La industria del tabaco genera tantos o más muertos que la guerra

La noticia de que la directora antitabaco del gobierno de Donald Trump dimitió de su cargo porque se descubrió una serie de inversiones en compañías de cigarrillos pone en tela de juicio el hecho mismo de la industria tabacalera, y su fondo de carácter fabril.

Uno de los mitos más generalizados en el mundo consiste en que el desarrollo fomenta el bienestar de la población, y con ello el progreso que tanto se ofrece a las clases trabajadoras a nivel global. Fundamentado en la constante revolución industrial, originada en Europa hace más de dos centurias, tiene en las empresas una base sólida de ese mito capitalista que tanto derrocha y pauperiza a las grandes mayorías.

Así, las fábricas surgieron como unidades productivas en los que la gente, sin más nada que su fuerza de trabajo y una familia que alimentar, vestir, brindar un techo, se inserta por un salario para la confección de bienes y la gestación de servicios. Todas mercancías creadas para introducirse en mercados específicos, con fines lucrativos, en beneficio de los dueños de fábricas y empresas.

Pero las condiciones laborales, mayormente paupérrimas como los casos conocidos de la India y otras regiones de Asia, y el hecho de que el trabajo es robado constantemente (plusvalía) por contados patronos, y ese robo legitimado por las instituciones seculares de Occidente, no son las únicas consecuencias que contradicen el discurso del desarrollo y el progreso.

Sobre todo si damos un repaso a las siguientes estadísticas que proveen los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, sus siglas en inglés), una institución estadounidense que reúne varios núcleos de investigación sobre la salud en ese país. De su página podemos ver que en Estados Unidos:

  • Mueren en promedio más de 480 mil personas al año por culpa del tabaco, incluyendo fumadores pasivos.
  • De ese total, 278 mil son generalmente hombres y 201 mil, mujeres.
  • Esto supone uno de cada cinco fallecimientos anuales en todo el país.

Datos que, vistos en comparación, son alarmantes. Pues en EEUU la industria tabacalera tiene como consecuencias tantos muertos como los siete años de guerra en Siria, que son entre 320 mil y 450 mil bajas según la fuente que se consulte.

A esto se unen otros números que lanza el CDC: la esperanza de vida en EEUU entre los fumadores es 10 años menor que entre los no fumadores, y según los estudios del organismo dejar de fumar antes de los 40 años reduce en un 90% los riesgos de morir por una enfermedad ligada al tabaquismo.

Un comunicado de la Organización Mundial de la Salud de 2017 alertó que el tabaco mata a más de 7 millones de personas al año, y pone en relieve otro dato más escalofriante aún: el cigarro podría provocar en el siglo 21, en total, hasta 1 mil millones de muertes en todo el mundo.

Otro estudio publicado en Gran Bretaña confirma que un solo cigarrillo al día aumenta el riesgo de infarto en una persona entre un 70% y un 120%. Más específicamente, ese peligro crece un 74% en hombres y hasta un 119% en mujeres.

El lobby tabacalero trató por años maquillar estas estadísticas ante parlamentos en todo el mundo para evitar la restricción de venta de tabaco al público. Porque el negocio de la muerte tiene grandes dividendos: el presidente del Consejo Mexicano contra el Tabaquismo, Juan Wolfgang Zinser Sierra, aseguró que según estudios cada seis segundos muere un fumador en el mundo y cada seis segundos la industria tabacalera gana 10 mil dólares.

Las seis grandes compañías de tabaco, cuatro de ellas estadounidenses, en conjunto tienen un valor de 661 mil millones de dólares, lo que equivaldría al 3.6% del PIB de EEUU en 2016.

Últimamente las tabacaleras tienen una ganancia abismal: en 2016, gigantes del sector como Phillip Morris, Reynolds, British American Tobacco, Japan Tobacco o Altria habrían obtenido en conjunto unos 25 mil millones de dólares en ganancias.

Todo esto lleva a concluir que este genocidio silencioso por parte de la industria tabacalera empieza en las fábricas, colmadas de trabajadores misérrimos que probablemente son afectados directa o indirectamente por los cigarros, y termina en los cementerios, en el mejor de los casos.

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