El anticredo del Perro

No creo en el mamagüevo que anda bravo con el Gobierno porque éste no le ha hecho la Revolución que él quería. Como si la Revolución la hicieran los gobiernos y no los pueblos.
 
No creo en el carecuca que antes de 1998 discurseaba y sudaba con la prédica revolucionaria y hoy anda a punto de pasarse a la derecha porque "su" alcalde no tiene bonita la ciudad, porque no encuentra papel para limpiarse el culo y porque no hay harina pan. Como si la proliferación de esa maldita  harina no estuviera financiando el golpismo y entronizando entre nosotros, inventores de la arepa de maíz de verdad, costumbres del capitalismo industrial.
 
No creo en el funcionario empaltosao que me dice que me comporte como el Che Guevara mientras él se comporta como Bill Gates.
 
No creo en el pendejo que abraza una causa equis, a la que llama revolucionaria, y si el Gobierno no se la ejecuta o se la financia entonces entra en crisis de identidad política. Porque el día que Capriles le diga a ese chupabornes: "Mira, yo te apruebo el matrimonio gay, yo te legalizo la mariguana" entonces es capaz de volverse caprilero.
 
No creo en el rolitranco de güevón que se siente culpable, dolido o misericordioso cada vez que la Guardia Nacional le revienta los esfínteres a patadas a un sifrino de esos que llaman "guarimberos", y sale a "levantar la voz por los derechos humanos" de ese venezolano coñaceado. Como si la Guardia Nacional no estuviera hoy protagonizando un acto de justicia histórica: ese cuerpo al servicio de la burguesía que lo creó está integrado por seres humildes que, por primera vez en la vida, no están agrediendo al pueblo pobre (como lo hicieron en todo el siglo XX) sino a los activadores de un plan para montar en Miraflores a un empresario de mierda.
 
 

No creo en el relambepipe que dice creer en la Democracia Participativa y Protagónica, pero que a la hora de la chiquita reclama y exige que el Gobierno haga todo por él y por su gente cercana

 
No creo en el burrundango de pajúo que cree que para que se consolide la Revolución hay que hacer lo mismo que hizo la burguesía para convertirse en poder: privilegiar al intelectual acomodado, aislar del barro y el conuco a ciertos tipos cuya única misión es pensar; apartar del pueblo al niñito perfumado cuyo futuro es echarles discursos a los niñitos jediondos que en ese mismo futuro serán esclavos del que sólo piensa y escribe.
 
No creo en el relambepipe que dice creer en la Democracia Participativa y Protagónica, pero que a la hora de la chiquita reclama y exige que el Gobierno haga todo por él y por su gente cercana: que le arregle las aceras y le limpie las plazas, que les eche coñazos a los guarimberos, que prohíba el reggaetón, que le dé comida gratis o barata (pero no siembras ni una mata de ají en tu patio o balcón, coñoetumadre), que le regale una casa, que le dé culo y le pague: qué forma tan de pinga de participar.
 
No creo en la amistad como en el invento más arrecho del hombre, porque si así fuera yo todavía sería pana de una parranda de comemierdas que yo quería y que me adoraban, pero que me execraron o me quisieron culpar de sus tragedias y miseria, sólo porque soy chavista. Así que no creo en la amistad por la amistad sino en la verdad que vuelve pedazos las amistades de cartón o de papel.
 
No creo en Pablo Neruda, ese burgués exquisito disfrazado de comunista que en los primeros años de la Revolución Cubana fue a la isla dizque a darles recitales a los obreros, y pretendía cobrar 5 mil dólares por presentación; ese buen poeta pero pésimo ser humano a quien no en balde ni de gratis la historia burguesa ha adulado y montado en luminoso pedestal al lado de otros premios Nobel burgueses y putrefactos. En Pablo Picasso tampoco creo mucho, pero la biografía de ese coño es muy arrecha, así que la tengo en observación.
 
Todo ese párrafo anterior para significar que al menos creo en algo: creo en los poderes creadores del pueblo, y que no venga un seudocomunista del PCV (no creo en los que creen que todos los comunistas pertenecen al PCV, ni que todos los militantes del PCV son comunistas) a decir que ese verso es propiedad de un carajo que fue militante de ese partido, porque ni la cultura, ni la poesía ni el verbo tienen dueño.
Etiquetas: 

Notas relacionadas