¿Puede Macri volver a ganar unas elecciones presidenciales?

Argentina este domingo se pintó de color amarillo del partido del presidente Mauricio Macri. Se impuso en 14 de los 24 distritos del país y fue la fuerza más votada a nivel nacional con el 40% de los sufragios, frente a una oposición que fue dividida y con su mayor liderazgo, Cristina Fernández de Kirchner, debilitado.

Razones y causas de la victoria

Argentina debe entenderse a partir de la raíz histórica de su sistema de partidos, el cual proviene de la Unión Cívica Radical y el Partido Justicialista. Los dos con las representaciones mayoritarias de la sociedad argentina en elecciones. El primero como expresión de las clases media acomodadas y los ricos argentinos, el segundo por mucho tiempo de los sectores medios bajos y pobres, más allá de sus contradicciones a lo largo de su historia.

Macri al ganar su elección presidencial se apoyó en la estructura de la Unión Cívica Radical. Lo que le permitió en esa elección y estas parlamentarias unir y ampliar una base de votantes de los ricos argentinos, dispersa en varias ofertas electorales en los anteriores gobiernos. Por eso su votación de este domingo, frente a una oposición dividida, se observa con mayor contundencia por nacionalizar su fuerza política y expresar ese 35% y 40% de la sociedad argentina, históricamente identificado con un modelo aspiracional reflejado en ejecutivos de grandes empresas.

El triunfo político de Macri radica en haber cohesionado y ampliado esa base hacia sectores populares con un particular aderezo: la utopía del crecimiento individual a partir de los méritos propios en el mercado, sin una mediación ni regulación del Estado que interfiera en ello. En donde se identifica como molestias las leyes laborales, los derechos sociales y los actores políticos, como Cristina Fernández de Kirchner, que con su supuesta corrupción se oponen a esta utopía de progreso. Concepto que Macri sintetiza como "mafias" que no permiten el avance de Argentina hacia el "primer mundo".

La derrota de Cristina Fernández de Kirchner

La ex presidenta puede ser la principal líder de oposición a Macri. Sin embargo, perdió con el ministro de educación, Esteban Bullrich, que no habló en toda la campaña debido a su mal manejo en los medios de comunicación. Literalmente perdió con un cartón pintado con una votación en Provincia de Buenos Aires, la más densa poblacionalmente, similar a la que llevó a la derrota a su delfín Daniel Scioli en las últimas presidenciales.

Sola no puede romper esa barrera ni unir a todos los factores políticos del país que electoralmente se enfrentan a Macri. De esta forma, es parte de la solución y a su vez parte del problema. Bastante demostrativo de la crisis de ideas y de construcción de política y poder por la que atraviesa el arco opositor a Macri. Sin estrategia ni táctica más allá de una elección para cuidar los lugares propios en el Congreso argentino.

Lo que nos lleva también a las razones y causas de un revés electoral que cristaliza una derrota política. En los términos reales del poder donde el kirchnerismo-peronismo ha retrocedido de forma importante, mientras el macrismo ha avanzado con todo lo que se ha propuesto. Alrededor de esto hay una definición de fondo: la crisis total del progresismo latinoamericano en su aproximación a los problemas de sus naciones.

La protesta social y la denuncia también fueron derrotadas

Dirigentes como Cristina Fernández de Kirchner creyeron que el crecimiento de la conflictividad social por la subida en las tarifas, recortes sociales y aumento de precios repercutiría a su favor. Apostaron a que la calle sustituyera el armado de un dispositivo político que condujera la protesta social para desgastar al gobierno de Macri. Se quedaron en la denuncia en cámaras, y la acusación de no respetar el Estado de Derecho como si estuvieran ante un gobierno que respetase las reglas del juego democrático.

En cambio, el macrismo llevó todos los conflictos políticos al ámbito del desorden para usarlo en función de su agenda y cohesionar su base, anclado en la paz social de los negocios en el día a día de los argentinos. De todas las situaciones sacó una ventaja política e identificó a su contricante como parte de las "mafias" que generan los problemas del país. Y por eso se encuentra en las puertas de un importante recorte de gastos sociales y una reforma laboral, luego de sentar las bases para ello con un plan económico que destruye industrias, empleos y se financia con un endeudamiento de 100 mil millones de dólares.

Para la reforma laboral, por ejemplo, hará elegir a los argentinos y sus sindicatos entre perder su empleo o aceptar la baja de salarios y recorte de derechos. En caso de que no les guste, los dejarán ir a la calle para que se desgasten solos sin un rumbo claro de salida, como una forma de disciplinamiento social para que acepten sus reformas neoliberales. Jugará con la necesidad y la miseria para avanzar hacia sus objetivos políticos, mientras que enfrente posiblemente estén solo las denuncias y las canciones de protestas.

La lección para el progresismo latinoamericano es clara: a los gobiernos como los de Macri se los desgasta y deslegitima, en todas las esferas políticas, sociales y simbólicas, identificando sus puntos débiles con las mismas técnicas modernas de bloqueo del Estado, tantas veces usadas en este tiempo para socavar las bases de los gobiernos progresistas latinoamericanos. Todos puntos desde donde se construye unidad entre los sectores afectados por las políticas de Macri para producir organización en pro de esto.

Si Cristina Fernández de Kirchner, junto a su partido político, no comprende esto, y se encierra en protestas sociales sin acumulación política, Mauricio Macri puede ir a otra elección presidencial y fácilmente ganarla dado su claro entendimiento de la realidad política que lo rodea. En ese sentido, hoy su plan político avanza sin frenos aparentes y se consolida como el producto de derecha más acabado de la región para gobernar un país, en contra de buena parte de la población.

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