"Ataque acústico": la última mentira de EEUU para reforzar el bloqueo a Cuba

A partir de agosto, el Departamento de Estado de EEUU ha sostenido una teoría conspirativa que deja pequeña cualquier película de James Bond. 

Según sus propias declaraciones a la prensa, su embajada en Cuba es víctima de los efectos de un "arma sónica" que ha lesionado a parte de sus funcionarios en la isla. Como es de costumbre en estas y otros operaciones de bandera falsa similares, la culpa es trasladada hacia el gobierno de la isla.

Las autoridades cubanas, sin embargo, han intentado comunicarse con los afectados y acceder a un reporte médico detallado sobre las supuestas lesiones auditivas a causa del "arma sónica". Sin tener éxito en este pedido, armaron una comisión de expertos, integrada por médicos, científicos, físicos y otros especialistas, que entrevistó a cerca de 300 personas residentes cerca de la embajada, y analizó el único audio que el Departamento de Estado presentó como prueba del fantasmagórico ataque.

Las conclusiones presentadas en el programa Mesa Redonda, emitido por la televisión pública cubana, fueron contundentes: ninguno de los entrevistados mostró signos de lesión alguna, ni afirmó haber registrado algún incidente inusual en esos días de 2016. Mientras que el análisis del audio dio como resultado que ninguno de los sonidos registrados se encontraba por encima de los 80 decibeles, considerados como ruidos eventualmente dañinos para la salud. Uno de ellos, señalado por el Departamento de Estado como resultado de un arma sónica, fue además motivo de burlas por ser el de un simple grillo, imposible de lesionar auditivamente a una persona.

Especialistas y expertos norteamericanos también se mostraron escépticos sobre la supuesta existencia de un arma sónica en medios tan variopintos como Associated Press, Buzz Feed News y The Guardian, muy lejanos a una línea editorial pro-cubana. A pesar de esto, el Departamento de Estado utilizó el incidente como una excusa para expulsar diplomáticos cubanos de EEUU y buscar un clima de opinión pública negativo sobre Cuba. Por este motivo, en Mesa Redonda se calificó este episodio como el "Maine sónico", en referencia al hundimiento del acorazado realizado por los norteamericanos para justificar su ingreso en la guerra de independencia cubana a fines de siglo XIX.

El endurecimiento del bloqueo y el aislamiento de la política de Trump

La evidente invención de un ataque sónico coincide con la orden ejecutiva firmada por Donald Trump el 16 de junio en el teatro Manuel Artime de Miami, junto a los senadores Marco Rubio, Mario Díaz-Balart y lo más conspicuo de la gusanera de Miami. Con esta orden ejecutiva se endurecen las medidas de bloqueo contra la isla, y se retrocede en la mayoría de los avances realizados en la relación bilateral durante la Administración Obama. Otorgándole de nuevo a la isla el mismo enfoque bélico que tantas veces fue derrotado por la revolución cubana, según lo reconoció el propio antecesor de Donald Trump.

Según el periodista cubano Javier Gómez Sánchez, este "brusco cambio significa el rompimiento del pacto o consenso anticubano ocurrido durante el gobierno de Barack Obama, entra la contrarrevolución tradicional representada por el senador Marco Rubio y la neo contrarrevolución centrista representada por el empresario cubanoamericano Carlos Saladrigas", financista de medios independientes y políticos proclives a utilizar la política de acercamiento de Obama para favorecer la aparición de una tercería vía de centro en la isla que desplace al castrismo del poder.

De esta forma, los supuestos ataques sónicos buscan ser utilizados para propiciar un eventual rompimiento de relaciones, que sea acompañado por otros países aliados a EEUU. En un contexto donde el endurecimiento del bloqueo ordenado por Trump representa una eventual pérdida de 6 mil millones de dólares a la isla y una barrera a la creación de 12 mil puestos de trabajo. Una cifra que no es nada si se le suma a los 130 mil millones contabilizados en pérdidas por el Estado cubano en las seis décadas que lleva este bloqueo, considerado como un crimen de guerra y de lesa humanidad por sus efectos en la vida de los habitantes de este país.

Pese a la persistencia de mantener esta agresiva política contra la mayor de las Antillas, este miércoles la embajadora de EEUU ante la ONU, Nikki Haley, reconoció que "se están quedando solos en su posición respecto a Cuba". Una confesión de parte que, sin embargo, no deja de abrir varias preguntas sobre si las eventuales consecuencias del endurecimiento de la política de bloqueo no buscan generar las condiciones para desencadenar un eventual cambio de régimen en la isla. Del mismo estilo que intentaron realizar sin éxito en Venezuela.

Datos y señas de una nueva conspiración

Según lo revelado por Raúl Capote en su libro Las Razones de Cuba, la por entonces jefa de Prensa y Cultura de la Sección de Intereses en Cuba, Kelly Keiderling, intentó en 2007 desarrollar el denominado Proyecto Génesis, destinado a construir un entramado de líderes plantados en centros económicos, políticos y sociales del país. Este proyecto "debía dar sus frutos en un periodo calculado entre unos 10 ó 15 años, en un escenario propicio, donde ya no estarían los principales líderes históricos de la revolución", de acuerdo a Capote quien se infiltró en el círculo íntimo de Keiderling para desarmar esta trama.

Aunque Génesis tuvo un rotundo fracaso, su objetivo es bastante ilustrativo, ya que gracias a las revelaciones de este escritor se sabe que la política norteamericana intenta "presentar una opción nacionalista, nacida no para destruir el socialismo, sino para modernizarlo, para enrumbar al país por caminos actuales acordes con lo más granado del pensamiento europeo y latinoamericano, una tercera vía, que tenga como objetivo central destruir la unidad del país, sembrar la confusión y propiciar el caos". Años después, durante la Administración Obama, esta opción fue denominada centrismo político y se identificó como favorable a una transición hacia un sistema pluripartidista, donde el proyecto revolucionario dejara de ser razón de Estado.

Desde 2014, es evidente el financiamiento de 20 millones al año por parte del Departamento de Estado a plataformas políticas y comunicacionales partidarias de esta iniciativa. Incluso, con la evidente aparición de espacios web como Cuba Posible, y la revelación de que la Usaid se encontraba abocada a armar la red social Zunzuneo, dirigida a distribuir contenidos en este sentido. Aparte de crear grupos de Hip-Hop en la isla con discursos críticos a la revolución, que posteriormente fueron desenmascarados ante la opinión pública global.

Este enfoque no es nuevo en la política de intervención norteamericana, ya que en los años 50 el presidente norteamericano Dwight Eisenhower apostaba a construir una tercera vía entre el dictador Fulgencio Batista y Fidel Castro. Bajo el fin de evitar en el plano político y militar que los revolucionarios cubanos llegaran al poder en 1959, de acuerdo a las revelaciones del ex agente de la CIA en Cuba, David Atle Phillips. Por lo que difícilmente sea complejo de entender por qué la construcción de una tercera fuerza sea una de las principales apuestas para generar un golpe suave en Cuba, aun con Trump en la presidencia.

La ventaja de Cuba para afrontar las agresiones

Es evidente que desde 2007 se busca poner en marcha un dispositivo de revolución de color una vez que Raúl Castro deje la presidencia en los próximos años. De forma que se aproveche la aparición de una nueva generación de dirigentes, identificados con figuras como las del vicepresidente Miguel Díaz-Canel, para erosionar sus figuras y las bases de sustento del proyecto revolucionario. En ese sentido, lo que puede emerger es el pedido de un plebiscito sobre el carácter socialista de la constitución cubana con el solo fin de justificar una agenda de calle, que presente a la fuerza operativa de un eventual golpe suave.

El problema de las posibilidades de éxito de esta estrategia se encuentra en que invenciones como las del ataque sónico, sumadas al endurecimiento de sanciones de Trump, no hacen más que revitalizar el espíritu nacional de los cubanos. Además de debilitar cualquiera de los argumentos esgrimidos por esta especie de oposición moderada que intenta ser construida en la isla, como sustituta de la disidencia venida a menos. Sin embargo, el principal obstáculo es sin duda la división que existe en el anticastrismo respecto a una estrategia única para desplazar al gobierno del poder, antes señalada por el periodista Javier Gómez Sánchez.

A esto hay que sumarle que el endurecimiento del bloqueo llega a la isla posteriormente a los efectos del huracán Irma, sin lograr aumentar la presión sobre las finanzas de la nación caribeña, acostumbrada a una administración en este contexto. Ya que por primera vez desde la política de apertura económica, este 2017 ha alcanzado los 2 mil millones de dólares de inversión extranjera que necesita para su desarrollo. Un objetivo que, junto al repudio contra el bloqueo de la mayoría de la ONU, muestra un sistema de relaciones internacionales de Cuba mucho más diversificado y abierto a oportunidades de lo que estaba a principios de la década con América Latina, Europa, Rusia, China y el resto de Asia.

Un contexto importante a remarcar, porque la nación caribeña tiene condiciones objetivas para avanzar en su plan de reformas económicas. Un piso que le permite a la dirigencia cubana esterilizar cualquier intento de cambio de régimen al identificarlo como contrario a la estabilidad y prosperidad del ciudadano medio. Dado que la mejor estrategia para bloquear los nuevos cambios de régimen es dejar secar a los desestabilizadores hasta su derrota política completa. Una de las enseñanzas modernas que deja Venezuela a la hora de proteger un proyecto político desde el Estado.

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