¡Qué vergüenza esas mujeres de la MUD!

No pasarán,
los venceremos amor no pasarán;
si mañana que irrumpa el otro día
con su fiesta de pájaros y niños…

Hay feminismos para todos los gustos, las mujeres farianas -de las FARC- están dando una pelea, otra más, aclarando el asunto ese de "la ideología de género" argüido por la sedición uribista para descalificar el discurso político de fondo. La paraquera infiltrada, previa estafa plebiscitaria, en la sobrevenida ronda de conversaciones, intenta sabotear los logros que los actores legítimos habían alcanzado para el pueblo colombiano, único protagonista obligado en cualquier guerra y en toda paz.

Uribe se salió con la suya, y a lo Ramos Allup se subió a la batea a enturbiar la paz, e imponer la guerra fratricida que es el negocio transnarconacional del Pentágono. Donald Trump no está con comiquitas, él le apuesta todo a su imperio mediático, a su rol de Big Brother, y a USA maruto del mundo. Hillary también, ella milita en otro feminismo: el de la esposa condescendiente y desprejuiciada que mira hacia otro lado para no darse por enterada de las escabrosas travesuras sexuales, políticas, financieras, de la costilla colonialista.

Hay feminismos para todos los gustos: el fashion de las mujeres de la MUD es el escalón más bajo. El look las describe y les confiere categoría de liderazgo a María Corina Machado, Lilian Tintori, Diana D'Agostino, y otras lideresas fundamentales de esta versión desabrida del feminismo liberal burgués. Emergidas de su propio reality de señorío doméstico sobre niños, mucamas y mascotas; pasaron al reality mediático disfrazadas de amazonas políticas, fascistas para más señales.

Estas señoras de considerable edad, ataviadas para cada ocasión con las prendas adecuadas al estilo Maricori y sus escuálidas rodillas; la "Churra" Tintori con sus doradas y virginales crinejitas renacentistas, para suavizarse el rostro cada vez que el odio de clase se le chorrea y agria su faz de madona engatillada; y no digamos Diana la cazadora de zombis, la que nos pela los dientes cual rotweiller para decirnos sucias a las chavistas y denunciar al PSUV por falta de ideología, disciplina y formación cosmética.

Ese feminismo decadente de doñas empingorotadas que meten la lengua en cosas de hombres cuando les dan permiso, hacen política a la medida de sus esposos, y sueñan ser primera, segunda, y hasta terceras damas para volver a brindar con champaña y petróleo en Miraflores. Ese feminismo marchito esboza el marco cultural que quieren imponernos otra vez, y que no vamos a permitir ni ahora ni nunca.

No han transcurrido en vano 17 revolucionarios años de sucesivas luchas y victorias populares, para que una minúscula tertulia entre señoras sin patria y sin oficio digno, nos distraiga con sus malas artes, con sus encantos de Medusas tropicalizadas, no; esta será la última vez que sus molestos chillidos nos inquieten.

A esas señoras les hacía falta el tatequieto de esta gira del presidente Nicolás Maduro, sus resultados geoestratégicos. La importancia global de su gestión internacional en lo inmediato y a futuro, descompensó a las señoras y a sus ventrílocuos, les repotenció la histeria y ahora hasta van por Su Santidad acusándolo de divisionista, y no sabemos cuál sorpresa guardan enfustanada bajo sus sotanas Arturo Sosa y Baltazar Porras.

La República Bolivariana de Venezuela es mujer, constructora de esta Revolución pacífica pero armada

Es que tanto va el cántaro al río hasta que se rompe, y las mentiras ya no engañan más a los engañados, y los maquillajes se derriten, y los trapos se ajan y los perfumes se ponen rancios. Como será que hasta CNN no termina de asimilar el golpe, se ven desconcertadas sus anclas, tratan de excusar al fallido Chúo y remendarle el capote a Capriles y esgrimir que, sí pero no, los blasfemos irrespetan al Papa, no le paran bolas.

Entretanto la carne de cañón para asar en las guarimbas, en las "Salidas", en las Carmonadas, en los golpes de Estado, se les acaba como se acabó el puntofijismo, y el festín petrolero de AD y Copei para saciar el voraz imperialismo norteamericano. La carne de cañón es festín carroñero y se está volviendo en contra de ellos; ya Ramos Allup lo entendió y los invitó a lamerles el trasero.

En cambio, el feminismo de Chávez no es para todos los gustos, pero sí para todos los pueblos que celebran Patria y Matria y su riqueza simbólica, pero no vamos a hacer teoría de la teoría. La práctica cotidiana de la mujer venezolana en estos tiempos de Revolución Chavista no amerita descripción ni explicación, nada más hay que vivirla cada minuto en las calles de esta República Bolivariana de Venezuela donde todos los niños y las niñas, por primera vez en la historia, van a la escuela, al liceo, a la universidad, sin exclusión alguna y las madres, las hermanas, las hijas, las abuelas, velan y defienden su Revolución.

Este ser mujer de verdad verdad, sin artificios, significa comprender qué carajo es una guerra económica en medio de ella y encararla, y resistir junto al vecino, con la comadre, con la antichavista de allá y el ultra escuálido de acá, y el ni-ni sifrino, y con el montón de cientos de miles, de millones que se movilizan cada vez que la diana llama a madrugar, a sembrar, a estudiar, a decidir; a tomar las calles y poblarlas de este torrente vital irreversiblemente encauzado hacia el socialismo.

Se nombra a una mujer de verdad verdad, cuando se dice Nicolle Pérez, una joven y bella muchacha tachirense, una orgullosa funcionaria policial asesinada por la misoginia fascista, por la cobardía guarimbera de los Leopoldo López y Pérez Venta que andan sueltos por ahí.

Ser mujer de verdad verdad es parirle a la Patria un hijo y llevarle las flores que el pueblo siembra en su memoria histórica, junto a Chávez. Recordar a Robert es recordar por siempre a María, y querer a Zulay y a todas las mujeres aguerridamente pacíficas, que construyen paso a paso y verso a verso esta República cimarrona que no se deja asustar por oligarquías, burguesías, ni decretos imperiales. Eso les escuece, los enardece, les desata ansias patológicas de masacre.

En Haití una niña parida en la tormenta se llama Venezuela, y por el mundo, Chávez sigue su camino incansable recorriendo calles, plazas, museos, bibliotecas, junto a miles y millones de mujeres que en todos los idiomas lo saludan, lo aman, lo bendicen como las venezolanas que en cada nuevo amanecer de esta Patria Bonita, le dedican el tiempo de vivir viviendo en revolución, tiempo de surcos y de cosechas, tiempos duros para guerrear la paz, y tiempos tiernos de dar y recibir lo que con Chávez hemos construido; pero sobre todo este convulsionado hogar que en la galaxia se destaca azul, en el cosmos es menos que un punto, y en su seno nos resguarda a pesar de unos cuántos que durante siglos han pretendido apropiárselo.

No pasarán. Ni aquí ni en todo el universo pasarán, los infanticidas, los hambreadores de pueblos, los saqueadores, los banqueros, los usureros, los farsantes. La MUD no pasará. Lo dicen las mujeres chavistas, lo juran las mujeres socialistas, lo cumplen las mujeres revolucionarias.

La República Bolivariana de Venezuela es mujer, soldada del campo, maestra de Simoncito, enfermera del barrio, médica del CDI, cocinera en todas partes, estudiante en la UBV, música alegre, risa contagiosa, vida.

La República Bolivariana de Venezuela es mujer, constructora de esta Revolución pacífica pero armada con la espada libertaria de Bolívar y el genio intelectual de nuestro amado Veguero barinés.

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