Delirios y engaños de Ricardo Hausmann para pedir una invasión militar

El nuevo año 2018 comenzó con una petición del economista venezolano, ex ministro de Cordiplan durante el segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez, que millones de venezolanos y venezolanas rechazan (76% aproximadamente), según la encuestadora Hinterlaces: una intervención militar extranjera.

El 2 de enero Ricardo Hausmann publicó un artículo de opinión en el portal Project Syndicate que dio mucho sobre qué hablar en las redes sociales y medios de comunicación en Venezuela y algunos internacionales. En unos 8 mil caracteres intentó justificar una invasión militar que derrocaría finalmente al chavismo del poder ejecutivo y encaminaría a la nación entera a una prosperidad económica.

Llamado en inglés "D-Day Venezuela", en alusión a la terminología usada para denominar a la operación que se dio el 6 de junio de 1944: la invasión de Normandía (Francia) por parte de las fuerzas estadounidenses, británicas y compañía que combatían al ejército de Adolf Hitler, el economista que hace vida en la Universidad de Harvard comparó a la Venezuela de nuestros días con el Holodomor en Ucrania, una crisis de hambruna que mató, según la ONU, de 7 a 10 millones de campesinos, y de la cual la propaganda nazi se encargó de responsabilizar a la Unión Soviética y no a los ricos hacendados que respondieron a las medidas agrarias del gobierno de Iósif Stalin con la matanza masiva de ganado y quema de cosechas como medida de presión sobre los campesinos soviéticos.

Con una lógica similar a la de los nazis, Hausmann usa datos e imprecisiones para hablar de la situación del país que provienen de fuentes abiertamente antichavistas, como medios corporativos y ONGs financiados por instituciones públicas y privadas estadounidenses.

Además, usa estadísticas y números que no tienen soporte en estudio publicado o engavetado alguno. Aquellos datos los vuelve a enumerar en una entrevista que le hiciera CNN el 9 de enero, ya que según los principios de la propaganda de Joseph Goebbels, mano derecha de Hitler, "si una mentira se repite lo suficiente, acaba por convertirse en verdad".

Hausmann resumió su petición a CNN alegando, entre otras cosas, que "no hay proteínas y calorías suficientes para 30 millones de personas en Venezuela", lo cual representa una falacia: el mayor problema que encuentra el consumidor venezolano no es el del abastecimiento sino el alto costo de los productos, consecuencia de una inflación inducida por mecanismos fraudulentos con origen en el exterior: tal es el caso de Dólar Today y las mafias cambiarias de la frontera colombo-venezolana.

También cita un fotorreportaje sensacionalista del New York Times sobre la muerte de niños por supuesta hambruna, y cita a médicos de una veintena de hospitales que aseguran la existencia de un Holodomor venezolano. La propaganda (aunque lo intenta) no logra sustituir la realidad: instituciones como la FAO reconocen que Venezuela tiene un índice de subalimentación "moderadamente baja" (entre 5% y 14,9% de la población), lo cual impide proyectar a Venezuela como un país en "crisis humanitaria".

La referencia al New York Times es paradójica debido al prontuario mediático que carga encima: tanto los señalamientos de EEUU sobre las armas de destrucción masiva en Irak hace una década y media atrás como los ataques químicos en Siria bajo responsabilidad del gobierno de Bashar al-Assad, fueron noticias falsas (fake news) que sirvieron a los intereses invasores de Occidente y fueron apoyadas, sin derecho a réplica, por ese mismo medio estadounidense.

Comparaciones engañosas

Tanto en su artículo para Project Syndicate como en la entrevista a CNN pide que la Asamblea Nacional de mayoría opositora (aún en desacato) haga un impeachment al presidente Nicolás Maduro para destituirlo y nombre un nuevo gobierno con el fin de pedir ayuda militar-humanitaria a EEUU y otros países.

Según Hausmann, todas las otras vías posibles para salir de la crisis en Venezuela son inútiles debido a que "las Fuerzas Armadas (sic) no respetan la voluntad del pueblo".

Y puntualiza que, aunque por el momento geopolítico actual "las intervenciones militares son enteramente extrañas", un cinismo si tomamos en cuenta la situación en Medio Oriente y África en las últimas décadas, su propuesta tiene una urgencia insólita en la historia de la humanidad.

Ante esto, dice a CNN: "¿Qué pasó en Bosnia, en Kosovo? ¿Debió haber una intervención más temprana en Ruanda, antes de que muriera tanta gente? ¿Cuántos venezolanos tienen que morir de hambre, cuántos emigrados al exilio?".

Preguntas que no se corresponden con la realidad si se comparan las situaciones de esos países con el actual venezolano. El difícil cuadro político por el que pasó la extinta Yugoslavia, fabricado por actores externos y determinado por factores internos, culminó en un "bombardeo humanitario" de la OTAN que fue llamado la Guerra de Bosnia por la propaganda occidental, sin embargo fue una masacre de 100 mil personas de diferentes etnias, en su mayoría civiles y que generó más de 1 millón de desplazados, refugiados y exiliados.

Kosovo, por su parte, ahora es una región donde alberga la instalación militar de la OTAN más grande de Europa y mantiene en su seno una red de organizaciones criminales con tentáculos en toda la Unión Europea y otras zonas aledañas de los Balcanes, incluidos grupos yijadistas del Daesh y similares.

La comparación con Ruanda es, por no decir menos, un insulto al lector, a quien se intenta convencer de que una situación de inflación como la que tiene Venezuela es equiparable a una hambruna generalizada, sumada a una guerra civil interna, que acabó con la vida de más de 1 millón de personas. Es innegable los efectos que en la realidad material, en el acceso a medicinas y alimentos, ha tenido la estrategia de asfixia económica y bloqueo financiero contra el país, sin embargo, la misma no es homologable a los traumas sociales que genera una guerra civil ni mucho menos a la desaparición de hasta las más mínimas garantías sociales que permiten el acceso a alimentos, medicinas, seguridad y energía.

Otros ejemplos que toma Hausmann para comparar con Venezuela: la Panamá de Manuel Noriega, que fue invadida por el ejército estadounidense en 1989 (cuyo saldo de muertes alcanzó las 4 mil personas según la Asociación de Familiares de los Caídos), y la Francia ocupada por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial mencionada anteriormente.

Todos los ejemplos son comparaciones imprecisas, engañosas y dirigidas a acumular el expediente mediático sobre Venezuela, con la criminalización del chavismo y el Gobierno de Nicolás Maduro de manera frontal.

Hausmann dice que "la única medida que ha tomado el Gobierno para solventar esta situación (económica y financiera) es quitarle los inventarios a los supermercados", un argumento no basado en los hechos, puesto que el único actor que ha buscado la protección de la población venezolana en cuanto a alimentos y la adquisición de bienes y servicios a precios fuera de los patrones privados es el chavismo.

No es extraño que agentes como Ricardo Hausmann, un operador que trabaja para esa fábrica intelectual de criminales de guerra y sicarios económicos como lo es Harvard, intenten vender como ciertas algunas falacias para acomodar en la discusión mediática un apoyo concreto a la idea de intervención militar con rostro humanitario en Venezuela.

Seguramente veremos más peticiones de invasión a Venezuela de parte de otras luminarias de la oposición venezolana e internacional.

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