JP Morgan manipula el riesgo país cada vez que Venezuela paga su deuda

A medida de que Venezuela y PDVSA cancelan su deuda, el indicador de riesgo país aumenta. Esta es una de las grandes paradojas que rodean el tema de la deuda venezolana, enmarcándola como víctima de recursos de guerra financiera. 

El riesgo país es un indicador que permite evaluar la salud financiera de un país acorde a los compromisos de deuda que ha contraído, es decir, su capacidad o incapacidad de pago. En el caso venezolano es el banco estadounidense JP Morgan el que elabora este índice -denominado EMBI-, enfocado principalmente en los mercados emergentes.

Existen otros indicadores -como el Credit Default Swap, elaborado por el banco alemán Deutsche Bank- que también evalúan la capacidad de pago de un determinado país y el riesgo que tiene para la inversión.

De acuerdo a las puntuaciones del índice (de menor a mayor), la credibilidad financiera, capacidad de pago y salud financiera van variando. La base de cálculo para determinar estos factores es la relación de la deuda externa con el Producto Interno Bruto (PIB), es decir, la capacidad que tiene la economía de erogar los recursos necesarios para hacer frente a los compromisos contraídos por el país, además del pago de deuda en sí.

Sin embargo, una mínima lectura comparada permite visualizar que en lo que respecta a Venezuela, este indicador se maneja con fines políticos. Según el economista Pedro Schneider, quien trabaja para la entidad brasileña Itaú Unibanco, la deuda externa del gigante suramericano está cercana al 80% de su PIB, un factor que causa incertidumbre en la seguridad de sus pagos en el mediano plazo. Schneider, citado por el medio El Cronista, asegura que este salto en la deuda externa se debe a la política de apertura neoliberal del gobierno de Michel Temer.

Para Brasil el indicador de riesgo país se ubica en los 245 puntos, una cifra saludable que ubica al país suramericano como seguro para la inversión y con una altísima certeza de pago de sus compromisos externos.

Según el Fondo Monetario Internacional (FMI), México tiene un nivel de deuda del 51% en relación a su PIB, aproximadamente. Diversos analistas han alertado que si el gobierno de Peña Nieto continúa con su política de endeudamiento extensivo, en los próximos años la deuda mexicana podría aumentar al 100% del PIB. Esto haría de México un país con una deuda impagable, similar a la que actualmente tiene España, Japón o EEUU, donde las tasas de interés de estos bonos se mantienen artificialmente bajos para no agrandar los déficits fiscales.

Para México el indicador de riesgo país es de 186 puntos, cifra que lo coloca como un país menos riesgoso que Brasil y altamente seguro en el pago de su deuda.

Estas puntuaciones dadas a Brasil y México estimulan el flujo de capitales en beneficio de  grupos de poder económicos altamente concentrados, toda vez que la privatización de recursos energéticos y empresas públicas estratégicas ofrecen una oportunidad gigantesca de inversión.

En Venezuela el índice EMBI cambia drásticamente. Según la Cepal, Venezuela tiene una deuda externa que sólo representa el 21,7% de su PIB. Otras estimaciones colocan esta relación un poco por encima, pero siempre en una escala que no supera el 50%, cifra qmucho menor a las de Brasil y México.

JP Morgan es quien decide qué país es riesgoso y cuál no para invertir

Según informó el presidente Nicolás Maduro, desde 2014 hasta 2017 se han cancelado compromisos de deuda externa por un monto aproximado de 70 mil millones de dólares, demostrando la capacidad de pago del país y su salud financiera para seguir erogando los recursos necesarios sin poner en peligro la inversión social y económica.

Para Venezuela el indicador de riesgo país se ubica en los 2.989 puntos, omitiendo que según la propia base de cálculo de JP Morgan, debido a su manejable nivel de deuda con respecto a su PIB, Venezuela debería tener un riesgo país, sino similar, por lo menos inferior al de México y Brasil.

Según el EMBI, Venezuela es el país más riesgoso del mundo para la inversión, por lo que supuestamente estaría comprometida la capacidad de pago de un Estado que ha cumplido con sus compromisos internacionales.

Desde 2014 el riesgo país de Venezuela ha aumentado desde los 1.458 a los 2.989 puntos, toda vez que el Estado venezolano pagaba puntualmente sus obligaciones. Es decir, a cada pago de deuda venezolana sobreviene automáticamente un aumento del riesgo.

El factor determinante que hace realidad esta paradoja es eminentemente político. Las sanciones y bloqueo financiero ejecutados por EEUU mediante su Departamento del Tesoro, a lo que se suma la obstaculización financiera que ejerce desde 2016 la Asamblea Nacional en manos opositoras, ha contribuido enormemente a dibujar a Venezuela como un país inestable, con alta incertidumbre e inseguro a la hora de pagar.

El índice de riesgo país ha sido utilizado como un recurso de guerra financiera para ahuyentar la inversión de Venezuela, en busca de complicar una eventual reestructuración de su deuda como fin último, mientras que en lo cotidiano se restringe el ingreso de divisas y limita la capacidad de recuperación económica del país.

Argumentando que PDVSA no había cancelado los pagos a los tenedores, a finales de 2016 el banco JP Morgan emitió una alerta de default contra Venezuela para destruir su credibilidad financiera. En realidad fue el banco Citibank el responsable de no abonar el dinero a los tenedores, ocasión aprovechada por JP Morgan para generar un clima de incertidumbre y zozobra sobre la deuda venezolana.

Este mismo banco es quien decide qué país es riesgoso y cuál no para invertir. Dado los intereses que tiene en los ingentes recursos energéticos del país y por la política soberana del Estado de utilizar el ingreso petrolero para la inversión social, el riesgo país otorgado a Venezuela confirma el asedio en contra de Venezuela por parte de la crema y nada del capital global. Y ese asedio es político, y se expresa en lo financiero.

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