¿Anarquía o Arco Minero del Orinoco?

Momentos apremiantes y de acentuada dificultad como los que estamos viviendo actualmente, siendo justamente para ello que el Comandante Chávez nos forjó como pueblo y siempre supo alertarnos y prepararnos para asumirlos con entereza.

Ha llegado la hora de la verdad. Se requiere poner en práctica las enseñanzas de nuestro líder eterno y toda la experiencia acumulada de estos 16 años de Revolución Bolivariana, que ha permitido crecernos como pueblo y salir una vez más victoriosos de una compleja situación como la que atravesamos, escenario caracterizado por la guerra económica como expresión más visible de la guerra no convencional a la que vienen sometiendo a nuestra patria.

Es precisamente en medio de estas circunstancias que algunos personeros de la vida nacional sacan a la palestra las críticas con claros objetivos de manipulación y desinformación, a un proyecto que desde su propia concepción por el Comandante Hugo Chávez formó parte de la nueva visión estratégica sobre nuestros recursos naturales, que se sustentaba en el control soberano de los mismos, de manera particular sobre los recursos mineros ubicados al sur del Orinoco en jurisdicción de los estados Bolívar y Delta Amacuro.

El Arco Minero del Orinoco tiene una dimensión geopolítica y económica que no se puede perder de vista: estamos en medio de un contexto internacional de encarnizada lucha por los recursos naturales en cada resquicio del planeta, y Venezuela, en su condición de primera fila de suministro energético para los países centrales, no escapa de ella. El Gobierno Bolivariano, por tanto, busca ejercer soberanía sobre su territorio, sobre sus recursos y sobre su utilización a mediano y largo plazo, como lo planteaba el Comandante Chávez. Decidir sobre los aspectos sensibles de nuestro territorio, en lo económico y en lo político, es estratégico más allá del aspecto minero: impedir que escenarios de guerra similares, como Libia, Siria e Irak, estimulados por casi las mismas características, se desarrollen.

Aunque muchos de estos personeros no lo reconozcan, por miserias individuales, ambiciones políticas o simple ingratitud, hay una realidad inobjetable: el Gobierno Bolivariano vuelve a detener el tiempo de las balas y de la muerte.

Hoy se convierte en una propuesta concreta impulsada por el presidente Nicolás Maduro con la absoluta convicción de honrar el legado de Chávez. Una idea que quedó plasmada en el Plan de la Patria como "bisagra" para el desarrollo de la Venezuela post-petrolera, y la cual nuestro pueblo reconoce e identifica como el Arco Minero del Orinoco.

Debemos recordar lo que en su momento y con diáfana contundencia expresaba el Comandante Chávez, que se trataba del complemento al estratégico proyecto de desarrollo que constituye la faja petrolífera al norte del río, que permite unir en un geoestratégico y magno proyecto el norte y el sur del padre río Orinoco.

Suficientemente claro quedó, escrito de su puño y letra en el Quinto Objetivo Histórico del Plan de la Patria, que no se trataba simplemente del aprovechamiento y la explotación de estos recursos naturales, sino una amplia visión de un desarrollo humano ambientalmente sustentable en esa extensa zona del país que alberga grandes riquezas con un enorme potencial para el desarrollo de todo nuestro pueblo, pero que sin duda también puede representar una amenaza para el ambiente, la diversidad biológica y la producción de agua. Siendo esos aspectos ambientales precisamente algunos de los principales retos del proyecto.

¿Existe intervención y destrucción en buena parte de este territorio?

Más que una "parcela minera", la Zona de Desarrollo Especial Arco Minero es un espacio del territorio nacional que debe ser ordenado y planificado con base en sus potencialidades dentro de una visión integral, el cual pretende ser cuestionado por algunos bajo el halo de ser férreos y genuinos defensores del ambiente, y pretendiendo utilizar como argumento el supuesto desacuerdo del propio Chávez para descalificar el proyecto, cuando todos conocemos que él es el su diseñador y mentor.

El problema con el Arco Minero del Orinoco no es única y exclusivamente ecológico o socioambiental: es político. Y por ser político, desde ahí deben analizarse todas sus implicaciones y retos. En este punto de la guerra contra Venezuela no existen opiniones desinteresadas y objetivas.

Un discurso fabricado bien dirigido hacia ciudadanos desprevenidos o cualquiera que no conozca en profundidad la realidad de la minería en este vasto territorio con un inmenso drama social y ambiental, que acompañan con un discurso hueco lleno de clichés que quiere llevar a pensar que se intervendrán áreas prístinas, y por tanto se trataría de una "entrega" del presidente Maduro de esta riqueza a empresas trasnacionales.

Pero más osadas aún son esas voces agoreras al pretender colocar la matriz de que tales proyectos de aprovechamiento minero se realizan en franca contraposición a lo que habría hecho o planteado el Comandante Chávez.

Nada más lejos de la realidad esta conseja con la que se quiere ganar adeptos y confundir a la población, arropados en un manto con aires de apostolado por el ambiente en Venezuela. Sin embargo, es necesario reconocer que han logrado atrapar y captar con falsos supuestos o utilizando "medias verdades" a muchos compatriotas que respetamos por la plena convicción y nuestro reconocimiento de verdaderos ambientalistas.

Por ello, lo primero que debemos decir es que si queremos adentrarnos en un debate serio y genuinamente en defensa de la naturaleza, así como de los cuantiosos recursos que cobija nuestro suelo al sur del Orinoco, habría que empezar por decir la verdad acerca de lo que allí viene ocurriendo desde hace muchos años producto de una explotación irracional, desmedida que llegó a superar cualquier control por parte del Estado venezolano. Incluso algunas de las últimas informaciones, de fuente calificada, hablan de un universo que ya supera los 60 mil mineros sólo en el estado Bolívar.

La discusión es política o no es

¿De qué estamos hablando entonces? ¿Existe intervención y destrucción en buena parte de este territorio? ¿Quién responde por el terrible impacto ambiental causado? ¿A dónde fueron a parar las más de 20 toneladas de oro que se presume han sido extraídas tan sólo en 2015? ¿En qué se ha beneficiado el país y nuestro pueblo? ¿Conocemos las condiciones en materias de salud, sociales y humanas allí existentes?

Posiblemente en repuesta a estas preguntas podremos aproximarnos a conseguir sentido a un debate que de manera superficial y absolutamente ligado a la polarización política que vivimos en el país, se banaliza y utiliza como argumento para el ataque al gobierno bolivariano centrado en el presidente Maduro.

No pretendemos justificar la puesta en marcha de un proyecto que, debido a las actuales condiciones económicas y visualizado por el Comandante Chávez para el fortalecimiento de nuestra economía más allá del petróleo, estaría de antemano justificado. Lo que para nosotros tiene sentido es decir que, lo hagamos o no como gobierno, ya hay una situación de hecho que se hace necesario regular.

De allí que el debate en lo real y concreto, por encima de consideraciones ambientales, es si seguimos silenciosamente permitiendo que sean la anarquía e intereses de grupos los que se sigan beneficiando de la riqueza de todos y sólo dejen miseria, descomposición social y devastación en los territorios usados para la actividad minera. Lo que los medios privados cartelizaron hace meses como la "masacre de Tumeremo" y el posicionamiento de actores paramilitares y paraestatales en la zona (caso "El Topo", responsable del hecho y dado de baja por las fuerzas de seguridad del Estado) dan señales del germen de conflicto irregular por los recursos naturales que está incubado en esa extensa zona del país. El Arco Minero del Orinoco es plan de soberanía contra esta dinámica que a futuro plantea revertir cualquier intento de la nación para controlar su territorio. Allí radica su importancia, más allá de lo económico.

Nada más entre oro, coltán, diamantes, hierro y bauxita, según la encuestadora Hinterlaces, en el Arco Minero del Orinoco hay reservas por el orden de los 600 mil millones de dólares. Venezuela es el país con las reservas de oro más grandes de Latinoamérica. Aquí ya no estamos hablando de una problemática ambiental, sino cómo Venezuela se ubica en el foco de grandes disputas globales. El Gobierno Bolivariano lo sabe y actúa con soberanía.

En esto queremos centrar la atención de los que nos leen, para que podamos orientar el debate de un proyecto estratégico para el destino del país, que obviamente tiene impactos ambientales importantes, pero jamás podrán ser similares a los que actualmente se vienen ocasionando al estar fuera del control estatal.

No dejemos que las mafias del oro y otros minerales impongan sus matrices y salgamos a debatir abierta y transparentemente, sin miedo, como está ocurriendo en las discusiones en el marco del Congreso de la Patria capítulo Ecosocialismo, que se está dando en todos los rincones del país, y saquemos de allí las voces, ideas y propuestas para que todos nos hagamos partícipes de una política y no ser simples espectadores y presas de falsos cuestionamientos.

La discusión es política o no es.

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