Sobre Jerusalén: Trump lanza una granada sin espoleta en Medio Oriente

El presidente estadounidense Donald Trump anunció este miércoles 6 de diciembre que la embajada de su país en Israel se trasladaría de Tel Aviv a Jerusalén, identificada por el sionismo como la "capital eterna" del Estado israelí. A continuación algunas claves geopolíticas de esa movida diplomática.

El poderoso lobby israelí en Estados Unidos

Según el analista alemán Bernhard, que mantiene el sitio digital Moon Of Alabama, el reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel por parte de Trump es la confirmación de que el sionismo controla la política exterior estadounidense para Medio Oriente.

De lo que sí estamos seguros es de los fastuosos millones que diversas firmas israelíes y pro-sionistas aportan a las arcas del establishment político de EEUU. El investigador Jonathan Marshall comenta que el lobby pro-Israel "está altamente organizado y es una coalición bien financiada que trabaja para que los líderes israelíes operen con libertad bajo un incuestionable apoyo diplomático, económico y militar estadounidense. Su influencia da cuenta de los trillones de dólares en ayuda (ajustados por la inflación) que EEUU le ha dado a Israel desde 1948".

La influencia del lobby israelí penetra profundamente en el Congreso bicameral, y aporta muchísimo dinero a las candidaturas presidenciales de los partidos dominantes de EEUU. Nada más Hillary Clinton recibió más de 35 millones de dólares por parte de los sionistas para llegar a la Casa Blanca. Esto no impidió que Donald Trump también recibiera fondos pro-israelíes.

Haim Saban, multimillonario obsesionado con la conformación de un pleno Estado sionista en Medio Oriente, informó en 2009 durante una conferencia que las "tres formas de influir en la política estadounidense" son: 1) donar dinero a partidos políticos, 2) crear centros de investigación, y 3) comprar medios influyentes. De todo ha hecho el lobby israelí para lograr sus objetivos.

En EEUU, el lobby sionista más poderoso lleva por nombre Comité Americano Israelí de Asuntos Públicos (AIPAC, por sus siglas en inglés). Sin embargo, otros grupos con similares intereses aportan millones de dólares a congresistas para impulsar políticas públicas a favor de Israel, siendo el Partido Republicano y sus dirigentes los mayores recipientes de dinero judío.

Para entender la influencia del lobby israelí en la política estadounidense habría que remitirse al apoyo incuestionable del Senado a la colonización de los territorios palestinos y al actual primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, cuyo principal sostén financiero es el magnate de casinos Sheldon Adelson, quien en 2012 logró un récord de beneficiencia a los republicanos con 92.8 millones de dólares.

Pocas organizaciones y personas tienen tanto poder como los acaudalados judíos sionistas en EEUU.

Freno al anunciado impeachment contra Donald Trump

A principios de 2017, algunos políticos y analistas estudiaron públicamente variadas formas de destituir a Donald Trump de la presidencia gringa. Entre ellas el impeachment o juicio político a través del Congreso, tal como se hiciera contra Dilma Rousseff a mediados de 2016.

¿La razón? El aparente carácter indomable de Trump. Diferentes grupos de presión a lo interno de EEUU pujaron para que el acaudalado presidente tomara decisiones que confrontaran las promesas que hiciera durante su campaña en 2016.

Diversos analistas están de acuerdo en que el llamado Estado profundo estadounidense cooptó la Casa Blanca y puso en jaque a Donald Trump. Ahora gobierna una junta militar con varios intereses a nivel global. El lobby israelí tiene influencia en las decisiones del presidente norteramericano, con su yerno y asesor principal Jared Kushner como socio del AIPAC, sin embargo las reuniones con el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu y con sus donantes multimillonarios (Sheldon Adelson, entre los principales) confirmaron que Trump está dispuesto a complacer los objetivos sionistas de cara a la política exterior de su gobierno en Medio Oriente.

Ese mismo lobby que también controla ciertas políticas exteriores del Congreso, además de la Casa Blanca, a través del financiamiento a sus principales legisladores, hizo que el plan de impeachment a Trump no siguiera su curso luego de haber sido tan anunciado, sobre todo en el primer semestre del año.

La cámara baja del Congreso votó por frenar el impeachment a Trump, cuando ese mecanismo se erigía con cierta amenaza, justo el día (6 de diciembre) en que el presidente de EEUU decidiera hacer oficial la decisión diplomática de trasladar la embajada de su país de Tel Aviv a Jerusalén.

Algunos medios en EEUU entienden que la jugada diplomática pro-israelí de Trump calmó las aguas del impeachment en el Congreso, al mismo tiempo que algunos políticos elogian la medida.

EEUU confirma a Israel como su principal socio en Medio Oriente

Este año se cumplieron los 100 años de la llamada Declaración Balfour, una carta en la que el entonces canciller británico Arthur Balfour prometió al barón Lionel Walter Rothschild "un hogar nacional para el pueblo judío".

Desde entonces el poder británico primero y la hegemonía estadounidense luego de 1967 (para contrarrestar la influencia soviética en Medio Oriente), tuvieron como objetivo para sus políticas de relaciones exteriores la creación del Estado de Israel, hecho que se dio el 29 de noviembre de 1947 con la adopción de la resolución 181 por parte de la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas (ONU).

Desde esa instancia multilateral aprobó el plan de división de Palestina, entonces colonia británica, en el que se estipulaba la creación de un Estado árabe y otro judío a más tardar el primero de octubre de 1948.

Para inri de EEUU e Israel, el proyecto euroasiático domina los hilos de Medio Oriente

Pero la historia ocurrió de manera distinta: el Estado sionista se conformó bajo la conquista y colonización a sangre y fuego de los territorios palestinos, con el fin de borrar a Palestina del mapa histórico y geográfico de la región, con un alto respaldo del gobierno de los EEUU en materia diplomática, financiera y militar.

Nada más para el año fiscal 2018, la Casa Blanca entregaría más de 3 mil millones de dólares en "compromisos de asistencia militar" a Israel más otros miles de millones en "ayuda exterior".

El presupuesto estadounidense contempla los intereses coloniales israelíes. Así, el reconocimiento de Jerusalén como "eterna capital" de Israel por parte de la Administración Trump es un punto de inflexión en el apoyo gringo al sionismo.

Con esta medida, EEUU reconoce en la entidad sionista su principal socio en Medio Oriente, por encima incluso de la dinastía saudí.

Criminalización occidental del mundo árabe

Jerusalén es históricamente una ciudad en la que han convivido diferentes grupos étnicos y culturales, sobre todo judíos, cristianos, musulmanes y armenios. De hecho, la organización citadina se ha basado en este crisol civilizatorio, en el que cada grupo mantiene ocupado diferentes sectores de la ciudad.

También conocida en lengua árabe como al Quds (en hebreo Yerushalayim), esta ciudad es reconocida como sagrada por las principales tres religiones de la rama semítica, ya que allí se mantienen infraestructuras importantes para aquellas expresiones tradicionales, así como Jerusalén fue escenario de diversos acontecimientos míticos.

La disputa por una Jerusalén judía es propia del sionismo, así como la comunidad árabe en la región considera que la parte oriental de la ciudad forma parte de un hipotético y futuro Estado palestino.

Iglesias y construcciones cristianas, mezquitas y símbolos islámicos y el Muro de las Lamentaciones judío conforman el patrimonio ancestral de las religiones allí expresadas, por lo tanto es un importante punto geográfico, cultural e incluso político de la región.

Israel invadió la ciudad como parte de su plan colonial, en el marco de su filosofía que considera la no existencia del pueblo palestino. Por eso actúa con esa impronta violenta. El enemigo, para el sionismo, es el mundo árabe, tan prolífico en cultura, política, historia. Todos los aportes árabes al mundo hoy en muchísimas ramas de la acción humana son contrariamente proporcionales a las atrocidades que comete el Estado israelí contra un pueblo y su espíritu, su cultura, su historia.

El pensador político estadounidense Samuel Huntington escribió El choque de civilizaciones y la reconfiguración del orden mundial (1996), en parte una apología contra el pueblo árabe y su influencia global. Recalca el papel de EEUU como hegemón en la búsqueda por homologar a su antojo las "civilizaciones" que existen en el mundo hoy globalizado, neoliberalizado y caotizado por la élite que gobierna ese país. Usa como ejemplo de chivo expiatorio a los musulmanes, para Huntington un mal a erradicar.

Este manual geopolítico logró erigirse como política exterior de los EEUU. El verbo violento "civilizatorio" genera una matriz antiárabe y antimusulmana, Hezbolá y el Reino de Jordania vendrían siendo lo mismo para un occidental ignorante, ambos son objeto de xenofobia, racismo y otras dolencias sociales y políticas. La retórica antiiraní de Trump se perfila en ese rango conceptual.

Y el sionismo tiene como principal enemigo al mundo árabe y mulsumán, por ello quiere tomar ese centro espiritual y cultural de varios pueblos y creencias que es Jerusalén-al Quds bajo su poderío. Su principal contrincante regional es Irán, país iraní mas no árabe, potencia que es pivote del denominado Eje de la Resistencia y uno de los pilares del proyecto euroasiático.

Ofensiva contra Irán y el plan de caotización de Medio Oriente

Es conocido el plan de los EEUU para Medio Oriente, originado en la última década del siglo XX, cuyo pilar central es la caotización de la región en pro de una ingeniería social, política, económica y cultural que devendría a imagen y semejanza de los intereses coloniales del Pentágono y las agencias estadounidenses. Se trataría de un nuevo Medio Oriente.

Con el fracaso de su proyecto al no poder culminar la fragmentación y la destrucción de Siria, EEUU ha visto su papel disminuido dramáticamente en la región. Rusia ha sabido manejar los tiempos políticos junto con sus aliados Irán, Irak, Turquía, Hezbolá y otras influencias, para poner una piedra de tranca al modelo caotizante que comenzó con las fabricadas "primaveras árabes" y tuvo un punto clímax con la invasión de la OTAN en Libia en 2011. El proyecto euroasiático domina los hilos del presente y del futuro próximo de Medio Oriente.

EEUU juega las pocas cartas que le quedan con la criminalización de Irán y veladamente todo lo que sea árabe o musulmán, incluso Arabia Saudí, país en contra del movimiento diplomático pro-israelí de Trump.

El viraje de la Administración Trump contra Irán comenzó a principios de año, y tiene como estrategia, según el analista geopolítico Pepe Escobar, el intento de debilitar el eje China-Rusia-Irán.

EEUU está metido en un laberinto bélico para tratar de mantener su poderío internacional, aun cuando sus amenazas representen también un serio riesgo para su hegemonía.

Debido a que el país persa es un enemigo común de EEUU e Israel, así como Hezbolá y Siria, la retórica y las acciones de ambos gobiernos están coordinadas de antemano por una misma estrategia antiárabe.

Lo que está pasando con Jerusalén es una expresión más de la débil postura tanto de Israel como de EEUU en Medio Oriente, ya que genera fuerte rechazo internacional, provoca a los enemigos comunes y las protestas en el terreno no se hacen esperar. La resistencia palestina está dispuesta a luchar (llamó a una nueva Intifada) por el orden en la región, que significa lo mismo que preservar su derecho a la historia.

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