Carlos Trujillo, el político novato que asume las riendas de EEUU en la OEA

El 26 de octubre de 2017 el presidente Donald Trump nominó al representante republicano del estado de la Florida, Carlos Trujillo, como embajador de Estados Unidos ante la Organización de Estados Americanos (OEA). El 23 de marzo pasado el Senado selló la confirmación de Trujillo en un cargo clave para la agenda de cerco y asfixia internacional contra Venezuela. 

Breve biografía no autorizada

Hijo de inmigrantes cubanos, Carlos Trujillo ha tenido una carrera política incipiente dentro del Partido Republicano y al negocio de la abogacía.

Luego de egresar como Juris Doctor de Florida State University College of Law, Carlos Trujillo fundó una firma de abogados denominada Trujillo, Vargas, Gonzalez & Heiva, LLC, radicada en Miami y especializada en casos de defensa criminal, inmigración y litigios comerciales. 

El portal de la firma de abogados lo destaca como un experto en litigios comerciales multimillonarios, representación efectiva de individuos ligados al fraude electrónico y robo de identidad agravado y en resolución de disputas sobre seguros de propiedad.

Su incipiente carrera política ha tenido avances en los últimos años, más por los donantes que ha logrado atraer y que le han servido como plataforma de lobby y negociación a lo interno de la Cámara de Representantes de la Florida, que por el grado de desafío político en cada contienda electoral.

Ha resultado vencedor en cuatro elecciones consecutivas para la Cámara de Representantes por el Distrito 105 del estado de Florida, todas con relativa facilidad tanto por la configuración electoral, demográfica e ideológica de La Florida, como por las debilidades históricas del Partido Demócrata.

Los donantes de Carlos Trujillo a lo largo de sus candidaturas han variado pasando del apoyo de la Cámara de Comercio del Estado y asociaciones de minoristas (incluyendo recursos propios) en sus primeras elecciones a la Cámara de Representantes, a patrocinios de empresas como Walt Disney y NHS Management, LLC: una importante empresa de salud del Sur de la Florida.

Trujillo también fue miembro de la junta directiva de un importante fideicomiso de salud de Miami Beach, denominado Jackson Health System.

Último escalón y la apuesta por Trump

El año 2017 fue el primer salto destacado en su carrera política, ya que se convirtió en el presidente del Comité de Asignaciones de la Cámara de Representantes, luego de ser presidente de la Comisión Conjunta de Presupuesto Legislativo.

Carlos Trujillo fue uno de los 99 delegados republicanos por la Florida que apoyaron la candidatura de Donald Trump, en menoscabo de dirigentes como Marco Rubio y Jeb Bush. Este último en las pasadas elecciones generales del año 2016, dio su apoyo a Trujillo.

Medios estadounidenses como POLITICO y Tampa Bay Times han interpretado la nominación de Carlos Trujillo por parte de Donald Trump como un reconocimiento al apoyo recibido en 2016.

De relevo de Nikki Haley en la ONU a la OEA

El pasado 26 de agosto el presidente Donald Trump nombró a Trujillo como representante de EEUU ante la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas (ONU), quedando autorizado para suplir la vocería de Nikki Haley en su ausencia. Forma parte de los cuatro relevos que tiene Nikki Haley para apoyar su gestión. El cargo de Trujillo en esta instancia temporal y terminará en diciembre de 2018.

Según información recogida por Tampa Bay Times, ya Trujillo se había postulado para las embajadas de Argentina y Panamá. Fuentes de este mismo medio destacan que aunque Trujillo no fue entrevistado formalmente para el cargo en la OEA, su nominación se trabajaba en la Casa Blanca desde antes de su designación como representante ante la ONU.

Trujillo está limitado por las leyes estadounidenses para aspirar a un nuevo mandato en la Cámara de Representantes, por ende su nombramiento en la OEA resulta atractivo para mantener oxigenada su carrera política más allá de 2018. 

Personalidad, pericia en relaciones internacionales y la mano de Marco Rubio

Con una presencia limitada en medios escritos y televisivos de Florida, Carlos Trujillo no muestra mayor destreza en oratoria y manejo discursivo en temas que vayan más allá de la política local de su estado. Un breve paneo de sus alocuciones públicas no evidencian un involucramiento importante en temas de política exterior de EEUU, salvo por el giro de la Administración Trump con respecto a la de Obama en lo referido al abordaje de Cuba. Incluso en ese importante tópico de la opinión pública, Trujillo ha tenido una vocería que cuando no es limitada sencillamente es inexistente.

Su manejo en redes sociales no muestra un posicionamiento de opinión y/o agenda propia, como tampoco una proyección de sus capacidades o de sus relaciones políticas. El empleo de sus redes sociales se limita a divulgar y difundir las actividades propias de su cargo, las de Rick Scott (Gobernador de Florida y promotor del bloqueo comercial contra Venezuela) y de Marco Rubio, su amigo personal.

El mapa de influencias y relaciones con el que contará Carlos Trujillo para desenvolverse en la OEA viene de Marco Rubio, no por involucramiento y presencia propia del inexperto republicano.

El pasado 30 de noviembre, luego del nombramiento de Trump, Trujillo sostuvo reuniones con Marco Rubio e Ileana Ros-Lehtinen, en función de ordenar políticamente la agenda al nuevo representante de EEUU ante la OEA. Marco Rubio no es sólo su amigo personal, también es su jefe político.

Trujillo está presto a subir los decibeles de la confrontación en momentos álgidos

Rubio como Ileana Ros han sido propulsores de la agenda de sanciones contra Venezuela, sobre todo en lo referido al ensamblaje de expedientes por "violación de derechos humanos" y el trabajo de cabildeo a lo interno del Congreso para dictarle los mandatos que en política exterior deben ejecutar contra Venezuela la Casa Blanca. Dentro de ese cabildeo también se incluyen las amenazas y presiones a gobiernos del Caribe y Centroamérica en coyunturas de injerencia desde la OEA.

A lo interno de la Cámara de Representantes el estilo de Trujillo es resaltado por medios estadounidenses por ser conservador, con un enfoque serio, sensato y de apertura hacia los demócratas. Sin embargo, la destreza que pudiera mostrar Trujillo a lo interno de la Cámara de Representantes de Florida no es fácilmente trasladable al manejo de las relaciones internacionales, un tema en el cual tiene cero experiencia y pericia.

Personas cercanas a él fueron consultadas por el medio estadounidense POLITICO, quienes comentaron a propósito de su designación que "Miami es una puerta de entrada a Latinoamérica y Carlos es bilingüe, y entiende las complejidades de la política en la región, que la política argentina es completamente diferente a, por ejemplo, Cuba (…) Como presidente de presupuesto [en la Cámara de la Florida], Carlos ya ha negociado al más alto nivel en el estado. Él ya ha hecho la transición a la diplomacia en la ONU. La OEA es el siguiente paso lógico".

Marco Rubio, un Departamento de Estado en crisis y el estilo de la Administración Trump

A simple viste pareciera una equivocación garrafal colocar a un inexperto en diplomacia y asuntos internacionales, desconocido para los gobiernos de Latinoamérica, para dirigir la política exterior de EEUU desde la OEA. Aún más si el acento está puesto, según las propias declaraciones de Trujillo, en presionar al Caribe para que retire su apoyo a Venezuela.

Producto de distintos factores, entre los cuales destacan la crisis estructuraldel Departamento de Estado y el enfrentamiento de sus funcionarios de carrera más sólidos con la Administración Trump,  Marco Rubio se ha erigido como el principal consejero político de la Administración Trump para América Latina.

En ese marco de relaciones e influencias que constituye actualmente el ejercicio de la política exterior hacia Venezuela, Carlos Trujillo es un prototipo útil para cortar las intermediaciones del Departamento de Estado y construir un canal único con Marco Rubio y Nikky Haley, operadores reconocidos por los mandos militares que gobiernan la Casa Blanca como los más capaces para su estrategia.

El cálculo que pesa ahora más que producir en el corto plazo un giro dramático en la geografía de poder de la región en menoscabo de Venezuela, es la pugna interna por parte del sector anticubano del Sur de la Florida por controlar en sus manos la política exterior de EEUU hacia América Latina. Y para consolidar esa primera etapa, que expandirá las fronteras de influencia externa de este sector, un político inexperto y sin presencia en la zona donde le tocará ejercer presión, funciona en apariencia. 

El mismo formato se replica en Nikki Haley. Una ex gobernadora, sin ninguna experiencia en política exterior y asuntos internacionales, asume la máxima representación de EEUU ante la ONU y su Consejo de Seguridad, ejerciendo un peso mayor al del Secretario de Estado, cuando justamente la balanza debería funcionar al revés. EEUU no tiene Secretario de Estado, pues se espera que Mike Pompeo sea confirmado en los próximos días ante el Senado. 

Haley opera por fuera del Departamento de Estado y centraliza la vocería en relación a las zonas de influencia estratégica de EEUU (Eurasia, Medio Oriente y América Latina, con acento especial en Venezuela), marcando un tono de confrontación y proyección al conflicto que en su momento dejó a Tillerson sin capacidad de incidencia.

Ese estilo lo están marcando el círculo cerrado de la Administración Trump (John Bolton, John Kelly y James Mattis) que hoy gobiernan la Casa Blanca como operadores orgánicos de los monopolios energéticos y militares del Estado profundo.

Con Haley este poderoso sector cortó la influencia del Departamento de Estado y mutiló sus gestiones diplomáticas en áreas de influencia catalogadas como estratégicas para sostener el estatus de superpotencia de EEUU. El tono antidiplomático, belicista y de confrontación de Haley al mismo tiempo que toca a la perfección el pentagrama del poder corporativo es también el performance que necesitan para maniobrar por fuera del derecho internacional.

Carlos Trujillo se perfila en ese formato de operadores de segundo orden (estilo Haley), sin nexos, compromisos o responsabilidades con el Departamento de Estado, prestos a subir los decibeles de la confrontación en momentos álgidos y a gestionar presiones extrapolíticas y extralegales.

Siendo Marco Rubio e Ileana Ros los jefes políticos del nuevo embajador de EEUU ante la OEA, se avizora una etapa de agresividad contra El Caribe para socavar los apoyos internacionales contra Venezuela. El contexto internacional del país está marcado por los intentos de EEUU de arrastrar a su aliados regionales hacia un desconocimiento de las elecciones presidenciales con el fin de escalar en su político de bloqueo financiero total. Carlos Trujillo tiene la difìcil tarea de encausar a la OEA en ese propósito (junto al Grupo de Lima) y de operar junto a Luis Almagro, también subordinado a Rubio, para lograr estrechar el cerco internacional después del 20 de mayo.

Con miras a participar en la Cumbre de las Américas, Trujillo declaró que "al fin tenemos que enfocarnos en Venezuela. Las soluciones que estamos buscando son a lo exterior, tenemos que buscar cómo Venezuela regrese a ser la potencia que un día fue". Así deja por escrito que su labor será la de centralizar la agenda del organismo, nuevamente, hacia Venezuela, en beneficio de los lobbys que buscan una salida violenta al conflicto venezolano. 

Notas relacionadas