Sobre la crisis hospitalaria en Venezuela, más allá del titular

Vuelve el Hospital de Niños J.M. de los Ríos a ocupar titulares en los mismos portales noticiosos que se nutren de la crisis hospitalaria para engrosar la lista de reclamos al Gobierno o las pésimas gestiones administrativas en el sector salud.

A primera vista uno empatiza rápidamente con el dolor ajeno, y es que, ¿a quién le van a echar cuentos sobre lo que está pasando en los hospitales? Todos los venezolanos hemos vivido de forma directa o por retruque lo difícil que resulta hoy día una travesía hospitalaria.

Pero cuando apartas la madeja de terminologías periodísticas -que además se aderezan con terminología médica- se vislumbra un poco lo que hay detrás de la necesidad de mantener el tema de las desgracias hospitalarias en boga, que no tiene nada que ver con mantenernos informados. No sé ustedes, pero con respecto al J.M. de los Ríos, recuerdo que durante todo 2016 y parte de 2017 estos mismos medios se enfocaron casi de manera exclusiva en ese hospital. Varios dirigentes de partidos como Primero Justicia organizaron desde protestas hasta supuestas donaciones de medicinas conseguidas en Estados Unidos. Todo en el marco de la campaña "canal humanitario" que, como dijimos en ese entonces, también incluía ONGs, estudiantes de universidades privadas, artistas nacionales e internacionales, cadenas de farmacia y servicios de encomiendas internacionales.

Hagamos un apartado, porque es justo aquí donde comienzan a tildarlo a uno de "justificador" por redes sociales, porque no hacer leña del árbol caído es según ellos contradictorio, porque no teclear hasta el cansancio la travesía de cualquier venezolano por un hospital público es esconder la realidad, como si la realidad no me golpeara a mí misma cada vez que atravieso las puertas de algún centro de salud, como si necesitara tuitearlo para poder reconocerlo.

Sí, hay incontables fallas en el sistema de salud, que van desde la escasez de medicamento hasta el maltrato que recibe un paciente en alguna institución. De la primera va a encontrar usted innumerables tratados soportados en teorías como la ineficiencia y la corrupción; del segundo sólo va a encontrar anécdotas, pues pareciera no estar permitido ahondar en qué es lo que convierte a un médico o a una enfermera en seres inanimados e incapaces.

Sobre la temática "crisis hospitalaria" resalta un dato interesante suministrado por Google Trends: en Venezuela se hace relevante búsquedas con esas frases cada cinco días, y cada dos días el pico de búsquedas muestra un leve aumento. Este dato técnico podría ser meramente casual, pero vamos, la política editorial que se ejerce en cada redacción de medios de derecha no deja nada a la casualidad.

De la misma forma en que se sostiene el término "crisis hospitalaria" en diversas páginas web del país, es también repetitivo el abordaje periodístico sobre el tema -y les doy el beneficio de la duda-, pero va más allá de la mediocridad el hecho de que se exponga una situación de dificultad hospitalaria, en diferentes hospitales, y se usen las mismas frases o se le dé la misma vuelta. Absolutamente todos los reportajes sobre el tema desembocan en "mostrar" cómo se muere la gente en Venezuela seguido de la promesa de que "esto dejaría de pasar si el Gobierno aceptara la 'ayuda humanitaria'", o como mejor lo han disimulado en El Nacional: "El Gobierno ha sido rebasado en su capacidad para hacer frente a este escenario, por lo que será inminente aceptar la cooperación internacional".

También hay historias valiosas que son invisibilizadas a conveniencia en el ámbito hospitalario

Por cierto, esas "cooperaciones" han sido ampliamente descritas en Misión Verdad, crudamente analizadas y objetivamente soportadas en datos que dan cuenta sobre el interés político real de ofrecer la "ayuda humanitaria" como la gran píldora salvadora, y el interés mediático de convencer al mundo entero de que nos hace falta. No es casual la exposición de niños enfermos en las afueras de hospitales siendo parte de "protestas" por falta de medicinas o atención, o el uso de ancianos con discapacidades, mostrándolos en las peores condiciones para capitalizar ese titular que señale automáticamente al Gobierno como culpable pero a la vez ofrezca la solución mágica. Si damos por ciertas las cifras que manejan algunos infomercenarios, sin duda es preocupante la cantidad de personas afectadas por una crisis de salud inducida.

Pero si contrastamos esas cifras, que no deben verse con ingenuidad, con la cantidad de millones de dólares que ha dejado de percibir el Estado venezolano a causa de los bajos precios del petróleo y la caída en la producción, o los millones de dólares que han sido retenidos en bancos internacionales para el pago de medicinas, o la cantidad de toneladas de material médico que no pudo salir de puertos hacia Venezuela a consecuencia del bloqueo financiero que se ejerce contra el país, seguro surgen más preguntas que respuestas, pero son datos que no pueden excluirse del análisis. Como tampoco pueden excluirse los intentos (que están muy lejos de ser perfectos) que hace el Gobierno por sostener el subsidio a medicinas de alto costo, o iniciativas como el 0800-Salud, que a pesar de no poder abarcar todo el territorio nacional, ha llegado a muchísima gente y está paliando diversos requerimientos en la materia.

Analicemos entonces más allá de las historias trágicas, pensemos un poco en la insistencia de excluir de esos reportajes parte de la realidad o de las causas que han contribuido al deterioro del sistema de salud. ¿O también es casual que no se nombren las sanciones económicas como factor influyente en el acceso a medicamentos? ¿O que la Organización Mundial de la Salud en su informe 2017 utilice el tema de la malaria para igualar a Venezuela con países como como Yemen, Sudán del Sur y Nigeria?

11 años como enfermera me demostraron que cada día ocurren cosas buenas en los hospitales, cada día nacen decenas de niños sanos, se realizan operaciones quirúrgicas exitosas bajo condiciones precarias, cada día hay cientos de médicos intentando cumplir honestamente con eso que cree es su deber, más allá de lo que no tienen o lo que esperan tener, cada día hay miles de enfermeras estirando el risible sueldo para llegar blanquísimas a su hospital, improvisando para convertir un jeringa de 20 cc en una "trampa de Lukens", o una sonda gástrica en una cánula de aspiración. Hay camareras haciendo de camilleras y hasta de cuidadoras cuando ven que algún paciente no tiene familiares a su lado, hay camilleros aprendiendo técnicas de resucitación cardio-pulmonar para asistir y apoyar cuando haga falta porque cada día es menos el personal que acude a trabajar.

Sí, también hay historias valiosas que son invisibilizadas a conveniencia. No puede haber más valor en la tragedia que en las alegrías o en las iniciativas, que, aunque mínimas, en medio de esta terrible guerra, no están siendo contadas.

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