, para ir pellizcando la embrionaria cuenta de ahorros del esclavo moderno. Es la razón por la cual la mayoría de los contratos se firman en países centroamericanos.

Una vez en estos países aparece el mercado negro de las nacionalidades, precinto fabril para que salgas rápido y sin precio máximo de venta hacia los brazos de tus legítimos dueños. En un ejercicio de super eficacia administrativa, un pelotero cubano puede nacionalizarse en un mes, sin necesidad de casarse ni mucho menos. Cuando se considera que estás al peluche, te firman tu contrato (los del barco negrero rescatan su billetico por la transacción en el Atlántico) y te pones la camiseta al día siguiente. Eso sí, con todo y rueda de prensa y entrevistas llegas al país nevado, certificando que todo se hizo en el marco de la legalidad imperial.

Las mafias y los agentes de los equipos de las Grandes Ligas actúan de la mano. Los primeros encadenan y esposan al aspirante. Los segundos estampan con su rúbrica el despiste ingenioso: certifico que no hay nada extraño con respecto a las negociaciones realizadas por fuera del draft y el país de origen.

Par de daticos nada más

Henry Urrutia, Jorge Soler y Armando Rivero (peloteros cubanos firmados en las mayores) por mencionar algunos, firmaron contrato con documentos de residencia en Haití. Los mismos entrenaban en República Dominicana. Cuba es parte del pasado miserable y el American Dream durará mientras funcione el manguito rotatorio. El papel lo aguanta todo y el mercado negro de pasaportes también.

Guillermo Rigendoux, increíble pugilista cubano. Una defensa excepcional y una pegada monstruosa. Ganador de cualquier título que se lo mostró en mesa de cristal. Se escapó de la isla y su debut fue en Miami el 22 de mayo de 2009.

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