Por qué Marco Rubio ataca la Mesa de Diálogo

No es un hecho desconocido que el Congreso de los Estados Unidos ataca abiertamente a Venezuela, ya que uno de los senadores más beligerantes del establishment estadounidense tiene la mira puesta en el país. Se trata de Marco Rubio.

Rubio, the influencer

Marco Rubio no tiene nada que perder. El tipo ha escalado alto hasta la cúspide del Congreso estadounidense aun cuando es conocida su procedencia, ya que The Washington Post afirmó en 2015 que éste creció en una familia que se dedicaba al narcotráfico y se formó alrededor de los círculos más reaccionarios de cubanos y venezolanos en Doral, ciudad del estado de Florida.

Esto sin embargo no es una piedra en su camino, más bien parece haberlo favorecido: Rubio consiguió llegar a un puesto importante en términos legislativos en EEUU a través del Partido Republicano, y ahora es el principal vocero antivenezolano gubernamental de ese país.

El medio neoyorquino Bloomberg cataloga al senador por el estado de Florida como el mayor influencer (agente influyente) con relación a las decisiones del Congreso y el ejecutivo en torno a Venezuela.

De hecho, Rubio aprovechó su alto puesto en el Congreso y puso al presidente Donald Trump a escucharlo para que crear constante presión desde el exterior sobre el Gobierno venezolano. Tal vez tenga que ver con el margen con el que Trump ganó en Florida en 2016: 112 mil 911 de votos.

Interlocutor de la política exterior de Trump sobre Venezuela

No es un misterio, asimismo, que el senador cubano-estadounidense haya dicho que derrocar al chavismo del poder ejecutivo sea una de sus prioridades para 2018.

Por ello se erige y es reconocido como el interlocutor más importante de la política exterior de la Administración Trump sobre Cuba y Venezuela. Rubio es uno de los artífices de las sanciones económicas y financieras contra Venezuela, así como de la orden ejecutiva firmada por el presidente de los EEUU en el mes de agosto pasado.

Incluso el plan de intervención militar-humanitaria que el Congreso estadounidense debate en estos momentos tiene a Rubio como uno de sus principales promotores.

Rubio desplaza a Tillerson y el papel de la junta militar de la Casa Blanca

Las designaciones del Departamento de Estado, ente encargado de la política exterior del gobierno estadounidense, aparentemente han sido anuladas en cuanto a Venezuela y es el senador republicano de Florida quien hace los lobbies respectivos, se articula con las alas más reaccionarias del espectro político venezolano y, ya dicho, mantiene la vocería gringa contra el chavismo por encima de Rex Tillerson, "jefe" de la diplomacia norteamericana.

Todo en beneficio de una política articulada con los jefes del Pentágono y modulada desde el Consejo de Seguridad Nacional, con el general H.R. McMaster de líder principal. Cabe recordar que Julio Borges, de Primero Justicia, se reunió el año pasado tanto con Rubio como con McMaster en el marco de las guarimbas para coordinar un plan de derrocamiento violento del chavismo, apoyado en las sanciones del Departamento del Tesoro y las órdenes ejecutivas de 2015 y 2017.

También habría que tomar en cuenta que la Casa Blanca actualmente está regida por una junta militar encabezada por el secretario de Defensa, James Mattis; el jefe de Gabinete Presidencial y ex jefe del Comando Sur, John Kelly; y el mencionado McMaster, consejero de Seguridad Nacional.

Este importante dato tiene que ver con lo que afirmó Marco Rubio a través de su cuenta Twitter en torno a la Mesa de Diálogo instalada en República Dominicana entre el Gobierno venezolano y la oposición, con Julio Borges de partícipe. El senador estadounidense rechaza esa instancia, sobre todo con el antichavismo en una posición bastante débil actualmente con respecto a 2016-2017, y asegura que las sanciones no serán levantadas. De facto hay un desconocimiento a la clase política opositora. 

No al diálogo, sí a la guerra: allá y acá

Una pregunta alrededor de esto se impone: ¿por qué intenta implosionar el diálogo con tales declaraciones? Que el senador republicano haya dicho que las sanciones no serán dadas de baja, uno de los objetivos declarados del Gobierno para la Mesa de Diálogo, da a entender que otras vías se exploran desde el exterior al mismo tiempo que sigue la política sancionatoria y se da avance al plan de "ayuda humanitaria" desde el Congreso estadounidense.

La manifestada crisis en el seno de la oposición, dividida y sin rumbo notable, hizo que se quebrara la llamada Mesa de la Unidad Democrática, dando nacimiento a la coalición Soy Venezuela, que funge como vanguardia ideológica y política de las sanciones contra el país y la intervención humanitaria.

Soy Venezuela es el rostro público y "venezolano" de la ruta golpista que EEUU prepara desde el Congreso, con Marco Rubio de protagonista. En esa coalición hacen vida María Corina Machado, cuyas conexiones con el Partido Republicano se hicieron explícitas con su reunión hace una década atrás con el ex presidente George W. Bush en Washington; Antonio Ledezma, ex alcalde de Caracas y ahora agente articulador de algunos lobbys de peso relativo en el exterior; y Diego Arria, otrora "apóstol" de Carlos Andrés Pérez, quien logró hacer improvisar una sesión informal, sin validez jurídica, del Consejo de Seguridad de la ONU en torno al "tema Venezuela", con la diplomática estadounidense Nikki Haley a la cabeza, debido a sus contactos en esa entidad multilateral (ya que fue, durante la Cuarta República, embajador de Venezuela ante la ONU).

Si bien Soy Venezuela no tiene una base consolidada en el terreno político-social en Venezuela, debe llamar la atención las acciones y vocerías de esta coalición debido a las personalidades que reúne, ya que todas apoyan planes de sedición, las sanciones y la intervención militar-humanitaria de EEUU, como ya sabemos promovidas por Marco Rubio.

¿Nuevo ciclo de violencia?

Tanto por el tratamiento de grandes medios de propaganda como por el movimiento de actores internos y externos específicos, se hace necesario aletar sobre los intereses de abrir un nuevo escenario de confrontación política y callejera similar a la del año pasado pero con otros recursos: paramilitarismo y terrorismo con mayor grado de organización. La reactivación de la célula terrorista de Óscar Pérez y una aceleración de la violencia criminal (difuminada detrás de la "criminalidad" y la "inseguridad") dan cuenta de las variantes que podrían usar.

El proyecto de ley de asistencia humanitaria del Congreso de EEUU prevé aprobar 10 millones de dólares, pero ¿hacia dónde se dirigiría ese dinero? ¿Se está buscando, vía ONGs-Soy Venezuela, dirigir esos dólares a las mencionadas organizaciones en suelo venezolano para reiniciar un ciclo de violencia en Venezuela, bajo condiciones de desestabilización económica-financiera y bloqueo internacional?

Es indudable que EEUU busca endurecer su postura y ampliar sanciones (sumado al apoyo diplomático e institucional de maniobras no políticas) ante la debilidad de la oposición ante las próximas elecciones presidenciales y, en general, como frente político-interno del cambio de régimen. Para ello es imprescindible fabricar un escenario de alteración del orden público y caos interno lo suficientemente disruptivo para anular cualquier puente de equilibrio político e institucional interno, el cual sería retroalimentado con sanciones más agresivas sobre el sistema financiero venezolano tratando de ser empujadas desde frentes multilaterales. La convocatoria a un reunión del Grupo de Lima el próximo 22 de enero, es síntoma de querer reactivar reoxigernar el frente externo en ausencia de interlocución interna. 

Proyectar la imagen "Estado fallido" para a su vez dificultar el retorno a la política y su carácter resolutivo sobre la crisis, de allí trasladar la dimensión central del conflicto hacia el sabotaje de acciones financieras como el Petro y sociales como el CLAP. La vida del país sigue siendo el objetivo.

Si tomamos en cuenta que Marco Rubio hizo los esfuerzos requeridos, y de manera pública, para buscar el financiamiento necesario para que las guarimbas de 2017 no perdieran oxígeno, las preguntas e hipótesis planteadas no son descabelladas. Lo que tampoco quiere decir que sean automáticas en la práctica. El chavismo mantiene la ofensiva política, y sólo recolocando el frente externo, por los momentos apaciguado y con varias elecciones presidenciales en puertas que desconcentrarán la atención, podría complicar su posición de fuerza en el tablero político nacional.

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