Chávez, siempre Chávez

Nos sorprendió a muchos aquella tarde del 4F de 1992, cuando vimos el rostro desconocido de un muchacho cuya expresión de arrojo y ostensible compromiso, se implantó para siempre en la historia de una Venezuela convulsa que tres años antes se había levantado contra el zarpazo que sobre ella ejecutaban el FMI, el Banco Mundial y una clase política subordinada a las pretensiones imperiales.

Con su uniforme militar y boina roja, y un probado sentido de la responsabilidad política de sus acciones, logró sembrar en el imaginario del pueblo una frase emblemática que seis años después cristalizó en su arribo al poder: "Por ahora -proclamó para entonces- no fueron alcanzados los objetivos".

Hugo Chávez, el Comandante Chávez, ese soldado que venía de la inmensidad del llano, de Sabaneta, irrumpió como un actor que habría de transformar la cultura política del país.

Y así empezó esta atrevida, osada y arriesgada apuesta por cambiar la historia de una Venezuela que sólo aparecía en el mundo por su riqueza petrolera y por exhibir el rostro y cuerpo de "las mujeres más lindas del planeta", ambas acepciones creaciones fundadas y reduccionistas acorde a la parafernalia del mercado.

Chávez sorprendió al mundo por liderar una "fracasada" revolución en un lugar "impensable", contra aquella "democracia ejemplar" que mucho gustaba a los grandes centros de poder mundial.

La continuidad de esta historia vivida y sentida por el pueblo está a flor de piel a pesar de los años que ya han pasado, y en tiempo presente, está signada por dificultades inesperadas para algunos, pero de las que siempre el mismo Comandante Chávez se encargó de alertarnos. En ese libro abierto que fue y será en tiempo futuro, nos ilustró, nos dibujó con claridad meridiana, a lo que seríamos sometidos por atrevernos a soñar con ser un país libre y soberano.

Por lo tanto a nadie debe sorprender las arremetidas actuales. Nadie que se diga "chavista" debería estar confundido.

Es el evento de lo que estamos viviendo hoy. No intentamos justificar esta realidad, pero ciertamente -por más errores que busquen argumentar para imputarnos la situación por la que pasamos- es imposible pensar que en tan poco tiempo tendríamos los anticuerpos y las fortalezas necesarias y totales para enfrentar a fuerzas tan infecciosas y poderosas, unidas en un solo objetivo: sacarnos a Chávez del imaginario colectivo. Esa batalla la estamos librando. Ya no sólo en Venezuela, sino en buena parte de los países del mundo y con especial resonancia en toda Latinoamérica.

No hay duda de que saldremos victoriosos y superaremos las dificultades

El chavismo es una fuerza motriz, muy dinámica, que se desarrolla acorde a sus errores, sus aprendizajes y sus victorias, y que además se redimensiona desde todas sus circunstancias. Y los enemigos históricos no han entendido esto a plenitud.

Venezuela es asediada no sólo por las riquezas que todos sabemos que son aún incuantificables, sino también por el "mal ejemplo" que estamos dando al mundo de poder elegir como pueblo nuestro propio destino, por asumirnos a pensar otro modelo de sociedad, por decidir no someternos a las viejas aspiraciones imperiales y sus inercias. Eso, por supuesto, hermanos y hermanas venezolanos, tiene sus costos y un alto nivel de sacrificio.

Se hace necesario volver al "por ahora" del 92, pero convertido en la necesaria paciencia estratégica, "capacidad de aguante" dijera cualquier venezolano de a pie, para tomarlo como aliento y resistir con valentía los tiempos por venir.

Si eso lo entendemos, lo internalizamos y lo llevamos en nuestros tuétanos los que amamos esta patria, por difíciles que sean las circunstancias económicas, no hay duda de que saldremos victoriosos y superaremos las dificultades.

Sobre las circunstancias políticas que nos abordan, tenemos una elección presidencial en ciernes y el presidente Nicolás Maduro es nuestro abanderado. Estos momentos nos convocan a asumir el chavismo y su sentido originario para entender con claridad los destinos nacionales, el camino andado y lo que ha de venir, pues el antichavismo nacional y extranjero intentarán desconocer esta medición electoral. Nuestras encrucijadas nos demandan.

Si algo nos hace bien traer a nuestra a memoria es el 4F como Día de la Dignidad, precisamente por su significado lleno de heroísmo para lograr comprender que, si nos mantenemos en el sendero correcto, las situaciones "por ahora" adversas, que llevan dolor y sufrimiento a nuestro pueblo, serán revertidas para convertir a nuestro país en la patria bonita en la que sus mayorías deciden su destino.

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